ELECCIONS

“He querido votar hoy por si Trump invalida el voto por correo”

Biden hace un último intento de convencer a su Pensilvania natal antes de volver al refugio azul de Delaware

Un referéndum sobre la presidencia de Donald Trump. Así es como definen los demócratas estas elecciones históricas. Pero Joe Biden no se quiso arriesgar el martes a hacer ninguna predicción “por superstición”. El candidato seguía los resultados electorales desde su casa, en Wilmington, con su familia, debido a las restricciones por el covid-19. La pandemia convirtió la de este martes en la noche electoral más atípica de la historia, con un centro de convenciones de Wilmington (Delaware), el Chase Center, preparado para el discurso de Biden y su compañera de ticket, Kamala Harris, pero totalmente blindado. El poco público permitido se tenía que quedar dentro del coche para mantener las distancias, tal como se ha hecho en muchos de los actos de la campaña demócrata.

Con los primeros estados asignados, no había muchas sorpresas más allá de que Florida parecía decantarse hacia Trump por poco, cosa que presagiaba una noche larga.

Con todo, Biden no estuvo encerrado en casa durante la jornada electoral. El candidato demócrata quiso hacer una última visita a su estado natal, Pensilvania, que demuestra que es un estado clave para estas elecciones. “Es bueno volver a casa”, dijo desde Scranton, la ciudad donde nació hace cerca de 78 años y donde vivió hasta los 10, en una región exindustrial tradicionalmente demócrata que hace cuatro años dio la espalda a su partido y votó masivamente a Trump. Ante un centenar de seguidores que gritaban “Queremos a Joe”, Biden volvió a visitar su casa de la infancia, acompañado de dos nietas que no habían estado nunca antes ahí, y habló con la nueva propietaria y amiga suya, Anne Kears. Incluso entró a “ver la cocina” porque le “encanta”. Uno de sus últimos intentos para convencer a los votantes de Pensilvania de que, a pesar de su medio siglo de carrera en Washington, todavía es un vecino humilde y trabajador de Scranton, igual que ellos.

Una ciudad muy azul

Una jornada electoral ajetreada para Biden -que después fue a Filadelfia y por la noche pensaba hacer el discurso de vuelta en Wilmington-, que no tuvo que ir a votar porque ya lo había hecho, acogiéndose al voto por avanzado que habían usado ya 100 millones de norteamericanos cuando abrieron los colegios electorales ayer martes.

En el centro electoral donde Biden votó hace apenas una semana, en medio de Wilmington, no se veían ayer las colas que salían de otros muchos puntos de votación en todo el estado. De hecho, muchos ciudadanos iban todavía a depositar su voto por correo al buzón de la puerta para no tener que hacer cola. Como Samantha López, que, con solo 18 años, estaba “emocionada” de poder votar por primera vez, pero aún así lo hizo en el buzón “para no molestar al resto de gente de la cola dada la situación de covid que tenemos”, decía. Su voto, lo tenía claro, era para Biden, como el de la mayoría de los votantes que salían del centro en este barrio financiero de Wilmington.

En gran parte eran afroamericanos que no habían votado por avanzado, como Bill Banks, que quería hacerlo el día de las elecciones “porque es más empoderador”. Con 50 años, Bill decía que no había faltado ni una sola vez a las urnas pero que hace cuatro años no votó a Hillary Clinton porque “llevaba una mochila demasiado gorda”. En cambio, este año votaría a Biden. También Lisa Casson, una afroamericana que trabaja en el banco Capital One, había querido votar a Biden el mismo día de las elecciones por miedo a que “Trump quiera invalidar el voto por correo para declarar la victoria”.

En una ciudad prácticamente fantasma debido a las restricciones por el covid, los afroamericanos (un 22% de la población del estado) eran mayoritarios ayer en las calles de Wilmington y también en los puntos de votación. Unas 150.000 personas ya habían votado por avanzado, de las más de 400.000 que lo hicieron en 2016 en este pequeño estado de la Costa Este. Los 3 votos electorales de Delaware están claramente pintados de azul. Pero esto no significa que todo el mundo aquí sea pro Biden.

“No apoya a nuestra policía”, reprochaba a Biden una mujer que prefería no dar su nombre y que, de hecho, casi no quería ni hablar. Su marido, en cambio, tenía ganas de hacerlo, a pesar de que tampoco quiso dar su nombre: “Soy un demócrata registrado”, arrancó. ¿Ha votado a Biden, pues? “No”. Salía de depositar su voto en el centro de gente mayor Claymore, en Wilmington, a favor de Donald Trump, a quien también votó hace cuatro años. “Me gusta su política económica y de seguridad; tengo hijos en el cuerpo de policía, y Trump nos cubre más los hombros que Biden”, argumentaba. Una posición que se repite abiertamente en Pensilvania, pero que en Delaware está claramente en minoría, cosa que la pareja parecía tener muy claro.

La otra cara de la moneda: Jenn Johnson, también blanca. Decía que votaba por Biden porque había escogido a Kamala Harris como vicepresidenta. “Es el factor decisivo para mí”, decía esta votante, que “como mujer y miembro de la comunidad LGTBI” creía importantísimo votar contra Trump. Harris, por cierto, hacía ayer un último acto en Michigan, otro de los estados del cinturón de óxido que, con Pensilvania y Wisconsin, son claves para llevarse la victoria este 2020. Jenn pronosticaba “una revolución” e incluso “una guerra civil” si Trump seguía cuatro años más en la Casa Blanca.

De momento las predicciones que hablaban de violencia en los centros de votación no se han cumplido. Pero la polarización política sigue siendo muy evidente, incluso en casa de Biden.

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