“Conozco a gente de 60 años que no había votado nunca y este año votará”

Una Nueva York en plena pandemia se lanza a las urnas en unas elecciones en las que ya han emitido su voto 97 millones de norteamericanos

Cuando entras en un bar de Nueva York te toman la temperatura y te piden el nombre y un teléfono. Si hubiera algún caso positivo de covid en el local te llamarían para identificar contactos. Todavía hay cierta vida en los bares y restaurantes de la Gran Manzana, pero el aforo en el interior está limitado al 25% y, a medida que llega el frío invernal, las mesas del exterior que han salvado muchos negocios hasta ahora dejan de ser una buena estrategia. El 44% de los bares de la ciudad se habían acogido al permiso para instalar mesas en el exterior y mantener así una parte de la clientela. Pero ahora las restricciones por el covid-19 pueden hacer que más de la mitad de los locales de hostelería de la ciudad cierren las puertas por siempre jamás. Lo dice un informe del auditor de Nueva York, figura oficial controlada por el gobierno del estado, que alerta de que 12.000 de los 23.650 bares y restaurantes neoyorquinos están en riesgo de “cierre permanente”. Se perderían 160.000 puestos de trabajo.

Las calles de Nueva York han recuperado un poco de vida y vuelve a haber tráfico, a pesar de que algunas zonas como Harlem todavía están a medio gas. En la avenida Malcolm X casi no hay coches y se ve muy poca gente en la calle, algunos sin mascarilla a pesar de que es obligatoria a partir de los 2 años. Las escuelas todavía no han abierto, y muchas solo dan clase presencial dos días a la semana.

En medio del vacío, hace solo una semana, en el instituto de secundaria Wadleigh, en pleno corazón de Harlem, había una cola de gente que empezaba en la puerta y llegaba hasta la esquina, eso sí, manteniendo la distancia de seguridad. Eran ciudadanos que iban a votar por avanzado en las elecciones que hoy tendrán lugar de forma efectiva en todo el país para escoger al futuro presidente de los Estados Unidos.

“Vengo a votar porque estoy emocionada y porque creo que es imperativo hacerlo en estas elecciones, por mí y por los hijos que pueda tener en un futuro”, dice Ashley Rosario, afroamericana del barrio de solo 23 años. A pesar de que hace cinco que tiene derecho a voto, no había votado nunca porque no le interesa la política, pero este 2020 es diferente. “Conozco a gente de 60 años que no había votado nunca y que este año sí lo hará” para derrotar a Donald Trump, explica. El movimiento Black Lives Matter ha sido decisivo para llamarla a las urnas, y también la gestión de la pandemia, que ha afectado de manera desproporcionada a su comunidad: uno de cada 1.000 norteamericanos negros ha muerto de covid-19 y un 57% de esta población conoce a alguien que ha sido hospitalizado o ha muerto por esta enfermedad, según el Pew Research Center.

El voto inmigrante

También Carlos Garcia, un inmigrante peruano de 50 años y que lleva 15 en el país, estaba haciendo cola en Harlem una semana antes del día de las elecciones para poder depositar su papeleta. “Como inmigrante y como gay hay muchos temas que me preocupan de esta presidencia, sobre todo en materia de derechos civiles y LGTBI, y me da miedo que tengamos que volver a luchar en batallas que ya habíamos ganado”, explica. Pero, además de esto, y además del covid, lo que más le preocupa, dice, es “el abuso de poder” del actual inquilino de la Casa Blanca.

Cuando se abran los colegios, de hecho, ya habrán votado un 71% de los norteamericanos que votaron en 2016. Hasta ahora más de 35 millones de personas han hecho como Ashley y Carlos y han ido a votar físicamente por avanzado, y cerca de 62 millones más han votado por correo. En total, 97 millones de norteamericanos que ya han depositado su voto, cuando en 2016 lo hicieron 139 millones, la cifra más alta que se ha registrado nunca  (255 millones de ciudadanos del país están en edad de votar). Estados como Texas y Hawaii han superado ya incluso el número de votantes de 2016. Por otro lado, se considera que el voto avanzado y el voto por correo podrían beneficiar a Joe Biden, puesto que los seguidores de Trump no tienen ningún problema con las largas colas sin distancia de seguridad de la jornada electoral, pero este también puede ser el motivo por el cual los resultados electorales puedan tardar días en conocerse. El fantasma del covid, una pesadilla en la ciudad que nunca duerme, sobrevuela los comicios y amenaza con convertirlos en los más atípicos de la historia de los EE.UU.

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