PANDÈMIA

Si no quieres ser nazi ponte mascarilla

La extrema derecha domina las manifestaciones contra las medidas en Alemania, pero no todos lo son

Manifestación contra las restricciones aprobadas por el gobierno alemán para luchar contra el covid-19 en Leipzig / OMER MESSINGER / EFE

Hace dos semanas Leipzig protagonizó titulares porque 20.000 personas llenaron el centro de la ciudad sin mascarilla y la manifestación acabó con disturbios. Miércoles, en Berlín, unos cuántos miles se manifestaron contra la aprobación de la ley de infecciones, que blinda legalmente las medidas anticovid, y la policía respondió con cañones de agua. El denominador común entre las dos concentraciones era el rechazo a las decisiones del gobierno de la cancillera Angela Merkel, porque, en opinión de los manifestantes, vulneran derechos fundamentales. Pero las dos protestas también tenían en común el hecho que había gente próxima a la extrema derecha. El discurso extendido entre los medios alemanes es que, quién se manifiesta contra las medidas anticovid, es de ultraderecha. Pero en la calle, igual que en las escuelas o a las asociaciones de vecinos, el perfil de gente que critica las decisiones gubernamentales es más diverso.

Como al menos hasta finales de noviembre, y previsiblemente hasta poco antes de Navidad, está prohibido alojarse en un hotel, me desplazo a Leipzig y me alojo en casa de la amiga de un conocido. “Fui hace dos semanas a la manifestación de Leipzig y miércoles a la de Berlín. Cuando después miré la prensa no entendía nada de lo que nos atribuían: ¡no somos neonazis!”, dice Sylvie Freund, decepcionada. Está acostumbrada a que los antifascistas le reprochen que, quién acepta que a su lado se manifieste un nazi, quiere decir que él mismo también lo es. Sylvie y los compañeros con quienes hace semanas que se manifiesta son una mezcla de veganos y vegetarianos, pacifistas, gente de izquierdas y alemanes del Este que el otoño del 1989 participaron en las manifestaciones antisistema de los lunes en Leipzig que fueron el origen del movimiento ciudadano que acabó provocando la caída del Muro de Berlín. Ayer se volvió a manifestar: esta vez con una cadena de velas y cantando canciones de paz. “Nos están quitando las libertades, y los problemas psicológicos y económicos derivados de las medidas para prevenir el contagio son mucho más graves que la pandemia”, continúa.

“Hace dos semanas llegó un punto en que nos era imposible manifestarnos guardando las distancias de seguridad porque detrás del cordón policial había miles de antifascistas que creaban un tapón y la policía no los obligó a ir más atrás: el resultado fue que estábamos muy cerca y nos acusaron de infringir la normativa”, narra Steffen Queißner, que siempre ha sido votante de izquierdas y que no niega la existencia del covid-19, pero sí critica que las medidas se apliquen de manera generalizada y estándar. “Eliminan el sentido crítico y la capacidad de decisión individual”, denuncia.

Tres manifestaciones

A diferencia de aquel día, ayer las manifestaciones en Leipzig fueron más dispersas y quedaron diferenciadas. La más multitudinaria fue la de los antifascistas, que llenaban con miles de personas la plaza central que el 7 de noviembre había quedado desbordada. Todos traían mascarilla y eran jóvenes, una parte de la población que los medios han criticado acusándolos de no seguir las normas y de celebrar fiestas descontroladas. Esta vez la policía fue ampliando el perímetro de la manifestación para poder garantizar las distancias de seguridad y evitar que se repitieran las aglomeraciones y los enfrentamientos.

“¡Ponte la mascarilla o eres un nazi!”, “Traéis carteles con forma de corazón, pero de este modo matáis a mucha gente”, gritan los antifascistas cuando, dado un momento, se encuentran, primero, con la cadena pacífica anticovid y, después, con otra de las manifestaciones multitudinarias de ayer: la de los neonazis. En esta domina el vestuario de marcas de extrema derecha y ondean banderas del tiempo del káiser, un símbolo de ultraderecha. Reclaman libertad y acusan al gobierno de dictadura. Los que ya están fichados desaparecen en un momento dado escoltados discretamente por la policía. Sajonia, el land al cual pertenece Leipzig, se considera uno de los bastiones de la extrema derecha más radical.

Desacuerdo político

La tensión en la calle se vive también a nivel institucional: cinco horas de reunión entre Merkel y los presidentes regionales esta semana acabaron sin ningún acuerdo sobre las nuevas medidas anticovid. El partido ultra Alternativa para Alemania es quien por ahora mira de llevarse los votos de los que se manifiestan contra las restricciones. Según las encuestas, más del 60% de los alemanes están satisfechos con la política de la cancillera, una cifra inferior a la de hace unos meses. Dentro de menos de un año hay elecciones parlamentarias: Merkel no se presentará y por ahora no hay ningún candidato favorito claro.

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