Una jugada maestra

El PSOE, que estaba fuera de los radares, se ha convertido en el que marca el paso a los demás

Una vez que se hizo pública la sentencia de la Audiencia Nacional el 24 de mayo sobre el caso Gürtel, todos los partidos entendieron que ya nada sería igual. Todos, incluido el PP, aunque este último pretendiera disimular, se dieron cuenta de que la permanencia de Mariano Rajoy en la presidencia del gobierno se había hecho imposible.

Cómo conseguir el desalojo de Mariano Rajoy de la Moncloa se convertía súbitamente en la única cuestión políticamente relevante. Todo lo demás quedaba relegado a un segundo o quinto plano. El éxito o el fracaso sería para el partido que fuera capaz de diseñar la estrategia apropiada para conseguir dicho objetivo.

Y aquí es donde Pedro Sánchez tuvo una intuición genial. Intuyó que el éxito únicamente era posible mediante la confluencia de dos coincidencias negativas, una primera dirigida contra la corrupción y otra segunda dirigida contra el adelanto electoral. No a la corrupción, que era un no a Mariano Rajoy. No a las elecciones anticipadas, que era un no a Rivera.

Con su propuesta de moción de censura desvinculada de la convocatoria inmediata de elecciones, Pedro Sánchez conseguía matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, aislaba al presidente del gobierno, haciendo coincidir a prácticamente todo el arco parlamentario en la censura de la corrupción, garantizándose con ello la mayoría absoluta necesaria para el éxito de la moción de censura incluso sin contar con Ciudadanos. Por otro, conseguía esa coincidencia porque la mayoría de los partidos, con la única excepción de Ciudadanos, no están interesados en la convocatoria inmediata de elecciones.

A Rivera se le podrá recordar que votó contra la censura de Rajoy. Y tendrá que dar explicaciones

Mediante la primera coincidencia se conseguía la censura de Mariano Rajoy, haciendo irrelevante el concurso de Ciudadanos para ello, con lo que se lo dejaba, además, fuera de la operación de regeneración democrática más importante de lo que va de siglo. Un partido como Ciudadanos que ha hecho de la regeneración de la democracia una de sus señas de identidad votaba contra la moción de censura contra el presidente más corrupto de la historia de la democracia. A Rivera se le podrá recordar en el futuro que votó contra la censura de Mariano Rajoy. Y tendrá que dar explicaciones. Y en política cuando alguien se ve obligado a dar explicaciones, las cosas se le ponen muy difíciles. Pues una cosa es explicar lo que uno hace y otra muy distinta verse obligado a dar explicaciones.

Mediante la segunda se conseguía empujar a Ciudadanos a una posición de choque frontal con el gobierno que constituya Pedro Sánchez tras el triunfo de la moción de censura, haciéndolo coincidir con el PP en dicha tarea. Ciudadanos/PP va a ser la pareja de baile en la oposición al gobierno de Pedro Sánchez. La compañía no puede ser más molesta, sobre todo porque al PP le van a seguir lloviendo las decisiones judiciales por corrupción.

El movimiento envolvente del PP en un primer momento y de Ciudadanos en el segundo no ha podido ser más brillante. Ha desconcertado a los dos. Un partido como el PSOE, que estaba fuera de los radares y que parecía que había dejado de ser relevante en el sistema político español, se ha convertido, como consecuencia de esta operación, en el partido que está marcando el paso a todos los demás.

Obviamente, en tiempos tan volátiles como los que vivimos, un éxito como éste no garantiza nada de cara al futuro. Pero sí es un indicador del instinto de conservación de un partido y de su equipo de dirección.

Empieza un nuevo tiempo. Y el PSOE y el PNV, los dos partidos “históricos” del sistema político español, están demostrando el porqué de sus más de cien años de vida.

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