“Chicos, ¿alguien sabe lo que está haciendo este payaso?”

Trump arrastra a Biden a protagonizar el debate más caótico de la historia

Es difícil decir quién ha ganado el debate porque no ha sido un debate, ha sido una jaula de grillos. En cambio, es mucho más fácil afirmar quién ha perdido el debate: la ciudadanía norteamericana y, de rebote, nosotros, el mundo, detrás. Si todos los actos comunicativos tienen consecuencias y los Estados Unidos todavía conservan la capacidad de marcar la tendencia de la comunicación política en el mundo, nos vamos derechos al desastre, si no es que ya estamos en él: lo de esta madrugada ha sido el cara a cara más sucio de la historia, una hora y media de interrupciones, agresiones verbales y desprecio al contrincante como nunca habían visto los norteamericanos desde el angelical Nixon-Kennedy en blanco y negro de hace 60 años.

El debate se ha jugado en el terreno que ha querido Trump, porque ha arrastrado por el barro de la discordia a un moderador incapaz (Chris Wallace, Fox News), que por un momento ha parecido que se echaba a llorar, y a un contrincante de la vieja escuela. Trump ha oficiado de macho alfa porque él es así y porque esta era la estrategia que más le convenía: a diferencia de hace cuatro años, Trump es ahora el presidente y tiene demasiados desastres en el armario como para dejar que se hable, y por eso desde el primer minuto ha ido a buscar que Biden no pudiera acabar ninguna frase, que acabara como un viejecito amedrentado ante el más fuerte de la clase, ha mostrado más energía y mala leche, con tonos amenazantes para decir frases como por ejemplo: “No uses la palabra smart ante mí, Joe”.

Esto no quiere decir que Biden haya desaparecido. El aspirante sabe poner cara de digno. Y, de hecho, son suyas las frases por las cuales este debate pasará a la historia: "Chicos, ¿alguien sabe lo que está haciendo este payaso?", "Usted es el peor presidente que América ha tenido nunca", "No vengo a decir aquí que es un mentiroso porque todo el mundo sabe que es un mentiroso", "¿Os creéis por un momento lo que está diciendo? Si sabía en febrero que el coronavirus sería mortal y no os lo dijo" y "¡Sigue gritando, hombre!", esta última frase pronunciada haciéndole el gesto de eres un bocazas. Biden ha sabido sonreír, ha mirado a la cámara para establecer contacto visual directo con el votante y hablarle de sus problemas. Pero ha parecido menos enérgico y no ha sabido poner a Trump en ningún compromiso. Y los dos han contribuido a la misma imagen en la pantalla: un país pendiente de dos hombres mayores, blancos, exponentes de una América que es más joven y más mestiza. Trump no ha condenado el supremacismo blanco y ha desviado de forma poco convincente si es cierto que un año pagó 750 dólares en el impuesto de la renta.

Si una presidencia es un tono y si la comunicación política son las formas más que la sustancia, lo que hemos tenido esta noche es un combate y no un debate, entre un púgil situado en el centro del escenario con cara de fastidiado que se peleaba incluso con el moderador y un peso mediano que bastante ha hecho con no caer en la provocación, acordarse de sonreír para no llorar y mirar a la cámara a menudo para dirigirse directamente a los votantes. Hasta que Berlusconi o Trump llegaron al poder, un político que se comportara sin ninguna educación ni ingenio merecía la reprobación pública y no tenía ninguna posibilidad. Pero en 2020 la comunicación política ha adoptado las formas de Twitter, en que lo que cuenta son los bofetones, no las ideas. De un presidente que se levanta por la mañana e insulta por las redes no podíamos esperar un debate respetuoso, ¿verdad?

"Eres el peor presidente que América ha tenido nunca", "Y tú te graduaste con las notas más bajas de la clase". El debate de esta madrugada ha certificado la defunción del fair play, del sentido del humor, del respeto personal al contrincante y al espectador. Normal: ¿dónde quedan los atributos que hacen de la política un servicio público si el último bloque del debate a la presidencia de la democracia más antigua del mundo estaba dedicado a contestar la pregunta: "¿Respetará usted el resultado de las elecciones?"?

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