CRISIS VENEZOLANA

Juan Guaidó: “Venezuela no vale una vida, pero estamos dispuestos a hacer lo que haga falta”

Entrevista con Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela reconocido por 50 países

Pronto hará cuatro meses que Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de Venezuela y fue reconocido por una cincuentena de países, entre ellos España. Aquellos días de enero parecía que el final del chavismo era inminente y que la anomalía de tener dos presidentes no duraría mucho. Ahora la situación está tan atascada que todo el mundo habla de una intervención militar como la única solución, aunque no se atrevan a verbalizarlo claramente. Después del intento fallido de levantamiento militar del 30 de abril, todavía hay más confusión. Es difícil determinar la gravedad real de las grietas que se evidenciaron dentro del chavismo o si, por el contrario, será la oposición la que pagará cara aquella precipitación. El chavismo ha mandado una ofensiva en múltiples frentes con la persecución de los diputados implicados, el cierre del Parlamento y el relevo en la cúpula de las fuerzas de seguridad responsables de evitar la revuelta militar. Guaidó nos recibe en la sede de su partido, Voluntad Popular, con las persianas bajadas y antes de atender una de sus múltiples reuniones para coordinar su “gobierno legítimo”. El líder opositor aguanta la presión de ver cómo se va deteniendo a personas de su círculo más próximo, pero parece quemado por el papel asumido el 23 de enero.

Después de casi cuatro meses, la situación parece estancada.

Para los venezolanos normales y corrientes la situación hoy es mucho peor porque siguen sin comer y sin medicinas. Pero las fuerzas que hacemos oposición estamos mejor porque ahora estamos más unidas que antes. Hace poco se decía que la oposición estaba dividida, que no tenía fuerza. Hoy estamos fuertes, unidos, tenemos reconocimiento internacional y de la gente.

Pero empiezan a surgir voces que lo critican. ¿Realmente continúa unida la oposición?

Absolutamente. La oposición ha trascendido: de ser una unidad electoral ha pasado a una unidad de causa.

¿Por qué cree que el chavismo no lo ha detenido?

Tiene miedo. De la reacción internacional y de la reacción interna. Si hoy nos detienen a todos, ¿entonces qué hará mañana Maduro?

¿Cree que el régimen está probando su fuerza con la detención de su número dos, Edgar Zambrano, y después irá contra usted?

Más que probar su fuerza, Maduro debe mostrarse fuerte delante de los suyos, que cada vez son menos. Porque ya saben que son minoría.

Si supiera que van a buscarlo, qué escogería: ¿exilio o prisión?

Escogería servir a Venezuela. Como he hecho siempre. Me amenazaron con la prisión cuando estuve de gira por Sudamérica [semanas después de haberse proclamado presidente]. En la televisión, el mismo Maduro dijo que me aprisionaría, me llamó golpista. Pero nosotros seguimos dando la cara.

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar con su causa? ¿Hasta el derrame de sangre?

Hace mucho que decidimos dedicar nuestra vida al servicio público. Nadie quiere que se vierta ni una gota de sangre. Ahora bien, yo derramé mi sangre por Venezuela cuando me dispararon en 2017. No le pediría a nadie que haga aquello que yo no estoy dispuesto a hacer. Venezuela lo vale todo, pero no vale una vida. Es paradójico, porque debemos sacrificar vidas inocentes, aunque lo que queremos es algo justo y noble. Pero estamos muy dispuestos a hacer lo que haga falta.

Ha pedido ayuda al mando sur del ejército de los Estados Unidos. ¿Qué pasa si los Estados Unidos deciden no intervenir militarmente?

Hay alternativas incluso a eso. Tenemos al Grupo de Contacto trabajando, con la participación reciente de China, al Grupo de Lima o iniciativas como la de Noruega.

¿Pero Maduro puede seguir presionando sin la amenaza de una intervención militar de los Estados Unidos?

No hay ninguna razón para que la fuerza tenga que ser internacional. Puede ser interna. Para los venezolanos hay muchas alternativas, y el problema es sólo uno, la dictadura. Para la dictadura no hay alternativas, y los problemas son miles.

En el levantamiento militar del 30 de abril, ¿considera que se precipitó? ¿Se siente engañado?

Para mí no hubo precipitación, sobró tiempo. Se debería haber hecho antes. Es decir, es increíble que las fuerzas armadas hayan esperado a llegar hasta este punto para pronunciarse [con un levantamiento]. Desde el 2018 hay casi 160 militares activos en prisión. Tenemos a los militares en Cúcuta, Christopher Figuera [exdirector del servicio de inteligencia de Maduro hasta aquel día 30, desde entonces en paradero desconocido], Hugo Carvajal [general también exdirector de inteligencia del chavismo que ha dado apoyo a Guaidó], el general de división...

Pero al final el levantamiento fracasó. ¿Cómo se lo explica?

Habrá que buscar más información.

¿Considera que Leopoldo López está mejor ahora, en la embajada española?

Sin duda. Aunque el asilo es otro tipo de prisión, pero ya no está sometido al hostigamiento diario, al bloqueo de las comunicaciones... Si hacen lo que hacen en la embajada, que es territorio diplomático, asediándola con funcionarios [del Sebin] con armas largas, imagínese qué hacían en las prisiones y en los arrestos domiciliarios.

¿Sigue siendo buena su relación?

Sí, mucho. Es el líder fundador de Voluntad Popular y el coordinador del partido en el que milito.

¿Qué piensa del papel de Cuba como apoyo del régimen chavista?

Hubo unos cuantos convenios firmados con Cuba que hablaban de médicos y profesores. Eso escondía todo un tema de inteligencia y contrainteligencia. Hace poco Maduro “se confundió” cuando habló de 500 militares cubanos en una graduación de médicos. No se confundió, están hablando a su público interno. Maduro depende mucho de ellos, no sólo en términos de inteligencia, sino también en términos emocionales, como apoyo, y de estrategia política.

¿Cuba busca su propia salida de la crisis?

La lógica me dice que si ya no tienen el subsidio que tenían, por la vía de los hechos tendrán que retirar a una buena parte de su personal.

¿Qué echa de menos de su vida antes de proclamarse presidente?

Echo de menos la Venezuela normal. Era muy divertida, muy alegre. Querría volver a vivir en aquella Venezuela que ya no existe.

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