ELECCIONS

Los Estados Unidos que quedan

Con una pandemia fuera de control y la economía deprimida, estos son algunos de los escenarios que tendrá que gestionar la próxima administración

Una pandemia desbocada

Superados, según números oficiales, los 230.000 muertos y ampliamente los 9 millones de contagiados de covid-19, los Estados Unidos encaran el invierno con una pandemia desbocada, con jornadas que acaban con la oscura cifra de 100.000 nuevos positivos y con más de un millar de muertos diarios. No será fácil canalizar la situación, sea cual sea el candidato que acabe accediendo a la Casa Blanca. Si Donald Trump repite, resulta difícil imaginar que el republicano cambie de posición ante una pandemia que “estamos superando”, tal como él insiste en afirmar. En cambio, si es Joe Biden quien gana, tendrá que hacer frente a la desconfianza hacia la ciencia de millones de ciudadanos, de quienes su rival ha sido un voluntarioso portavoz. El demócrata insiste en que promoverá el uso de la mascarilla, pero no tiene herramientas legales para hacerla obligatoria. Si el republicano consigue el segundo mandato, Anthony Fauci, principal experto en enfermedades infecciosas de la administración, ya puede ir buscándose otro trabajo.

Aislacionismo o regreso al multilateralismo

La resolución de las elecciones de hoy será clave para saber qué papel buscará ocupar la primera potencia en el mapa mundial. Donald Trump se ha aplicado en hacer efectivo el lema “América primero” con el que llegó a la Casa Blanca hace cuatro años. No solo ha roto pactos, como el nuclear con el Irán, sino que ha sido el azote de organismos multinacionales como las propias Naciones Unidas, donde ha cargado contra la globalización, o la OTAN y sus socios, a quienes ha presionado sin tregua para que incrementen el gasto militar. Una presión que ha llevado a Washington a retirar, incluso, parte de los soldados norteamericanos de las bases en Alemania. En el otro lado del tablero de juego, una presidencia de Joe Biden que buscaría restañar heridas con los socios tradicionales de los Estados Unidos, incluida también una Unión Europea despreciada por Trump. El candidato demócrata, de hecho, ha prometido una relación menos amistosa con Kim Jong-un y Vladímir Putin.

Volver a París o vía libre al desastre

Los mecanismos del Acuerdo de París hacen que casualmente los Estados Unidos abandonen el pacto por el clima este mismo 4 de noviembre. Fue una de las promesas de Trump en 2016 y lo ha acabado cumpliendo, para desgracia de científicos y activistas medioambientales de todo el mundo. En términos prácticos, el presidente ha sido un negacionista del cambio climático. A pesar de que en su primer mandato se ha deshecho de más de un centenar de regulaciones de protección verde, el republicano insiste en que sus políticas garantizan “agua limpia y aire limpio”, mientras carga contra París para ponerlo en desventaja competitiva con países como China. Biden, en cambio, promete una transición de modelo energético encaminado a eliminar a medio plazo el uso de combustibles fósiles. Si gana, se verá presionado por el ala más progresista de su partido, promotora del Green New Deal.

Un paro enorme

Trump promete que la economía norteamericana será “fantástica” en 2021, pero la verdad es que la próxima presidencia tendrá que hacer frente a una costosa recuperación. Más de 22 millones de personas reciben en este momento algún tipo de ayuda a la desocupación. El PIB creció a un ritmo anual del 33,1% en el tercer trimestre, el primer repunte económico desde que la pandemia impactó de forma dramática. Pero el repunte tiene algo de artificio: llega después de que cayera a un ritmo del 31,4% en el segundo trimestre, cuando prácticamente se paró la actividad económica para frenar la propagación del virus. El paro bordea el 8% y quedan por recuperar al menos la mitad de puestos de trabajo que se perdieron entre marzo y mayo. Meses de negociaciones fracasadas entre el Congreso y la Casa Blanca han dejado sin estímulo la economía desde finales de julio.

División y rencor

Pase lo que pase finalmente en las urnas, ni el propio Donald Trump parece dispuesto a cerrar las heridas que él ha ayudado a agrandar, ni el discurso de “curar el alma del país” del demócrata Joe Biden promete ser la varilla mágica que acabe con la sociedad de trincheras que evidencia la polarización creciente en los EE.UU. La personalidad del demócrata garantiza, eso sí, una Casa Blanca más cívica y previsible que la de Donald Trump, que nos ha acostumbrado a un discurso incendiario, polémico, sin grises, y casi siempre a golpe de tuit. La crispación es una realidad. Y hay un dato que preocupa: solo en lo que llevamos de 2020, en los Estados Unidos se han vendido 18 millones de armas, según informaciones del diario Washington Post. Un 75% más, por ejemplo, que el año pasado. Los confinamientos por la pandemia y las protestas por el racismo institucional -que se hacen grandes después del asesinato de George Floyd en Mineápolis- han sido los grandes animadores de este proceso, celebrado por el negocio de las armas.

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