El 'Open Arms' rescata en Nochevieja a 169 personas en una barca de madera a la deriva

Entre los náufragos hay cuarenta menores, seis de los cuales tienen menos de 3 años

2021 empieza como había acabado 2020 en el Mediterráneo. El Open Arms rescató ayer, a pocos minutos de la medianoche, una barca de madera a la deriva con 169 personas a bordo. Según ha explicado al ARA la jefa de la misión, Esther Camps, todos los náufragos se encuentran en buen estado de salud y solo tienen que ir con cuidado con una mujer con un embarazo avanzado. Con el amanecer han llegado los cánticos de agradecimiento y las celebraciones de una Nochevieja que ni los náufragos ni la tripulación olvidarán nunca. El barco de rescate, el único de la flota humanitaria operativo actualmente en la zona, se encuentra a unas 60 millas al sur de Lampedusa, pendiente de nuevas alertas de otras embarcaciones en peligro y a la espera de que los gobiernos de Malta o de Italia les autoricen un puerto seguro para desembarcar a la gente, entre la que hay 40 menores, y seis de ellos tienen menos de 3 años.

"El aviso nos llegó de la avioneta de una ONG francesa de pilotos, que vieron una barca de madera a la deriva. Era la una del mediodía y alertamos a todas los autoridades responsables. Como nadie respondió, pusimos rumbo hacia allá", explica al ARA Esther Camps, jefa de la misión. El Open Arms estaba a 30 millas del lugar, como establece su protocolo, y enviaron primero las lanchas rápidas de rescate. Al localizar la barca, una embarcación de pesca que se había quedado a la deriva, los socorristas distribuyeron los chalecos y las mascarillas del protocolo anticovid entre los náufragos y esperaron a que llegara el remolcador. "Esperaron una hora y media tranquilizándoles hasta que llegó la Open", explica Camps. Los rescates nocturnos son siempre más complicados, pero la experiencia de la ONG badalonesa, que ya ha salvado más de 60.000 vidas en los últimos cinco años, les permite hacerlos con la máxima seguridad. Poco antes de la media noche todos estaban sanos y salvos a bordo del barco y los voluntarios todavía tuvieron tiempo de celebrarlo con las campanadas del año nuevo.

La mayoría son eritreos 

Las guerras y desastres del planeta no se paran por Navidad. La mayoría de náufragos –según las primeras impresiones de la tripulación debían llevar poco tiempo en el infierno de Libia– provienen de Eritrea, país sometido a una hermética dictadura donde el servicio militar es obligatorio para hombres y mujeres, y tiene una duración indefinida. También hay 18 personas de Etiopía, que vive estas semanas la ofensiva en la región norteña de Tigre, tres argelinos, nueve egipcios, dos sudaneses, un libio, tres personas de Bangladesh y siete marroquíes que se han jugado la vida en el Mediterráneo central y no en la ruta de las Canarias. Todos salieron de la ciudad libia de Sabratha miércoles por la mañana y han tenido la suerte de poder explicarlo.

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