Tres pruebas de fuego para el catalán

LA PRIMERA, LA LEY. El gobierno español ha presentado el anteproyecto de ley de comunicación audiovisual que transpone los preceptos de la última directiva europea. Es un desastre horrible, desde el punto de vista del catalán. Se han presentado alegaciones y el texto se tiene que someter a debate parlamentario. Los partidos catalanes tienen la obligación de conseguir que se introduzcan obligaciones lingüísticas. Al fin y al cabo, la directiva defiende explícitamente la diversidad cultural.

LA SEGUNDA, LA GOBERNANZA. La Corporación va a la deriva. El consejo de gobierno ha perdido un tercio de los miembros y los otros dos tercios tienen los mandatos caducados. No hay contrato programa. Y no hay modelo para los siguientes diez años. Hace falta reimpulsar esta herramienta fundamental. Pero esto va más allá de un cambio de nombres: hay que reformular la gobernanza, la estructura y el presupuesto.

LA TERCERA, EL PÚBLICO JOVEN. Y el infantil. El catalán no crea espectadores nuevos. Tv3 queda lejos para el público menor de 25 años. Este 2021 tiene que ver la luz la reformulación de la ventana infantil y juvenil de la Corporación. Si el cambio es solo cosmética, estamos estrangulando la lengua desde la base.

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