EL CONFLICTO ENTRE AZERBAIYÁN Y ARMENIA

Los problemas de vivir en un estado no reconocido internacionalmente

Nagorno-Karabaj se autoproclamó república independiente en 1992

Anclado en un limbo geopolítico, sin guerra y sin paz, entre la independencia y el no reconocimiento, las fronteras de Nagorno-Karabaj se dibujan invisibles. Este estado de facto, no reconocido por la comunidad internacional, sobrevive gracias a la cooperación política y económica con Armenia y al dinero de la diáspora de este país. Sus capitales, Ereván (Armenia) y Stepanakert (Karabaj), están conectadas por una espectacular carretera, como si de un cordón umbilical se tratara, por donde llegan todos los bienes y mercancías en el enclave separatista.

Los lazos identitarios con Armenia son tan fuertes que el Karabaj comparte con este país los mismos colores en su bandera nacional, con una única diferencia: una franja blanca en el borde que simboliza el territorio independizado. El territorio autónomo de Nagorno-Karabaj fue creado en tiempo de los soviéticos dentro de las fronteras de Azerbaiyán, aunque vivía allí una mayoría armenia cristiana y una minoría azerí. Cuando la URSS hizo aguas, Nagorno-Karabaj se autoproclamó república independiente, en 1992. Desde entonces ninguna nación del mundo la ha reconocido.

La guerra de Nagorno-Karabaj (1988-1994) entre Azerbaiyán y Armenia provocó un total de 30.000 muertos en los dos bandos, un millón de refugiados y una herida abierta que todavía no ha cicatrizado. 25 años después del alto el fuego, las negociaciones de paz siguen en un punto muerto. Los últimos enfrentamientos, conocidos como “la guerra de los cuatro días”, tuvieron lugar entre el 1 y el 6 de abril de 2016 entre tropas azerbaiyanas y las separatistas del Karabaj. Y en 2017, para olvidarse de su pasado soviético, Nagorno-Karabaj se cambió el nombre y adoptó otro: República de Artsaj.

Sociedad militarizada

De pequeños, los niños en la República de Artsaj aprenden que están en una guerra existencial contra Azerbaiyán y que luchar es para ellos una cuestión de supervivencia. El patriotismo no se basa tanto en defender la patria como en estar a la altura de los que sacrificaron su vida por la independencia de este tosco pedazo de tierra habitado por bosques negros y 150.000 habitantes. Se trata de una sociedad militarizada en la que los adolescentes a los 13 años aprenden en la escuela cómo cargar y descargar un fusil, y a los 15 tienen claro que deben servir a su país y hacen una carrera militar en la academia Kristapor Ivanyan, llamada así en honor al héroe de la independencia.

Stepanakert funciona como cualquier otra capital europea: tiene instituciones, un canal de televisión público, una universidad pública y un aeropuerto internacional. No obstante, cualquier intento de progreso queda limitado a sus fronteras no reconocidas. Artak Beglaryan perdió la vista de pequeño a causa de una mina antipersona. Pero eso no le incapacita para detectar y denunciar violaciones de los derechos humanos en la República de Artsaj. “Nuestros derechos son violados porque no somos un estado reconocido. Por ejemplo, no tenemos derecho a la libertad de movimientos y tenemos problemas con los visados”, explica al ARA el Defensor del Pueblo de la República de Artsaj.

Un aeropuerto sin vuelos

El aeropuerto internacional de Stepanakert se inauguró en 2010, y casi una década después no ha operado ningún vuelo porque el gobierno de Azerbaiyán mantiene cerrado el espacio aéreo sobre este territorio, que reclama sede. “Nuestro aeropuerto se ajusta a los estándares internacionales, tenemos todos los equipos necesarios, pero no funciona por la prohibición de Azerbaiyán”, se lamenta Enrik Ohanyan, director de este aeródromo fantasma. En el hangar hay solo dos pequeños aeroplanos que se utilizan para pasear a turistas sobre las montañas y valles que rodean Stepanakert. Para poder pagar el mantenimiento de la infraestructura, el director ha optado por alquilar parte de los terrenos para cultivos.

La educación y el deporte también son víctimas de este limbo geopolítico donde se sitúa la República de Artsaj. Angélica nunca ha viajado fuera de Stepanakert, pero le gusta aprender idiomas y conocer la cultura de otros países, por eso estudia en la Facultad de Lenguas de la Universidad Estatal de Artsaj, que cuenta con 50 años de historia. Allí hay hasta 2.600 alumnos cuyo título universitario, cuando se licencien, no será válido fuera del territorio de Karabaj. “Somos una generación muy preparada: hablamos armenio, ruso, inglés, francés e incluso alemán, pero tenemos muchos problemas para vivir en un estado no reconocido, porque no podemos estudiar en el extranjero ni mejorar nuestros conocimientos”, lamenta Angélica.

Esperanza en el fútbol

Stepanakert acogerá este año la final de la Copa Mundial de Fútbol de la Conifa (Confederación de Asociaciones de Fútbol Independientes), en la que participan estados no reconocidos. Se prevé que este campeonato internacional inyecte ilusiones e importantes sumas de dinero al turismo de la República de Artsaj. “El torneo de la Conifa es muy importante porque mostraremos al mundo que somos una gran nación y quizás algún país nos reconocerá”, dice esperanzado Aram Kostandyan, mediocampista de la selección nacional. Mientras tanto, la República de Artsaj seguirá adelante con su sueño de ser un estado reconocido por las Naciones Unidas.

El conflicto afecta a la final de la Europa League

El jugador armenio del Arsenal Henrikh Mkhitaryan no pudo jugar la final de la Europa League contra el Chelsea anoche a causa del conflicto entre Azerbaiyán —el país anfitrión— y Armenia por el territorio autónomo de Nagorno-Karabaj. El Arsenal anunció la ausencia del jugador ante la imposibilidad de garantizar su seguridad. El gobierno azerí había declarado: “El jugador puede entrar en el país y le garantizaremos la seguridad si no utiliza el partido para hacer política”. La UEFA, por su parte, afirmó que “respetaba” la decisión del Arsenal.

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