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La recuperación económica de Biden

El demócrata ya trabaja con sindicatos y empresarios en su plan para reavivar la economía mientras Donald Trump sigue negando en Twitter la derrota electoral

Joe Biden se presentó a la presidencia con el pedigrí de ser un candidato capaz de conseguir consensos entre demócratas y republicanos. Ayer el presidente electo dio un paso más allá y celebró haber sido capaz de reunir en la misma mesa a empresarios y sindicatos, una reunión -virtual, eso sí- que encabezó justo antes de comparecer ante los medios.

Durante su discurso, Biden pareció incluso maravillado por el hecho de que líderes sindicales y empresarios de General Motors y Microsoft hablaran y llegaran, como mínimo, a coincidir en el hecho de que, para que la economía vuelva a funcionar, “necesitamos tener el virus bajo control”. Un mensaje diametralmente opuesto al de la Casa Blanca de Donald Trump, que insiste en el retorno a la normalidad laboral mientras el virus sigue campando libremente por los Estados Unidos. “Nos encaminamos hacia un invierno muy oscuro”, advirtió el demócrata. “Las cosas se pondrán mucho más negras antes de mejorar”, añadió, consciente de las cifras récord de los últimos días en el país. Y si, además, Trump se niega a colaborar con él para gestionar la pandemia durante el proceso de transición, Biden ya predijo que “podría morir más gente”.

Sin concretar más detalles sobre qué se discutió durante la reunión previa, Joe Biden dio algunas pinceladas de su futuro plan económico. “Todos estamos de acuerdo en los objetivos comunes, [aunque] tenemos perspectivas ligeramente diferentes”, advirtió. La recuperación del peso sindical, cada vez más diezmado en los Estados Unidos, fue uno de los mensajes económicos recurrentes del demócrata durante su campaña. Biden insistió ayer noche en la necesidad de reforzar los sindicatos, a los cuales se comprometió a invitar, junto a organizaciones medioambientales, a cada negociación de tratados comerciales.

El demócrata anunció también la creación de “millones de puestos de trabajo bien pagados” y la aprobación de la subida del salario mínimo a 15 dólares la hora a nivel federal. “Respetaremos la dignidad del trabajo y empoderaremos la voz de los trabajadores”, subrayó, antes de prometer que su administración no trabajará con compañías “que no fabriquen sus productos aquí”. Su particular America first. Y es que Biden heredará una economía que se ha mostrado más resiliente a la crisis de lo que muchos expertos habían anticipado con la irrupción de la pandemia, pero en la que millones de norteamericanos siguen dependiendo del paro. Con el Congreso incapaz de llegar a un acuerdo desde que en julio se agotaron las ayudas extraordinarias a pequeñas y medianas empresas, así como el complemento del gobierno federal a las ayudas a la desocupación que gestionan los estados, Biden insistió ayer en la necesidad de que en Washington se pongan de acuerdo inmediatamente.

Sin ayudas, el deterioro de la situación puede hacer más difícil el trabajo de recuperación económica de su administración. El presidente electo alertó de que si no hay dinero extra para los estados, trabajadores esenciales como policías o bomberos podrían ir a la calle.

Retirada de tropas

Mientras Joe Biden y Kamala Harris siguen desglosando sus planes de gobierno, el presidente saliente, Trump, pulsa el acelerador para intentar acercarse al desempeño de algunas de sus promesas durante la campaña de 2016. Según varios medios norteamericanos, la Casa Blanca ha ordenado al Pentágono que en enero retire a la mitad de las tropas que mantiene desplazadas en Afganistán, además de una reducción de 500 efectivos en Irak. Tanto en un país como en el otro quedarían sobre el terreno unos 2.500 soldados. En caso de que se materializara la decisión -que la cúpula militar considera prematura- quedaría igualmente por debajo de la promesa del republicano de retirarse completamente de Afganistán.

Y mientras tanto, Trump sigue atacando el resultado electoral y negando la victoria de Biden. Ayer no solo volvió a escribir en Twitter que ha ganado las elecciones del 3 de noviembre, sino que dedicó parte de la jornada a difundir informaciones sobre un presunto fraude que su equipo de abogados es incapaz de probar ante los jueces. A pesar de que la mayoría del Partido Republicano apoya la pataleta del presidente, ayer su asesor de Seguridad Nacional, Robert O’Brien, afirmó que habrá una “transición profesional” entre administraciones. “Puede ser que tengamos desacuerdos en políticas, pero si se determina que el ticket Biden-Harris es el ganador, y parece ahora mismo que será así, tendremos una transición profesional”. Al cierre de esta edición, O’Brien mantenía su cargo.

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