El mundo supera la barrera negra del millón de muertos por covid-19

España ocupa el cuarto lugar en número de víctimas mortales en relación a la población

La pandemia de coronavirus ha superado finalmente la barrera negra del millón de muertos en todo el mundo, según el recuento de la universidad norteamericana Johns Hopkins. Una cifra claramente subestimada por las dificultades de recuento y que era inimaginable hace nueve meses, cuando, el 31 de diciembre de 2019, China daba la alerta por la aparición de casos de una neumonía atípica en la ciudad de Wuhan.

Una quinta parte de los muertos están en Estados Unidos, que también sigue siendo el país con más positivos confirmados oficialmente, en cifras absolutas, por delante de la India, Brasil y México. Estos cuatro países suman más de la mitad de muertos en todo el planeta. Reino Unido, Italia y Perú continúan la lista de los más afectados, en la que España ocupa el octavo lugar, entre Francia e Irán. Si miramos el número de muertos en relación a la población, Perú, Brasil y Chile son, por este orden, los tres países –de más de un millón de habitantes– donde el coronavirus ha tenido una mortalidad más alta, y en este listado España ocupa la cuarta posición. Seis de los diez estados con más mortalidad están en el continente americano. Las comparaciones entre países son discutibles porque los sistemas de diagnóstico y recuento de casos no son homologables.

Ya hay más de 33 millones de casos positivos en todo el mundo, con los focos en Europa y en todo el continente americano, y, según los datos oficiales, en África la incidencia es muy inferior a la que se temía en un principio, sin que la comunidad científica se ponga de acuerdo sobre cómo un continente con pobrísimas infraestructuras ha conseguido esquivar los peores efectos de la pandemia.

No ha sido suficiente con las medidas de contención y la parada general del mundo durante meses para frenar la transmisión de un coronavirus que, quizás porque forma parte de la misma familia que la gripe, se creyó en los primeros meses de la epidemia que sería fácil de controlar. No ha sido así, y cada vez el covid-19 se esparce con más rapidez. La gran esperanza de poder volver a cierta normalidad se centra en conseguir un tratamiento específico para la infección y en la vacuna. De momento, ni lo uno ni la otra (o las otras) tienen fecha marcada en el calendario, a pesar de que se confía por parte de muchos gobiernos del mundo que las primeras dosis puedan estar listas antes de que acabe el año.

Los resultados para contener la propagación del virus difieren mucho de un país a otro sin que haya una explicación clara. Teóricamente, con un virus nuevo los primeros en sufrir la epidemia tendrían que ser los más golpeados, porque se enfrentan a una amenaza desconocida y porque han tenido menos tiempo para prepararse. Pero no es el caso del covid-19, puesto que China y el conjunto del continente asiático están lidiando bastante bien con la situación, mientras que en Europa y América el virus ha causado estragos.

En un webinar que se celebró este septiembre, Michael Ryan, responsable de emergencias sanitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sugirió tres factores que explicarían por qué algunos estados están sufriendo menos que otros: la preparación, la experiencia y los niveles de cohesión social. "Ha habido una seria falta de inversión para gestionar y mitigar los peligros de nuevas enfermedades infecciosas. Y una gran parte del fracaso global se debe a la preparación, no a la ejecución", dijo. Y puso el ejemplo de un maratón: "Por más que lo quiera y por más que lo intente no acabaré el maratón si no estoy preparado. Por desgracia, no siempre basta con hacer todo lo que puedes".

El segundo factor tiene que ver más con la memoria colectiva de una experiencia parecida: los países que han pasado por otras emergencias sanitarias como la epidemia del síndrome respiratorio agudo grave (SARS) fueron los más rápidos a la hora de reaccionar: recoger datos, interpretarlos y actuar. Tenían la capacidad de tomar decisiones, poner a trabajar a la ciencia y convertirla en política y en acción: "Los países asiáticos están mucho más alerta ante este tipo de virus, que muy pronto desencadena una preocupación en la comunidad". En lugares como Singapur, por ejemplo, se constituyó un equipo interministerial para la epidemia antes de que se hubiera diagnosticado el primer caso en el país. Para el resto del mundo, apuntaba Ryan, "era un concepto remoto y el virus los encontró con la guardia baja".

La tercera clave tiene que ver más con la sociología: porque con un virus que se puede frenar con distanciamiento social, evitando aglomeraciones y con higiene de manos, la clave del éxito es colectiva y no individual. Los países con más cohesión social han combatido el virus con más eficacia, sostiene el responsable de la OMS. "Ante una emergencia sanitaria, ahí donde la gente se siente parte de una comunidad las informaciones se aceptan de manera más positiva y la gente reacciona de manera más sostenible. Pero ahí donde el individuo se ve como la unidad más importante de la sociedad, opuesta a la comunidad, la gente no tiene este sentimiento de responsabilidad, y se pregunta qué es importante para él en lugar de si su comportamiento pone en peligro a los otros", dice Ryan. Para el responsable de la OMS, la conclusión es clara: las sociedades con un alto nivel de cohesión y un sentimiento colectivo están sufriendo menos.

Alerta de la OMS

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha frenado el optimismo y ha subrayado que todavía tendrán que pasar meses para tener la vacuna. Si es así, fácilmente el balance de muertos podría llegar a los dos millones. "La cifra es inimaginable, pero no imposible", apunta Ryan, que añade que "un primer millón de muertos ya es un número terrible y hay que reflexionar sobre lo que hay que hacer ahora, antes de pensar en un segundo millón". 

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