Biden y el regreso al multilateralismo

El demócrata dejará atrás la lógica de ‘America first’ y la mentalidad transaccional, renacionalizadora y aislacionista de Donald Trump

Con cada nueva crisis, la frontera entre la política internacional y la doméstica se difumina progresivamente. La pandemia del coronavirus es el ejemplo más claro y reciente. La consecuencia natural de esta tendencia es la creciente politización de los temas internacionales. La campaña electoral norteamericana, por ejemplo, ha hecho de las relaciones con China una cuestión de política interna.

Por lo tanto, cuanto más grado de politización de la agenda internacional, más probabilidades de que las dinámicas de polarización interna afecten a la capacidad de proyección exterior de un determinado país. Esta será una de las características definitorias de la política exterior de la nueva administración de Joe Biden. En cuanto a la presidencia, los resultados electorales dejan un país casi partido por la mitad, con un récord histórico de votos para el candidato demócrata, pero con un aumento de 7 millones de votos para Trump respecto al 2016. La Cámara de Representantes continuará en manos de los demócratas, y el Senado, muy probablemente, de los republicanos.

Internamente esto se traducirá en un margen de maniobra reducido para implementar planes de estímulo ambiciosos, para reformar el Tribunal Supremo o para recuperar la ambición socialdemócrata del Obamacare y otras medidas sociales. La pandemia probablemente obligará a Biden a fomentar medidas de contención más restrictivas. En política exterior, la difícil gobernabilidad interna limitará el esperado giro copernicano respecto a Trump.

Alianzas tradicionales

Biden restaurará las alianzas tradicionales y fomentará el diálogo en el marco de instituciones internacionales, con el objetivo de reformarlas. También dejará atrás la lógica de “ America first” y la mentalidad transaccional, renacionalizadora y aislacionista de Trump. Pero los efectos de la polarización interna y de la politización de la agenda internacional lo forzarán a mirar por el retrovisor a cada paso. Cambios estructurales como la consolidación de un mundo multipolar, donde prevalecen los intereses nacionales, y de China como superpotencia también lo obligarán a hacerlo.

Al inicio del mandato, su agenda multilateral deshará el legado de Trump. Sobre cambio climático, Biden ha prometido volver al Acuerdo de París. La conferencia de Glasgow (COP26) le ofrecerá una primera oportunidad de activismo medioambiental, que irá acompañado, en el mejor de los casos, de órdenes ejecutivas y no de la firma de nuevos tratados, que requerirían la aprobación al Senado. En salud global, Biden puede hacer volver a los Estados Unidos a la OMS y fomentar la cooperación en materia de vacunas o tratamientos.

Mientras tanto, en no proliferación nuclear, Biden revisará la retirada del acuerdo sobre Irán (JCPOA) y se alineará de nuevo con la posición de la Unión Europea. La rivalidad con China seguirá protagonizando las relaciones comerciales, sobre todo en cuanto a las prácticas desleales y la guerra tecnológica, pero Biden puede dar pasos adelante para desbloquear el mecanismo de resolución de disputas de la OMC. En pocas palabras, Biden fomentará la conversación multilateral, pero no podemos esperar de los Estados Unidos una conversión ciega al multilateralismo.

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