Mil días de gobierno de May: ¿cómo ha llegado hasta aquí?

En su discurso de investidura obvió Europa pero el Brexit ha sido su piedra en el zapato

Theresa May tira la toalla y abandonará el liderazgo del Partido Conservador y del gobierno del Reino Unido el viernes 7 de junio. "No he sido capaz de hacerlo", ha dicho en una comparecencia ante la residencia oficial del número 10 de Downing Street, en la que ha confirmado los insistentes rumores que circulaban por Londres desde hacía días. El mandato se ha visto marcado por las dificultades por sacar adelante las negociaciones del Brexit y, sobre todo, por la oposición frontal que ha encontrado en sus propias filas.

Han pasado 1.059 días desde que Theresa May asumió el cargo de primera ministra británica después del tsunami del referéndum del Brexit en el que, contra todo pronóstico, ganó la opción de dejar la Unió Europea. Empezaba un mandato lleno de obstáculos y de llamamientos a su dimisión.

Llegada a Downing Street

May llegó al liderazgo tras la dimisión de David Cameron, que se apartó a raíz de la derrota en el referéndum del Brexit. Era el 13 de julio de 2016 y la nueva primera ministra evitó en su primer discurso referirse a Europa, aunque ha terminado siendo el gran tema del mandato y su gran piedra en el zapato. Paradójicamente, la 'premier' había defendido en campaña la opción de quedarse en la Unión Europea, como su antecesor.

Empieza el Brexit

El 28 de marzo de 2017 Theresa May oficializó la puesta en marcha del calendario del divorcio europeo con la firma de la carta oficial en la que informaba a Bruselas de la intención de dejar la UE. Posteriormente, el Reino Unido también hizo oficial la invocación del artículo 50.

Más que un drama personal

El incendio de la Torre Grenfell de Londres, en junio de 2017, tocó de lleno la credibilidad y popularidad de la 'premier', que se vio incapaz de empatizar con el sufrimiento y el dolor de las familias de las víctimas mortales y de los vecinos que lo habían perdido todo. Incluso la reina Isabel II mostró más proximidad con los residentes, de clase baja, que May. 

Negociaciones con Bruselas

El 19 de junio de 2017, los equipos británico y europeo pusieron en marcha conversaciones para intentar encontrar un acuerdo para el Brexit. " Brexit signfica Brexit", había dicho la primera ministra. En el calendario estaba marcado en rojo el 29 de marzo de 2019 como el día D, el día en el que se produciría la salida británica. En el lado británico se sentaba el ministro del Brexit, David Davis, y en el europeo, el francés Michel Barnier, que tenían por delante meses y meses de negociaciones sobre el estatus de los residentes europeos y de los británicos, la frontera con Irlanda o el mantenimiento del Reino Unido en el mercado único, entre otras cuestiones candentes.

Conversaciones y contraconversaciones

No había manera de que las dos delegaciones se pusieran de acuerdo sobre los puntos sensibles. En Londres, May sentía la presión de los propios 'tories', que no dejaban de presionarla porque no veían bien ninguno de los pactos o acercamientos que estaban encima de la mesa. Boris Johnson, la cara más agria de los 'brexiters', era constantemente como una sombra tras May, cada vez más sola. A la Unión Europea le preocupaba que el primer divorcio de un socio rompiera el consenso de los 27 que se quedaban. La primera ministra amenazó en varias ocasiones, a la desesperada, con que si no había acuerdo su país se marcharía igualmente. El Brexit duro.

La dimisión del ministro del Brexit

En julio de 2018, sin el acuerdo firmado, dimitió David Davis, el jefe de la delegación negociadora de Londres y se abrió una nueva crisis en el gobierno de May. No era el único que abandonaba el barco, porque a Davis lo siguieron otros ministros del gabinete 'tory' como el de Exteriores, Boris Johnson –que sonaba para sustituir a una exhausta May, a quien ya le contaban los días que le quedaban de mandato.

Cumbre final

La fumata blanca para el Brexit llegó el 25 de noviembre de 2018, en una cumbre en Bruselas en la que las dos partes firmaron el acuerdo de salida. No obstante, era solo un primer paso, porque a Theresa May le quedaba el duro camino de convencer a su Parlamento.

Una prórroga

La UE rechazó dar más prórrogas o renegociar el acuerdo de noviembre, pero finalmente, para evitar un no acuerdo, aceptó aplazar la salida del Reino Unido. Daba tiempo a May para que encontrara el consenso necesario, a pesar de ser consciente de que la primera ministra ya era un cadáver político, sin ningún control sobre su partido ni su gobierno. Bruselas propuso una nueva fecha: el 31 de octubre de 2019, justo antes de que empiece el mandato de la nueva Comisión Europea y para que los británicos no contaminen las negociaciones para su formación. No obstante, los británicos debían convocar elecciones europeas, un detalle inesperado e indeseado para los 'brexiters'. 

Tres 'no' en el Parlamento británico

May ha intentado tres veces llevar el acuerdo con la Unió Europea a la Cámara de los Comunes, y en todas las votaciones ha perdido por un gran margen de votos. El Brexit no es posible sin el visto bueno de los diputados, así que May se ha dejado humillar y silbar pero, como ha dicho en el anuncio de la dimisión, no lo ha conseguido. Los cuchillos de los 'tories' empezaron a afilarse. Tampoco sabía cómo atraer a los laboristas de Jeremy Corbyn. Sin salida a la vista, May ofreció su cabeza política para conseguir el buscado 'sí' y que el divorcio se produjera de manera organizada. Ni con este sacrificio personal lo ha logrado.

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