Levantar muros, un negocio en auge en Europa

Fabricantes de armas y empresas como Indra, Dragados y Ferrovial erigen las vallas antiimigración

Treinta años después de que los alemanes del Este derribaran el Muro de Berlín, Europa se ha vuelto a llenar de vallas. Desde 1990, los estados de la UE y del espacio Schengen se han construido unos 1.000 kilómetros de muros terrestres, el equivalente a seis Muros de Berlín, para detener la llegada de migrantes y refugiados. La mayoría, en la Europa del Este y los Balcanes. Los últimos que se han levantado son la ampliación en 40 kilómetros de la valla que hay entre Eslovenia y Croacia y la nueva barrera que se ha empezado a construir entre Letonia y Bielorrusia. Los muros, sin embargo, también están en el Mediterráneo: si contabilizamos las operaciones militares marítimas que se llevan a cabo para interceptar migrantes, entonces los muros en Europa suman un total de 4.750 kilómetros.

Las vallas de hoy no son sólo de paredes y alambradas: están equipadas con toda una trama de obstáculos tecnológicos diseñados por la industria militar y de seguridad. Y es que vender armas para las guerras de África y Oriente Próximo es un negocio muy lucrativo, pero aún lo es más si se redondea vendiendo en Europa la tecnología para blindarse de la gente que huye de estas mismas guerras. El lobby de la industria militar y de seguridad es el principal beneficiario de la política de militarización de fronteras, un negocio en alza en la Unión Europea. Y es que para cerrar el paso a los migrantes, la Europa de la austeridad no ahorra recursos: Bruselas invirtió sólo el año pasado 17.500 millones de euros en su blindaje, y los presupuestos para los próximos años prevén un incremento anual del 8 % en este capítulo.

Fabricantes de armas

El informe El negocio de construir muros, publicado esta semana por el Centro Delàs de Estudios por la Paz y la ONG holandesa Stop Wapenhandel, analiza qué ha pasado con los fondos europeos destinados al blindaje fronterizo desde el año 2000. Miles de millones de euros han ido a parar principalmente a los grandes fabricantes de armas europeos. El francés Thales equipa con radares, sensores y drones los barcos de Frontex -la agencia europea de vigilancia fronteriza- y también se ocupa del sistema de seguridad del puerto de Calais, que se ha militarizado para evitar que los migrantes lleguen al Reino Unido.

La italiana Leonardo es el principal proveedor de helicópteros para el control fronterizo y fabrica también drones que patrullan sobre las fronteras terrestres y en el Mediterráneo, dentro de las operaciones Mare Nostrum, Hera y Sofía. En 2017 la firma italiana ganó un contrato de 67,1 millones de euros con la Agencia de Seguridad Marítima Europea para fabricar drones para guardacostas. El gigante armamentista europeo Airbus también ha vendido helicópteros para el control fronterizo en tierra y mar en Bélgica, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Lituania y España.

Mark Akkerman, autor del estudio, alerta: "Es importante mirar más allá de los muros y las vallas de Europa, porque las auténticas barreras contra las migraciones contemporáneas no son las físicas, sino el enorme despliegue tecnológico en forma de sistemas de radares, drones, cámaras de videovigilancia y sistemas de control biométrico ". Thales ha comprado este año Gemalto, una de las principales empresas de seguridad de identidad, que desarrolla sistemas biométricos para identificar los migrantes en las fronteras. También ha comenzado a experimentar el uso de aplicaciones de móvil para monitorear el movimiento de los refugiados lejos de las fronteras europeas, y también pone a prueba pseudosatélites de alta altitud (HAPs), un híbrido entre el satélite y el dron que vuela a unos 300 kilómetros de altitud. Leonardo y Thales han desarrollado conjuntamente el programa Telespazio de satélites para la vigilancia de los movimientos migratorios.

Industria española

La industria española no se queda atrás. Otro de los grandes actores en la guerra de fronteras europea es la empresa de seguridad Indra, a la que los gobiernos españoles han adjudicado entre 2002 y 2018 contratos por valor de 27,26 millones de euros para blindar las vallas de Ceuta y Melilla, y 28,65 millones en el mismo periodo para el Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) para detectar las pateras antes de que se acerquen a las costas españolas. Indra también es uno de los principales beneficiarios de la financiación europea en investigación, como responsable del proyecto Perseus para coordinar las policías de los países a ambos lados del Mediterráneo en el control de la inmigración.

Fuera del complejo militar y de seguridad, también hay empresas del sector de la construcción que se lucran de la Europa fortaleza. Ferrovial se ha adjudicado contratos en el mismo periodo por valor de 20,3 millones de euros por el mantenimiento de las vallas de Ceuta y Melilla. Dragados le va detrás, con adjudicaciones de reparación y mantenimiento de las vallas para 15,2 millones. Y es paradigmático el caso de European Security Fencing, la empresa con sede en Málaga que tiene casi el monopolio europeo en la fabricación de concertinas, los hilados con cuchillas que coronan las vallas de Ceuta Melilla y ahora también las de muchos países de la Europa del Este.

La investigadora Ainhoa Ruiz, del Centro Delàs, reconoce que "estas cifras son a la baja, porque cuesta mucho localizar toda la contratación pública, ya que por más que la información esté disponible no siempre se indica que el contrato está relacionado con la frontera ". Con tanto dinero en juego, esta industria se ha organizado como lobby europeo a través del European Organisation for Security (EOS), que entre 2014 y 2019 hizo hasta 226 reuniones con la Comisión Europea. Ruiz considera que este lobby impone su criterio por encima de la lógica. "La UE se deja asesorar por empresas que buscan un beneficio económico. Y ¿a dónde lleva todo esto? Hemos visto que por mucho que se militaricen las fronteras, la gente no deja de huir. Los muros sólo sirven para hacer el viaje más largo, más peligroso y verterlos más a manos de las mafias, que con más controles tienen más oportunidades de enriquecerse ".

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