La vacuna de Oxford funciona correctamente y crea gran respuesta inmune

Un nuevo estudio de la Universidad de Bristol demuestra la eficacia de las instrucciones genéticas del prototipo

Investigadors de la Universitat de Bristol habrían demostrado en un estudio publicado este jueves a última hora en ResearchSquare que la vacuna contra el coronavirus que desarrollan el Instituto Jenner de la Universidad de Oxford y la compañía farmacéutica AstraZeneca funciona tal como estaba previsto. Los científicos de la Universidad de Bristol han desarrollado un nuevo método para comprobar si el prototipo –actualmente en fase III e inoculado en voluntarios del Reino Unido, Brasil y Suráfrica, a pesar de que suspendido en los Estados Unidos después de los problemas de seguridad detectados al principio de septiembre– desarrolla inmunidad y actúa en el organismo humano de la manera que se esperaba. Los resultados, aseguran, son muy positivos.

Pero la investigación todavía no ha sido sometida a una revisión de expertos científicos independientes. La información, además, se ha hecho pública poco más de 24 horas después de que el miércoles se conociera que un voluntario de 28 años que participaba en el ensayo en Brasil había muerto. Si bien no se han difundido las causas, tanto AstraZeneca como el Instituto Jenner aseguraron el jueves que el estudio salía adelante y que no había razones para la alarma. En principio, pues, se infería que la víctima habría recibido el placebo y no el prototipo.

A partir del nuevo sistema de evaluación, los investigadores se centraron en medir tanto la frecuencia como la precisión con la que la vacuna copia el uso de las instrucciones genéticas proporcionadas por el equipo de Oxford. Estas instrucciones detallan cómo hacer que la proteína del coronavirus, el SARS-CoV-2 que causa covid-19, entre en el organismo humano disminuida y desencadene una respuesta inmunitaria.

La vacuna de Oxford se elabora tomando el virus del resfriado común (adenovirus) de los chimpancés y eliminando alrededor del 20% de las instrucciones. Eso significa que es imposible que el virus se reproduzca y cause enfermedades en humanos. En condiciones especiales de laboratorio, sin embargo, sí se puede reproducir. Cuando se eliminan las instrucciones genéticas se abre la posibilidad de añadir otras para dejar paso a la espícula de la proteína del SARS-CoV-2. Una vez dentro de una célula humana, las instrucciones genéticas de la proteína de la vacuna se fotocopian muchas veces. En cualquier sistema de vacunación, son estas fotocopias las que se utilizan directamente para producir grandes cantidades de la proteína que acaba entrenando el cuerpo humano a la hora de generar la respuesta inmune.

De acuerdo con uno de los impulsores de la investigación de Bristol, el doctor David Matthews, "el estudio confirma que las instrucciones genéticas que sustentan la vacuna se siguen de manera correcta cuando entran en una célula humana. Hasta ahora la tecnología no había sido capaz de proporcionar una respuesta con tanta claridad. Pero ahora sabemos que la vacuna hace todo lo que esperábamos que haría y eso es una buena noticia en nuestra lucha contra la enfermedad".

La profesora Sarah Gilbert, jefa de la investigación del prototipo de Oxford, ha afirmado que la iniciativa de Bristol es un ejemplo de la "colaboración interdisciplinaria, que utiliza la nueva tecnología para examinar exactamente qué hace la vacuna cuando entra dentro de una célula humana. El estudio confirma que se producen grandes cantidades de proteínas de la espícula del coronavirus con gran precisión, y esto explica muy bien el éxito de la vacuna al inducir una fuerte respuesta inmune".

A pesar de que ya se están evaluando los resultados de la fase III del ensayo clínico, queda bastante camino hasta demostrar que es segura y efectiva para todos los grupos de edad. A mediados o a finales de noviembre son las fechas más probables para que se hagan públicos algunos resultados. No solo los de Oxford, sino también los del estudio sobre la vacuna de Pfizer.

Unos ingresos millonarios

Además del prestigio científico, si la vacuna de Oxford se demuestra finalmente efectiva el beneficio económico para la universidad será enorme. El indirecto es, más o menos, intangible. Pero el directo ya tiene una cifra. Según ha informado The Wall Street Journal, la institución ha negociado una participación del 6% en los derechos de la vacuna. Parte del acuerdo de Oxford con Astrazeneca es que los primeros tres mil millones de dosis se suministren a precio de coste. Sin embargo, es probable que haga falta una dosis anual para reforzar la inmunidad. Esto supondría centenares de millones en ingresos.

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