ELECCIONS EUA 2020

2020, el año que ha despertado el ‘gigante dormido’ del voto latino

Muchos electores latinoamericanos que antes no se habían registrado para votar participan esta vez en los comicios

“¡Estoy alucinando con el trabajo de la gente para hacer realidad este sueño! ¡Sabía que lo podíamos hacer y apenas estamos empezando! #Luchablue”, escribía Aaron García, un activista pro Joe Biden, a esta periodista cuando los primeros resultados del estado de Arizona empezaban a insinuar la victoria del candidato demócrata.

García forma parte de la organización Lucha, que trabaja por los derechos de la población latina en este estado, que hace frontera con México. Lucha y Arizona son, de hecho, el claro ejemplo de cómo la movilización de la población hispana ha sacudido el mapa político de Washington. Con el 86% de los votos escrutados, el estado declaraba la derrota de Donald Trump, con el 48,1% de los votos, la primera para el partido republicano desde 1996, cuando ganó Bill Clinton.

“Te puedo decir casi con absoluta certeza que Biden debe de su victoria a los latinos sin ni haberlo intentado”, opina el experto en comunicación política Roberto Trad, arriesgándose en el pronóstico, porque todavía no hay suficientes datos como para analizar el comportamiento de los hispanos en estas elecciones y, por lo tanto, para saber si han sido la minoría decisiva.

No se ha acabado el escrutinio, pero el Partido Demócrata ya ha recibido críticas por su falta de esfuerzo para atraer el voto latino en estas presidenciales. “Hay trabajo por hacer”, tuiteaba en este sentido la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez la misma jornada electoral. Y eso que un récord de 32 millones de latinos americanos tenían derecho a participar. Los hispanos, de hecho, son el grupo no blanco más numeroso con derecho de voto, por encima de los afroamericanos. Pero los cuatro años de Donald Trump han sido suficientes para despertar al llamado gigante dormido, el voto latino.

Lucha lleva años llamando a puertas por los barrios de habla hispana del condado de Maricopa, al cual pertenece la capital, Phoenix. Su tarea ha sido sobre todo educar a los ciudadanos en sus derechos políticos. “Es tan sencillo como registrar votantes, pero no se había hecho nunca”, explicaba Alejandra Gómez, otra miembro de la organización, en una entrevista con el ARA pocos días antes de las elecciones. “Los partidos pensaban que no era una buena idea porque creían que les costaría mucho. Además, tenían el estereotipo de que todos los latinos son indocumentados, no votan y no les interesa la política”. Los resultados se están viendo ahora. Expertos en política dan por hecho que este 2020 se superará el récord de participación del 48% en la comunidad latina.

Junto con la ignorancia de los partidos políticos y el trabajo burocrático para registrar votantes, hay un tercer factor que tradicionalmente ha influenciado en la participación hispana en las elecciones. Tiene que ver con la carga que los inmigrantes arrastran de su país de origen y que puede llegar a ser tan importante como su experiencia en el país de acogida. “No creen en el estado porque los ha defraudado a la hora de garantizarles los derechos”, comenta Trad.

Influencia del país de origen

En Arizona tres de cada diez ciudadanos son hispanos y, de estos, el 90% de raíz mexicana. A los miembros de Lucha, por ejemplo, lo que más les pesa es el muro de Donald Trump con México y todo lo que simboliza: el desprecio hacia la población inmigrada, las deportaciones y la falta de una reforma que dé la ciudadanía a todos los indocumentados que viven en el país. Pero en estados como Florida, donde no hay una comunidad hispana dominante, la cosa cambia.

Para el grupo más numeroso, el de los cubanos, el hecho de que Trump haya jugado con la idea de que Biden llevaría a los EE.UU. al socialismo, junto con la mano dura de la Casa Blanca con países como Venezuela, ha hecho efecto. El mismo día de las elecciones se sabía que el presidente había revalidado su victoria en este estado con el 51,2% de los votos, 3,4 puntos más que Biden. El New York Times, de hecho, publicaba que sin el conocido como estado del sol, ahora Trump probablemente tendría la elección perdida.

Socialismo y comunismo son palabras que rápidamente aparecen en las respuestas de cubanoamericanos de Miami cuando les preguntas a quién votarán. Unos señores de más de 70 años que viven en Little Havana lo primero que preguntan a esta periodista cuando les dice que viene de Barcelona es qué pasará en España con Pablo Iglesias.

Little Havana es el barrio cubano por excelencia de la ciudad. En su famosa Calle Ocho, de dos carriles de un solo sentido y con locales de una sola planta, es más probable que se dirijan a ti en castellano que en inglés. Es probable que te ofrezcan un café cubano o un cappuccino y que acabes entrando en un local de puros donde hacen habanos a mano por 10 dólares.

Un taxista de Miami Beach identifica comunismo con todo lo que implique entregar dinero público al ciudadano. “Yo tenía derecho a cobrar los 600 dólares semanales de paro -dice en relación al rescate económico que aprobó el Senado en marzo para hacer frente a la pandemia-, pero preferí seguir trabajando duro, aunque fuera ganando poco, que vivir de lo que me da el estado”. No quiere identificarse porque dice que trabaja para “ricos inteligentes”, como abogados de Nueva York, y otros ricos, como Oprah Winfrey, con residencia en la ciudad. El 55% de los cubanos de Florida votaron por Trump.

Arizona y Florida son dos estados bisagra. Todavía faltan los resultados de Nevada, Pensilvania, Georgia y Carolina del Norte, pero, sea cual sea el próximo inquilino de la Casa Blanca, una de las cuestiones que han puesto sobre la mesa estas elecciones es el peso de la población latina en la política norteamericana. Y su presencia en Washington apenas acaba de empezar.

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