Al menos doce muertos en Nigeria durante unas protestas contra la brutalidad policial

Los jóvenes del país estallan por la falta de perspectivas y el ejército abre fuego indiscriminadamente

Al menos una docena de personas habrían resultado muertas y entre cinco y diez más heridas este martes al atardecer en Lagos, la ciudad más grande de Nigeria y del continente africano, como consecuencia de los disparos indiscriminados de fuerzas del ejército contra grupos de jóvenes. Desafiando el toque de queda de 24 horas impuesto por el gobierno, protestaban desde hacía días contra la brutalidad policial prácticamente endémica en el país a cargo de un grupo especial de operaciones (Escuadra Especial Antirobo , SARS en las siglas en inglés), operativo desde 1992.

Observadores de Amnistía Internacional (AI) han obtenido confirmación del número de víctimas. El 15 de octubre, la oficina de AI de Nigeria ya había denunciado diez durante una primera semana de protestas y "centenares de manifestantes heridos y arrestados".

Tanto el ejército como el gobierno han negado las informaciones del último tiroteo del martes al atardecer, pero las imágenes que se han difundido a través de las redes sociales, y que han recogido medios de información como la CNN, confirman su credibilidad. El asalto armado se habría alargado entre quince y treinta minutos, según los testigos presenciales.

Las fuerzas armadas del país han calificado las informaciones de " fake news", pero medios de información local de reconocido prestigio han rechazado el intento del ejército y las autoridades de esconder los hechos. Ha sido el caso, entre otros, del periodista Ahmad Salkida, jefe del portal HumAngle, que analiza cuestiones sobre inseguridad y conflictos en África. 

Los incidentes se remontan a hace dos semanas. "Desde el 8 de octubre, jóvenes nigerianos han ocupado las calles de las principales ciudades de 21 estados del país, exigiendo no solo el fin de la brutalidad policial sino las ejecuciones extrajudiciales y la extorsión por parte de la Escuadra Especial Antirobo (SARS)", denuncia Amnistía Internacional.

Un asesinato más

El vídeo del asesinato impune de un joven, presuntamente cometido por la policía, es el que desató la oleada de nuevas manifestaciones. Grupos de jóvenes muy bien organizados hicieron viral la protesta #EndSARS. El pasado 11 de octubre una orden presidencial disolvió de forma inmediata la unidad.  

Los testigos presenciales apuntan que hombres uniformados abrieron fuego alrededor de las siete de la tarde en el acomodado barrio de Lekki. Soldados armados hicieron barricadas poco antes del tiroteo, ha informado este miércoles la BBC. "Estaban disparando y avanzaban directamente hacia nosotros. Fue un caos. Alguien recibió un tiro directamente a mi lado y murió al acto", aseguraba uno de los presentes.

La construcción de las barricadas por parte del ejército impidió que las ambulancias llegaran a la zona de las protestas. Otros testigos, citados en este caso por la agencia Reuters, confirmaron que el ejército "disparó hacia la multitud".

A pesar de la disolución oficial de la SARS, los jóvenes no han parado las protestas, que, de hecho, han actuado como medio para que la enorme población joven del país –el 70% de los casi 200 millones de habitantes tienen menos de 30 años– levante la voz y exija reformas en el país más poblado del continente, caracterizado por una mala gobernanza desde su independencia hace 60 años.

Voces como la de la ex candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, o la del futbolista Odion Jude Ighalo, del Manchester United, han acusado al gobierno nigeriano de matar a sus propios ciudadanos. "Me da vergüenza este gobierno", ha dicho en un vídeo publicado en Twitter.

No es la primera vez que se organiza una campaña para la disolución de la SARS. En 2016 ya se había planteado. A lo largo de tres años, el gobierno aseguró en repetidas ocasiones que reformaría la unidad. Pero sin éxito. La orden del pasado 11 de octubre no garantiza, sin embargo, que una fuerza acostumbrada a imponer su ley a sangre y fuego deje las armas. Un estallido más profundo y todavía más indiscriminado de una violencia paramilitar podría ser la consecuencia.  

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