Los kurdos de Siria desconfían del acuerdo entre Trump y Erdogan

La "zona segura" en la frontera aleja un inminente ataque turco, pero antecedentes generan inquietud

A golpe de retroexcavadora y bajo la atenta mirada de soldados estadounidenses, trabajadores del autogobierno de facto kurdo del norte de Siria se aprestan a desmantelar las defensas de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) cerca de Ras al-Ain, una población siria de mayoría kurda situada junto a la frontera con Turquía. La retirada de las fortificaciones de las milicias de mayoría kurda y las patrullas fronterizas conjuntas de helicópteros turcos y de los Estados Unidos es la demostración de que la primera fase de la "zona segura" pactada por Ankara y Washington ha comenzado a caminar en el norte de Siria.

"A pesar del acuerdo para la zona segura, el objetivo de Erdogan sigue siendo la destrucción del proyecto democrático que estamos desarrollando aquí en el norte de Siria", destaca Khalil.

A pocos kilómetros de allí, la escena es justo la contraria. Obreros de la administración autónoma kurda construyen búnkeres y túneles sin descanso en la periferia de Qamishli, la capital del Kurdistán sirio (Kurdistán sirio para los kurdos), que de momento ha quedado fuera de esta franja de seguridad. "Nos preparamos no sólo contra una posible ofensiva turca, sino contra cualquier ataque de los actores de la guerra en Siria. Tenemos que estar preparados para defender a la población civil", explica al ARA Kino Gabriel, portavoz de las FDS, la milicia kurdo-árabe aliada de la Coalición Internacional en la Lucha contra el Daesh, a quien Ankara considera una extensión del Partido los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Siria.

En la misma línea de desconfianza hacia las intenciones de Turquía se muestra Aldar Khalil, uno de los políticos kurdos con más peso dentro del autogobierno. "A pesar del acuerdo para la zona segura, el objetivo de Erdogan sigue siendo la destrucción del proyecto democrático que estamos desarrollando aquí en el norte de Siria", destaca Khalil.

"En Afrin aprendimos la lección. Cuando estalló la guerra no había suficientes túneles y fortificaciones preparadas, así que nuestras tropas y los civiles se convirtieron en un blanco fácil de los ataques de la aviación turca", señala el líder kurdo en referencia al enclave kurdosirio ocupado por Ankara y facciones sirias islamistas desde marzo de 2018.

"Zona segura" como mal menor

Después de hacer marcha atrás en la anunciada retirada de sus tropas que han dado apoyo aéreo a los kurdos en los últimos años en la lucha contra el Estado Islámico, la Casa Blanca sigue haciendo complicados equilibrios para mantener buenas relaciones con dos de sus principales aliados en la región, que están enfrentados entre ellos. La "zona segura" es la solución momentánea que Washington parece haber encontrado para realinearse con Turquía, su socio de la OTAN, que en los últimos meses había acelerado la cooperación con el gobierno ruso en la guerra de Siria. El acuerdo parece alejarse, de momento, la posibilidad de un ataque turco contra las posiciones kurdas, aliados de Washington sobre el terreno en el combate contra los yihadistas.

Mientras las negociaciones entre los gobiernos de Recep Tayyip Erdogan y Donald Trump continúan, el centro conjunto de operaciones creado por los dos países ha acordado patrullar conjuntamente un tramo fronterizo de unos 125 kilómetros de largo entre las ciudades sirias de Tel Abiad y Ras al- Ain. A pesar de que se habla de una franja de 5 kilómetros de ancho, las fuentes consultadas afirman que este punto todavía se está discutiendo y que puede variar en función de la zona.

Por su parte, las Unidades Kurdas de Protección Popular (YPG / YPJ), la principal facción de las FDS, han anunciado que se retirarán de esta franja fronteriza y cederán el control a consejos militares locales también fieles al autogobierno. "Su implantación es también una demanda para defender nuestras fronteras septentrionales contra cualquier tipo de ataque, mantener la situación de estabilidad que tenemos ahora y focalizar aún más en la lucha contra el Estado Islámico", subraya Kino Gabriel.

Dudas sobre las patrullas

Los jeques de las tribus árabes de la región que apoyan el autogobierno kurdo también creen que el acuerdo es necesario para evitar un ataque de Turquía, pero su escenario ideal dista mucho de las medidas pactadas. "Nos gustaría la declaración de una zona de exclusión aérea y que quienes patrullan esta franja fueran tropas internacionales de países neutrales como Suecia y Holanda, estados que no tengan antecedentes de ocupaciones de otros países como Estados Unidos y Turquía", indica Hussein al-Sada, jeque de la tribu Bani Sabaa. Nuestra prioridad es el diálogo y la cooperación, pero si nos empujan a un camino que no queremos o el acuerdo se estanca, estamos preparados", declaró el presidente turco, Erdogan, el pasado lunes en la provincia kurdoturca de Mus.

Unas palabras que no han hecho más que reforzar la desconfianza y la preocupación existente entre los habitantes de Kurdistán sirio. Especialmente sensibles se muestran los cristianos después de que su población en la zona de Jazira (el lado más oriental de los tres de la administración kurda autoproclamada) haya disminuido de manera notable desde el estallido de la guerra en Siria en 2011. Se estima que entre 150.000 y 200.000 cristianos han emigrado de esta región principalmente hacia Europa y Estados Unidos, y que sólo quedan unas 100.000 personas. "Si estalla una nueva guerra, será el final para los asirios y toda la población cristiana en la región", asegura contundente Sergon Sliver, un asirio de 50 años residente en Tel Nasri, una pequeña ciudad a orillas del río Khabur.

Una opinión que comparte Athra, una joven de 19 años que milita en la Unión de Mujeres sirias. "Conocemos muy bien al régimen turco y las masacres que perpetró hace un siglo contra los armenios y los cristianos de la región. Un ataque también supondría un serio peligro para los derechos de las mujeres", destaca esta chica de Derik. En la misma ciudad, Rafi Watan, un armenio de 42 años que tiene una tienda de comestibles, también desconfía: "Mi abuelo huyó de lo que hoy es Turquía y llegó a Alepo cuando tenía 5 años. No me gustaría volver a pasar por lo mismo".

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