Un millón de especies en peligro de extinción por culpa del ser humano

Científicos de la ONU piden un cambio de modelo económico para salvar la vida natural

Más de un millón de especies de animales y plantas están en peligro de extinción por culpa del ser humano, muchas en cuestión de décadas. El ritmo de extinciones es hoy entre decenas y centenares de veces más acelerado que la media de los últimos 10 millones de años. Las causas de esta pérdida de biodiversidad "sin precedentes en la historia de la humanidad" son, en primer lugar, los cambios de uso de la tierra y los océanos (sobre todo por la agricultura y la pesca), serie de la sobreexplotación de recursos, el cambio climático, la polución y, finalmente, el impacto de especies invasoras.

Estas son solo algunas de las principales, y devastadoras, conclusiones del estudio científico más extenso y completo que se ha elaborado jamás sobre la biodiversidad y los ecosistemas de la Tierra, realizado por un cuerpo independiente de 145 científicos de 50 países con la colaboración de 310 autores más. Se trata de la primera evaluación global de la IPBES (siglas en inglés de la  Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas), un organismo independiente creado por la ONU del cual forman parte 130 países, que podría considerarse como un IPCC (el prestigioso cuerpo científico de la ONU para el cambio climático) de la biodiversidad.

Tal como los estudios del IPCC establecieron las bases para la lucha climática global, este informe es un toque de alerta de la comunidad científica, que reclama una "transformación estructural" de los modelos económicos y de consumo globales de los últimos 50 años para poder salvar la vida natural y, de rebote, también la humana, que depende enormemente de los ecosistemas que está destruyendo. Después de seis días de cumbre en París, el pleno de la IPBES aprobó el sábado esta evaluación global —publicada hoy—, que tiene detrás un trabajo de más de tres años de los principales científicos medioambientales del mundo.

"Las tasas de los cambios globales que se han observado en los últimos 50 años no tienen precedentes históricos", explica por correo desde París Lluís Brotons, investigador del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales) que participa en la cumbre. Brotons remarca que "estos impactos tienen la raíz en los incrementos de población, los incrementos de consumo por cápita o los cambios en gobernanza" que han permitido, por ejemplo, un comercio internacional que trastoca los ecosistemas de todo el planeta.

La multitud de datos que recopila el informe es aterradora. "La actividad humana ha reducido en un 30% la integridad de los hábitats terrestres", dice el informe, y esto hace que "más de 500.000 especies terrestres de animales y plantas no tengan hábitat suficiente para sobrevivir a largo plazo —y enfrenten la extinción, muchas en solo décadas— si no se restaura su hábitat".  La abundancia de especies nativas en la mayoría de entornos terrestres se ha reducido, ya hoy en día, un 20%, sobre todo desde 1900.

Otro medio millón de especies afrontan también la extinción en el entorno marino. Un 40% de los anfibios, un tercio de los corales y más de un 33% de los mamíferos marinos están amenazados. Al mismo tiempo, también se estima que están en peligro de extinción un 10% de los insectos, unos animales invertebrados que representan un 75% de los 8 millones de especies animales y vegetales que existen hoy en el planeta.

El ser humano ha provocado la extinción ya de 680 vertebrados desde el año 1500. Más de un 9% de todas las razas de mamíferos domesticados para la agricultura y la alimentación se habían extinguido en 2016, con al menos 1.000 razas más amenazadas.

El impacto del ser humano en la naturaleza es tal que no solo está provocando extinciones sino que también está forzando que muchas especies evolucionen genéticamente mucho más deprisa, en cuestión de años. Esta evolución acelerada, "que está muy reconocida en microbios, virus e insectos que pueblan las plantas, ahora se está observando también en algunas especies de los grupos taxonómicos más grandes, tanto de animales como de plantas, hongos o microorganismos", asegura el estudio.

"La salud de los ecosistemas de los que dependemos nosotros y el resto de especies se está deteriorando más rápidamente que nunca. Estamos erosionando la misma base de nuestras economías, nuestra seguridad alimenticia, nuestra salud y calidad de vida por todo el mundo," alerta desde París al jefe de la IPBES, Robert Watson.

La población mundial se ha duplicado desde 1970 y esto ha conllevado un incremento de la producción agrícola, pesquera, energética y de materiales que, acompañada de un gran desarrollo tecnológico, llega ya a niveles insostenibles para los ecosistemas del planeta. Desde aquel 1970, el valor de la producción agrícola ha crecido un 300%, la tala de árboles ha crecido un 45% a escala global y la extracción de recursos renovables y no renovables se ha duplicado hasta llegar a los 60.000 millones de toneladas anuales.

En consecuencia, un 75%  de los entornos terrestres y un 66% de los entornos marinos han sido alterados de forma severa por la acción del ser humano, unos impactos que han sido menos graves o incluso casi nulos en las zonas gestionadas por pueblos indígenas o poblaciones locales (que hoy ocupan una cuarta parte de la superficie terrestre).

Más de 100 millones de hectáreas de bosque tropical se han perdido entre 1980 y el 2000, principalmente a causa de la ganadería en América Latina y de las plantaciones en el sureste asiático, un 80% de las cuales son de aceite de palma, que se usa tanto para los alimentos como para los cosméticos, productos de limpieza o combustibles.

Unos impactos que, como decía Watson, tienen una repercusión vital en nosotros mismos: la degradación de la tierra ha reducido ya la productividad de un 23% de la superficie terrestre, la pérdida de polinizadores ponen en riesgo 577.000 millones de dólares anuales en cultivos y entre 100 y 300 millones de personas se enfrentan a un creciente riesgo de inundaciones y huracanes a causa de la pérdida de hábitats costeros. Además, una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la agricultura, la fertilización y sobre todo la ganadería.

En el mar, un 33% de los peces se pescan a un ritmo insostenible para sus especies y un 60% se pesca al nivel máximo sostenible, de manera que solo un 7% de los peces se pescan a un ritmo que permite a la especie sobrevivir. Solo un 4% de la superficie oceánica está libre de la acción humana, y más de un 55% es explotada por la pesca industrial.   

Al mismo tiempo, más de la mitad de las emisiones de CO2 son absorbidas por los océanos, y su incremento acidifica el agua de mar y tiene efectos en los ecosistemas, especialmente los corales, que se han reducido a la mitad desde 1870.  

El cambio climático tiene también efectos devastadores en la biodiversidad. Además de los efectos sobre las costas de la subida del nivel del mar, que se calcula de entre 16 y 21 centímetros desde 1900, se estima también que un calentamiento global de 2 ºC (el límite fijado por el Acuerdo de París) pondrá en riesgo de extinción un 5% de especies, mientras que una subida de 4,3 ºC, que es hacia donde nos dirigimos a finales de siglo si no se ponen medidas, amenazaría un 16% de especies.

Y los problemas no acaban ahí. La contaminación por plásticos se ha multiplicado por 10 desde 1980. Y cada año se vierten de 300 a 400 millones de toneladas de metales pesados, disolventes, sustancias tóxicas y otros residuos industriales en las aguas del mundo. Además, la entrada de fertilizantes en los ecosistemas costeros ha creado hasta 400 'zonas muertas' por todos los océanos, que juntas suman 245.000 kilómetros cuadrados, un área mayor que el Reino Unido.

Este estudio es también el primero de este alcance que incorpora los conocimientos indígenas y de comunidades locales en el análisis, y reclama incorporar estos conocimientos en la formulación de políticas más sostenibles. "Sus contribuciones positivas a la sostenibilidad se pueden facilitar a través del reconocimiento nacional de la titularidad de la tierra, el acceso a recursos y derechos de acuerdo con la legislación nacional, la aplicación del libre consentimiento previo y el reparto justo y equitativo de los beneficios que se deriven de los acuerdos de cogestión con las comunidades locales", afirma el informe.

Los científicos de la IPBES concluyen que, con las tendencias actuales, no será posible cumplir con los acuerdos internacionales que protegen el planeta, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para el año 2030, los Objetivos Aichi de Biodiversitat o los Acuerdos de París. El informe reclama un "cambio estructural y fundamental" en los modelos de crecimiento económico y desarrollo. "Este cambio transformativo puede esperar la oposición de los sectores que tienen intereses adquiridos en el statu quo, pero esta oposición se puede vencer por el bien público más amplio", añade.

"Los objetivos establecidos para 2030 y 2050 se podrían llegar a alcanzar en escenarios de cambio transformadores, entendidos como cambios fundamentales del sistema que implican una reorganización de los factores tecnológicos, económicos y sociales y que incluyen cambios en los paradigmas, objetivos y valores predominantes en las sociedades actuales," resume Brotons.

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