Once profesores se suicidan en Francia en los últimos dos meses

La sobrecarga de trabajo y el comportamiento de algunos niños los lleva a una situación límite

"Hoy, sábado, me he despertado horriblemente cansada, extenuada tras sólo tres semanas de escuela". Así comienza la carta que escribió la directora de una escuela cerca de París antes de suicidarse el 21 de septiembre en el mismo vestíbulo del colegio donde trabajaba. "El trabajo de los directores es agotadora porque siempre hay pequeños problemas que se deben resolver, y eso ocupa todo nuestro tiempo y mucho más del tiempo por el que se nos paga. Al final del día no sabemos muy bien qué hemos hecho ", también decía el texto.

Si bien la historia de esta docente ha marcado la opinión pública en Francia por su violencia, no es un caso único. Desde el inicio de este curso escolar, es decir, en dos meses, 11 profesores se han suicidado en Francia. Durante el curso escolar pasado lo hicieron cincuenta y ocho. Sin embargo, es la primera vez que el ministerio de Educación hace pública la cifra de suicidios, aunque sindicatos como SUD Éducation se lo pedían desde hacía años. "Lo escondían para evitar que hubiera una toma de conciencia del número de suicidios en la enseñanza", denuncia la sindicalista Nara Cladera.

"Hemos conseguido que nos digan las cifras, pero seguiremos contando los muertos", asegura al ARA Alain Brousse, del sindicato UNSA. Desde la asociación L’Autonome de Solidarité Laïque, en defensa también de los enseñantes, explican que desde el inicio de este curso han recibido un aluvión de llamadas de profesores agotados como nunca antes.

Solos y asfixiados de problemas

Profesora desde hacía más de 30 años, Christine Renon -la directora que se suicidó- lamenta en su carta de despedida la falta de apoyo de sus superiores, la soledad en esta profesión, la acumulación de tareas administrativas y la sensación de tener que estar apagando fuegos todos los días. Es una lista de quejas con la que se identifican muchos profesores. "Nos han suprimido las ayudas administrativas desde hace dos años. Esto significa que un director debe dejar la clase que está impartiendo para ir a abrir la puerta al repartidor porque no hay nadie más que lo pueda hacer", ejemplifica Brousse. Los directores de escuela en Francia, con la excepción de los de París, continúan impartiendo clase a pesar de que dirijan un centro.

A la ausencia de personal administrativo se añaden las faltas de respeto por parte del alumnado, pero también de padres y madres. "La imagen del profesorado se ha degradado considerablemente", apunta Brousse. "El lugar que ocupan los niños en la sociedad también ha cambiado", continúa este sindicalista del sur del país, que añade que actualmente en casa los niños son tratados como si fueran reyes.

"Alguna vez algún alumno incluso me ha tratado de puta o se me ha acercado demasiado para darme miedo", confiesa una profesora de historia y francés de un instituto de formación profesional de París. No es una excepción: "Otra vez fue el padre de un alumno el que tuvo una conducta amenazadora porque le había dicho que no estaba satisfecha con el comportamiento de su hijo", sigue explicando la profesora. Otra maestra lamenta que, en su caso, fueron un grupo de padres los que se conjuraron para obligarla a cambiar de escuela. El motivo: era "demasiado severa" con sus hijos de 10 años. "Se aliaron para que los niños se quejaran de mi comportamiento, a pesar de que ellos ya veces provocaban situaciones en las que parecía que mi actitud fuera violenta. Por ejemplo, se ponían delante mío para simular que yo les había empujado  o directamente decían que yo había dicho algo que nunca había dicho", detalla.

Según Brousse, el ministerio no apoya ni acompaña al personal docente en estos casos, una opinión que comparte esta maestra: "La jerarquía siempre quiere estar al lado de los padres para no tener problemas". Los cargos superiores en Educación en Francia tampoco se ocuparon de Jean Willot, un profesor de 57 años que se suicidó en marzo, después de que la madre de un alumno lo hubiera denunciado porque decía que había arañado su hijo. "Cuando Willot supo que lo habían denunciado telefoneó a su inspectora, pero ella le dijo que no podía atenderle hasta el día siguiente". Brousse reconoce que los inspectores también están sobresaturados, pero añade: "Es como decirle a alguien que se está ahogando que le llevarás un salvavidas mañana".

Además de todo esto, el profesorado se queja de que está desbordado por el papeleo. "El ministerio pide cada vez más a los profesores que hagan informes y que llenen análisis para asegurarse de que las reformas que se han instaurado funcionan, un trabajo que va más allá de enseñar". Si bien la jornada laboral estipulada es de 35 horas a la semana, varios docentes consultados aseguran que hacen muchas más. "Algunos días comienzo a las ocho y media de la mañana y salgo del instituto a las siete y media de la tarde", explican, unos horarios que también confirman desde el sindicato UNSA. "Los profesores trabajan unas 40 horas a la semana de media en Francia", asegura Brousse.

Aunque representantes del personal docente y de la cartera de Educación se reunieron hace tres días, desde SUD Éducation lamentan que "el ministro no aporta ninguna solución ante estos suicidios". Los representantes de los docentes proponen medidas como un número de teléfono como el que se propuso a los policías, un cuerpo también muy tocado por los suicidios. De esta manera, los maestros que lo necesitaran podrían hablar con psicólogos o personal especializado en derecho. La respuesta del representante del ministerio fue decir que no tenían "una varita mágica" para evitar casos como el de Christine Renon.

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