ÀFRICA

El Nobel de la paz etíope, a punto de provocar una guerra civil

El primer ministro, que fue galardonado hace un año, anuncia una ofensiva en una región del país africano

Hace un año el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, ganó el premio Nobel de la paz. La comunidad internacional se lanzó a los brazos del que consideraba el ejemplo de nuevo líder africano. Ahmed tiene 44 años en un continente acostumbrado a líderes ancianos, con una media de edad de 62 años. En tan solo unos meses revolucionó Etiopía. Cuando llegó al poder, legalizó partidos que hasta entonces se habían considerado grupos terroristas, dio la bienvenida a opositores en el exilio y firmó la paz con la vecina Eritrea. Solucionó más de 20 años de conflicto en tres meses. Ahmed parecía el héroe que Etiopía necesitaba, pero dentro de sus fronteras su figura no tuvo nunca el mismo consenso que afuera.

Tan solo un año después de ser reconocido como un hombre de paz, Ahmed ha llevado al país cerca de la guerra civil. El miércoles de madrugada el primer ministro acusó de alta traición por la televisión nacional al Frente Popular de Liberación de Tigré (FPAT), que gobierna la región de Tigré, por haber atacado las bases militares de Mekele y Dansha y haber matado a soldados etíopes. El FAPT no reconoce a Ahmed como líder desde el 5 de octubre, fecha en la que su mandato tendría que haber acabado si se hubieran celebrado elecciones en agosto. Se pospusieron debido al coronavirus. Con todo, el FAPT convocó unas elecciones regionales, que también se tenían que celebrar el mismo día, y ganó ampliamente.

El conflicto entre el gobierno y la región de Tigré no se entiende sin conocer cómo es Etiopía. El país se define como etnofederal y se organiza en diez estados regionales. En total en el país hay 90 etnias reconocidas, pero cuatro son las mayoritarias. La más grande es la oromo, a la cual pertenece el primer ministro Ahmed, que representa a un tercio de los etíopes. En segundo lugar está la amhara, con un 27% de la población, seguida de la somalí y la tigré. Estas últimas comunidades solo son un 6% de la población, pero gobernaban el país hasta que llegó Ahmed.

El Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE) aglutinó a la mayoría de etnias que lucharon contra la dictadura comunista, que fue derribada en 1991. Desde entonces el FDRPE gobernó como un partido único de facto, en el cual los diferentes grupos tenían poder, pero mandaba la etnia tigré, liderada por Meles Zenawi, que dirigió el país hasta su muerte en 2012. Los tigré maniobraron para que su sucesor fuera Hailemariam Desalegn, de la minoría étnica wolayta, pero después de seis años de protestas de los oromo, Ahmed llegó al poder.

Los oromo por fin tenían un primer ministro de su propia etnia, cosa que esperaban que repercutiría en beneficio suyo. La comunidad hacía años que reclamaba que su idioma fuera reconocido como oficial y que la capital, Addis Abeba, formara parte de su estado regional. Sin embargo, Ahmed llegó al poder con un programa unificador. El nuevo primer ministro se propuso dejar atrás el pasado y unir al país por encima del sentimiento étnico. Por eso disolvió el histórico FDRPE y creó el Partido de la Prosperidad, pero la nueva formación generó rechazo por todos lados.

Ahmed sufrió un intento de golpe de estado en junio de 2019 en la región de Amhara. En el ataque murieron el jefe del ejército etíope y el gobernador de la región, considerados los dos cargos más cercanos al primer ministro. Las fuerzas de seguridad nacional asesinaron al jefe de seguridad de la región, el general Asaminew Tsige, a quien acusaban de haber encabezado el golpe de estado. Un año después, el asesinato del cantante y activista oromo Hachalu Hundessa generó protestas entre sus compatriotas. Desde el Frente de Liberación Oromo (FLO) acusan a Ahmed de querer volver al centralismo que caracterizó al país en su era imperial con sus políticas patrióticas. Las etnias minoritarias que se concentran en la región de Naciones del Sur también se sumaron a las críticas y exigieron poder formar su propio estado regional. Ahmed cedió y Sidama se convirtió, después de un referéndum, en la décima región del país. Ahora, sin embargo, otras etnias como la wolayta piden el mismo trato.

El error de Ahmed es intentar imponer un modelo que los etíopes no quieren. Las diferentes comunidades buscan convivir en una federación multiétnica en la que el grueso del poder recaiga en los estados regionales, con un gobierno nacional mínimo. Aun así, Ahmed sigue con su plan de unir el país a la fuerza. El primer ministro ha cortado internet y cualquier conexión en la región de Tigré después de anunciar la ofensiva, igual que hizo en la región de Amhara después del golpe de estado y en Oromo después de las protestas por la muerte del cantante. En lugar de escuchar, Ahmed encamina a Etiopía a una guerra civil.

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