PANDÈMIA

La inmunidad de grupo no ha llegado a Suecia

El país confiaba evitar una segunda oleada después de haber optado por medidas laxas en primavera

Una imagen del metro de Estocolmo el pasado 4 de diciembre. / JONAS GRATZER / GETTY

"En otoño habrá una segunda oleada, pero Suecia tendrá un nivel alto de inmunidad y el número de casos probablemente será bastante bajo". Esto es lo que previó el epidemiólogo estatal de Suecia, Anders Tegnell, en mayo, en una entrevista al Financial Times, unas palabras que vuelven a coger relevancia ahora ante la evidencia de los errores de cálculo de las autoridades suecas. Hace ya semanas que es innegable que la segunda ola del Covid-19 está afectando a Suecia tanto o más que al resto de países, con una incidencia acumulada que supera los 700 nuevos casos por 100.000 habitantes y que no para de aumentar.

La Agencia Pública de Salud (FHM, por sus siglas en sueco) prevé que siga así hasta cerca de Navidad, cuando se espera el pico de contagios. Ayer se registraron más de 7.300 nuevos positivos y 160 muertes (450 en la última semana), y se llegó a un total de 320.000 contagios y 7.514 muertes desde el inicio de la pandemia en el país escandinavo, unas cifras que la alejan de sus vecinos y que no son tan diferentes de las de España, aunque en Suecia viven poco más de 10 millones de personas. El número de muertes de Suecia en relación a su población multiplica por cinco las de Dinamarca y por diez las de Noruega.

Las autoridades suecas han insistido en que su respuesta contra la epidemia nunca se ha centrado en conseguir la inmunidad de grupo, pero sí admitieron que era una consecuencia deseable de la estrategia que mantener unas medidas poco restrictivas para la población general al intentar proteger a los grupos de riesgo. La FHM previó que Estocolmo tendría un nivel de inmunidad al Covid-19 del 40% a finales de mayo, mientras que el matemático Tom Britton, una de las voces prominentes en primavera sobre los modelos de evolución de la epidemia, elevó esta cifra al 50% y auguró que la capital sueca alcanzaría la inmunidad de grupo antes del verano. La semana pasada reapareció en la televisión pública SVT para hacer una autocrítica. "Fue un cálculo erróneo", dijo, y lo atribuyó a que esperaban que el Covid-19 se comportaría como la gripe. Tegnell también ha dicho que parte de la dificultad para predecir los niveles de inmunidad se debe a que al principio se hicieron "suposiciones falsas" de que había mucha más gente infectada de lo que mostraban las cifras oficiales.

Suecia no empezó a hacer pruebas PCR más o menos masivamente hasta junio, por lo que era imposible saber la incidencia real de la pandemia. Durante la primavera se hacían menos de 30.000 tests semanales, mientras que ahora la cifra está en torno a los 260.000. Este es uno de los argumentos que utiliza la FHM para explicar que el número de contagios diarios registrados sea mucho más elevado. Pero hay muchos otros indicadores que demuestran que la infección está ampliamente extendida.

El termómetro de las UCI

Preocupa también el incremento de los enfermos hospitalizados por covid-19, que ya ha hecho saltar las alarmas en ciertas regiones, que temen un colapso de las unidades de cuidados intensivos (UCI). “Necesitamos ayuda”, avisó esta semana Björn Eriksson, el director de asistencia sanitaria de la región de Estocolmo, que advirtió que el 99% de las camas de las UCI estaban ocupadas (algo más de la mitad por pacientes con covid) y que les falta personal. En todo el país hay 675 camas de UCI (en primavera había más de 1.000, en parte gracias a un hospital de campaña en Estocolmo que no se llegó a usar), de las cuales 527 están ocupados, la mitad con enfermos de covid. Todo ello ha provocado un cambio de tono y de estrategia del gobierno sueco, que ha aumentado las restricciones e insta a todo el mundo a relacionarse sólo con su núcleo de convivencia y a juntarse como máximo en un grupo de ocho.

Además, esta semana ha anunciado una propuesta de ley de emergencia que le daría más poderes para limitar la libertad de movimiento. Por ejemplo, le permitiría cerrar negocios, como restaurantes y centros comerciales, ya que ahora no lo puede hacer. Ahora bien, en caso de salir adelante, la ley no entraría en vigor hasta mediados de marzo de 2021. Lo que sigue sin cambios es el tema de la mascarilla, que no se recomienda alegando que no hay suficientes evidencias científicas sobre su eficacia. Sin embargo, cada vez es más habitual verlas en algunos espacios cerrados, como en el transporte público y los supermercados.

Colaboración entre la vacuna de Oxford y la rusa

La farmacéutica anglo-sueca AstraZeneca iniciará ensayos clínicos para probar la combinación de la vacuna que produce, desarrollada por el Instituto Jenner de la Universidad de Oxford, con la rusa Sputnik V, del instituto Gamaleia. Los ensayos empezarán a finales de año. Rusia pretende producir la nueva vacuna si se demuestra que es efectiva, según informó ayer el fondo soberano ruso RDIF, que ha financiado la investigación de la Sputnik V. La de Oxford y la de Gamaleia son vacunas basadas en el virus del resfriado y, por lo tanto, en principio, son compatibles. La primera todavía no ha recibido ninguna autorización, mientras que la segunda ya se está inyectando.

Por otro lado, las farmacéuticas Sanofi/GSK comunicaron ayer que la vacuna en la que trabajan contra el coronavirus se retrasará al menos un año. La razón que han dado es que la respuesta inmunitaria en personas de más de 50 años no es suficientemente alta. Los resultados provisionales de las fases 1 y 2 demuestran que sí que se consigue inmunidad, pero solo en el grupo de 18-49 años de edad. La UE ha comprado 300 millones de dosis de este prototipo.

En Alemania, máximo número de contagios y muertes

Se acerca Navidad y la situación en Europa se agrava. Alemania registró ayer el número más alto de contagios y muertes desde que empezó la emergencia sanitaria, en el mes de marzo. Hubo 29.875 nuevas infecciones y 598 muertos. En Rusia, las circunstancias son igual de dramáticas: en las últimas 24 horas se notificaron 613 muertes, que elevan el número total a 45.893, con Moscú y San Petersburgo como las dos ciudades más afectadas. Portugal, un país que sufrió una primera oleada de manera muy suave, contabilizó ayer 95 decesos, una cifra que hace aumentar el número total a 5.373. Los contagios también se han disparado, con 5.080 nuevos casos notificados viernes ante los 3.134 positivos de la jornada anterior.

La misma dinámica preocupante también se da en Inglaterra, donde, diez días después de que acabara el segundo confinamiento, las cifras vuelven a experimentar un crecimiento, especialmente en Londres. La próxima semana la ciudad puede entrar en el nivel máximo de restricciones, con el cierre de pubs y restaurantes. Los contagios ayer en el Reino Unido fueron 21.672; las muertes, 424.