CINC ANYS DELS ATEMPTATS A PARÍS

“Ver escenas de guerra en el centro de París traumatizó a la población”

Hoy se cumplen cinco años de los atentados que sacudieron el corazón de la capital francesa

Hace exactamente cinco años una cadena de atentados terroristas sacudían el corazón de París y, de rebote, el de toda Europa. Era la noche del 13 de noviembre de 2015, y un grupo de suicidas del Estado Islámico tirotearon terrazas de bares y restaurantes, se atrincheraron en la sala de conciertos de Bataclan, donde mataron a todos lo que pudieron, y se inmolaron en los alrededores del Stade de France. Murieron 130 personas -una más se suicidó dos años después, incapaz de superar el trauma- y 415 resultaron heridas en la masacre más oscura vivida en el país desde la Segunda Guerra Mundial. Moussa Bourekba es investigador del Cidob y experto en yihadismo.

Esos ataques supusieron un clic.

En cierta medida, sí. Francia acababa de entender que, claramente, era uno de los grandes objetivos del terrorismo yihadista, y que ese extremismo que se había hecho fuerte entre Siria e Irak también amenazaba nuestras vidas. Ver escenas de guerra en el centro de la capital traumatizó a la población en conjunto, también a los políticos. Además, había una diferencia. Hasta entonces, los grandes ataques habían sido contra colectivos concretos: periodistas, policías, comunidades religiosas… Ahora se atentaba indiscriminadamente contra la vida en el centro de París. El shock fue enorme, y todavía dura.

¿Qué recuerda de ese día?

Sentí rabia. Enseguida pensé que haría añicos años de trabajo social, de coexistencia ciudadana, de programas de inclusión, de luchar contra la discriminación… y que la comunidad musulmana pagaría, en parte, las consecuencias. Dies después fui a París y recuerdo que se me heló el alma cuando un amigo me señaló la terraza de un bar del centro. “Justo aquí se inmoló uno de los terroristas”, me dijo.

Francia vuelve a estar en alerta máxima por terrorismo.

El terrorismo yihadista está aquí y lo estará unos años. A veces parece que la amenaza ha desaparecido, pero entonces llega un nuevo ataque y te recuerda que no. Y en Francia esto se multiplica. En primer lugar por la política exterior y la implicación en conflictos como el de Libia, Siria o en varias zonas del Sahel. Y, en segundo lugar, porque en el país hay muchos escenarios fértiles para el radicalismo: población marginada, que ha sufrido racismo o discriminación y que, siendo vulnerable, se puede acabar creyendo la propaganda yihadista.

Después de la decapitación del profesor Samuel Paty, Emmanuel Macron ha subido el tono y ha pronunciado frases como por ejemplo “No pasarán” o “El miedo cambiará de bando”, en referencia al islamismo político.

Cuando hay un atentado, los líderes políticos necesitan demostrar que hacen algo. Evidentemente, lo tienen que hacer. Tienen que ser firmes, tienen que perseguir a los autores, condenarlo y sentenciarlos. Pero aquí hay un problema: la mejor manera de resistir al terrorismo es no reaccionar como los terroristas esperan que reacciones. Además de los daños materiales, el objetivo de cualquier atentado es sembrar miedo y provocar que las autoridades respondan de manera desproporcionada. Y no sé hasta qué punto se están midiendo las consecuencias de estas frases, porque, si no se entienden bien, tienen un poder de estigmatizar muy grande.

En 2015, después de los ataques de París, François Hollande utilizaba un tono similar: “Estamos en guerra”.

Exacto. Y eso fue un error. Declaró la guerra contra el terrorismo. Pero ¿quiénes son los terroristas? Son un enemigo difícil de localizar para los ciudadanos normales y corrientes. Estos mensajes generan controversia y fomentan las sospechas contra los ciudadanos musulmanes. Y, cuando esto pasa, la sociedad se polariza más, y solo beneficia a los radicales.

Esta semana la Unión Europea debatía sobre la necesidad de crear institutos para imanes como medida para frenar el yihadismo.

Está bien que las autoridades conozcan a los imanes de cada comunidad, pero ni los imanes ni las mezquitas son la madre de todos los problemas. Internet o entornos tan inofensivos como los institutos o una pista de fútbol pueden ser escenarios de radicalización. Del mismo modo, no todos los yihadistas son inmigrantes llegados de fuera de Europa: si repasamos los ataques de los últimos años en Francia veremos que la mayoría eran jóvenes que habían nacido o crecido en el país.

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