ELECCIONS

Trump y el lento recuento someten a los EE.UU. a una doble agonía

El presidente insiste en un fraude electoral mientras se le esfuman las opciones de ser
reelegido

El presidente de los EEUU, Donald Trump en la Casa Blanca / REUTERS/Carlos Barria

Salvo que Donald Trump sea capaz de probar una conspiración de dimensiones cósmicas, lo que resta es una tensa espera hasta que acabe el recuento y se certifiquen los resultados que le darán a Joe Biden la presidencia. En este escenario, el mandatario actúa como un animal herido, que es cuando son más peligrosos. Políticamente se le está yendo la vida. Sus opciones de mantenerse cuatro años más al frente de Estados Unidos son marginales. Dependen de tantas carambolas que ni siquiera un año tan impredecible y dado a las taquicardias como 2020 parece estar en disposición de concedérselas.

Más importante que su suerte política es que las heridas del presidente corren el riesgo de infectar la estructura institucional estadounidense y, por ende, corroer todavía más la convivencia ciudadana en un país que las urnas han dibujado, una vez más, partido en dos mitades. A estas alturas de su presidencia, a la que todavía le quedan al menos dos meses y medio, a nadie le puede sorprender que, si tiene que arrastrar con él al país, Trump no tendrá escrúpulos en hacerlo.

El presidente se ha aferrado a una especie de profecía autocumplida para clamar la existencia de un fraude electoral de dimensiones colosales que solo él y sus más fieles escuderos dicen haber visto. Arremetió durante meses contra el voto por correo y ahora el recuento de estas papeletas no solo está enterrando sus opciones, sino que está prolongando hasta el infinito la resolución de los comicios con su lentísimo goteo de datos. No es solo culpa de la pandemia, que ha disparado el voto anticipado hasta doblar el de 2016, también de los republicanos, que lucharon y bloquearon con éxito en varios estados la opción de que el recuento de estos sufragios pudiera comenzar antes del día de las elecciones. La agonía autoinfligida de los conservadores les ha llevado a ver cómo días después de la noche electoral Biden se imponía en los estados clave. Por eso Trump insistía en que se detuviera el recuento.

El presidente hizo ayer público un comunicado en el que prometió que “nunca dejaré de luchar por vosotros y por nuestra nación”. Esa lucha, según Trump, es “por la integridad de todo nuestro proceso electoral”, proceso en el que “deben contarse todos los votos legales” mientras “los ilegales no deberían ser recontados”. Una obviedad revestida de lucha épica contra un supuesto fraude al que, esta vez, no hizo referencia. Todo lo contrario que en su única intervención pública desde las elecciones durante la madrugada del viernes, en la que el republicano denunció, sin pruebas, una conspiración demócrata para “robar” las elecciones.

Donald Trump, que no aceptó preguntas, aseguró haber escuchado “historias de terror” que garantizan que habrá “mucho litigio” post-electoral fundamentado en “muchas evidencias”. Si las tenía, se las guardó, porque no sustanció nada. De todo lo que dijo, quizá el “buenas noches” con el que abrió su comparecencia fue lo único que pareció guardar relación con los hechos. Era noche cerrada en Washington cuando Trump pasó a relatar su lista de agravios, plagada de falsedades y distorsiones de la realidad. Se arrancó aseverando que “si se cuentan los votos legales, gané fácilmente”. Se despidió lamentando que “ha habido muchos chanchullos”. Los votos legalmente recontados le dan una amplia victoria a Joe Biden. Los múltiples tejemanejes de los que habló Trump forman, a falta de pruebas, parte del relato de una probable derrota no asumida.

Conspiración Demócrata

Las alegaciones de Donald Trump están tan insustanciadas que incluso algunos periodistas de Fox News, uno de los canales más leales al presidente, apretaban ayer a la presidenta del Partido Republicano, Ronna McDaniel, a la que trataban de hacerle ver la diferencia entre el significado de la palabra fraude y los hechos que denuncia el presidente. “Una cosa es pedir elecciones limpias y otra hablar de fraude”, le aclaró el periodista Bret Baier. Presionada sobre la existencia de pruebas que avalen su retórica, McDaniel rogó “paciencia” para poder probar “muchas irregularidades”.

En su intervención pública, Donald Trump llegó a sugerir que los demócratas “encuentran” votos cuando les hace falta. Una gravísima acusación que trató de encuadrar en una conspiración de la que forman parte los medios de comunicación, las tecnológicas y hasta las empresas de encuestas que están al servicio de un Partido Demócrata que controla la situación incluso donde no tiene control. Hasta en Georgia, estado históricamente republicano y que, al cierre de esta edición, lideraba Joe Biden por 1.153 votos. Trump dijo que, en Georgia, “el aparato de las elecciones está dirigido por demócratas”, pero lo cierto es que tanto el gobernador como el secretario de Estado son de su partido.

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