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"Porque me da la gana"

Lo que viene es la “ocupación de Cataluña” por el Estado

Hace ahora unos diez años, en el curso de la campaña de recogida de firmas contra el Estatuto catalán y preguntado por una cadena de televisión por qué la había organizado, Mariano Rajoy, por entonces ya presidente del PP aunque todavía en la oposición, contestó con un rotundo “porque me da la gana”. Esa es, por lo visto, la única explicación que merecía la opinión pública ante un acto político de tanta transcendencia como el que su partido estaba protagonizando.

Desde entonces, Rajoy no se ha apeado de aquél “porque me da la gana”. Nunca ha considerado que en lo relativo a la integración de Cataluña en el Estado había algo de lo que hablar, algo sobre lo que pactar o negociar. Así pensaba cuando era presidente del PP en la oposición y así ha continuado pensando después de su investidura como presidente del Gobierno. A pesar de que no puede desconocer que la LO 6/2006, de 19 de julio de Reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña, estuvo prácticamente cuatro años en vigor sin que de dicha vigencia derivara ninguna perturbación ni en el ejercicio del derecho a la autonomía en Catalunya ni en las relaciones entre Catalunya y el Estado. A pesar de que tampoco puede desconocer que inmediatamente después de que fuera hecha pública la STC 31/2010 tuvo lugar en Barcelona una inmensa manifestación de protesta contra la misma. A pesar de que tampoco puede desconocer que a partir de 2012 se ha celebrado todos los años la Diada con manifestaciones espectaculares reclamando la celebración de un referéndum. A pesar de que le consta que desde el Govern y el Parlament se han dirigido peticiones de negociación con el Gobierno y con el Congreso de los Diputados.

La negativa de Rajoy a considerar que estábamos ante un problema político es lo que nos ha traído aquí

La negativa de Rajoy a considerar que estábamos ante un problema político, y no ante un problema exclusivamente jurídico-constitucional que ya estaba resuelto, es lo que nos ha traído hasta aquí. Y si hasta el momento se ha podido responder con el ejercicio de la coacción física de una manera limitada y controlable, a partir de este viernes por tarde ya no va a ser posible hacerlo de esa manera.

Lo que viene es la “ocupación de Cataluña” por el Estado. En qué va a consistir dicha ocupación lo iremos viendo a medida que el Gobierno vaya haciendo uso de las medidas que han sido aprobadas por el Senado. Pero la evidencia empírica de que disponemos indica que una ocupación siempre es problemática y suele acabar conduciendo a momentos de resistencia y de ejercicio de la fuerza para anularlos, que suelen prolongarse en el tiempo y tener un coste muy alto.

Casi nunca acaban con la vuelta a la normalidad, sino que suelen desembocar en otra normalidad distinta de aquella de la que se arrancó. Me temo que esto es lo que va a ocurrir. Cataluña no va a volver a ejercer el derecho de autonomía tal como lo ha hecho en estos más de treinta y cinco años y, como consecuencia de ello, el Estado español no va a ser el Estado de las Autonomías de esos mismos años.

Cuando a un problema que únicamente puede tener una respuesta política, esto es, una respuesta negociada, se le pretende dar como respuesta “porque me da la gana”, el resultado es la catástrofe.

Es en lo que acabamos de entrar.

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