CRÒNICA

La historia que cada día recomienza

El Palau Robert acoge una exposición de portadas de los diez años del ARA

Las portadas de los diarios y las revistas tienen, todas, una pequeña historia detrás. La historia de unas cuantas decisiones tomadas para darles forma. La historia de las búsquedas que hay detrás de una foto, de un titular, de una infografía, de una ilustración, de la composición gráfica y visual que les ha inyectado vida. Estas historias apasionaban al gran Carlos Pérez de Rozas y me había explicado un buen puñado de ellas. No puedo evitar pensar en cómo le habría gustado visitar la exposición de portadas del ARA que llena de historias de periodismo y de vida el jardín de Palau Robert hasta el 31 de enero. La exposición sirve para conmemorar y celebrar los diez años de trayecto del diario, comprobar y contemplar cómo ha pasado de rápido una década y cómo el mundo ha experimentado tantos cambios y tan relevantes. Y, sobre todo, cómo se han explicado desde un rectángulo que cada día empieza en blanco y hay que llenar de contenido.

Son sesenta y ocho portadas presentadas de manera cronológica. Las hay de todo tipo, preferentemente monográficas y creativas, marca de la casa desde el principio. Portadas que explican qué ha pasado el día anterior con la exigencia primordial de hacer pensar al lector, de proponerle una mirada, un relámpago interpretativo que le sea “útil y constructivo”. Las comillas son de Esther Vera, directora del ARA, que acompaña a un grupo de subscriptores del diario en una visita guiada. El recorrido empieza con la primera de todas, imprescindible, la del 28 de noviembre del 2010, con el doctor Broggi y Graciela sentados en pleno Passeig de Gràcia: “El país que viene”, era el titular. “Una portada es una declaración de intenciones, una mirada a la realidad, un conjunto de decisiones”, dice Vera. Y se muestra muy satisfecha del trabajo de la redacción del ARA: “No hay cínicos, sino buenas personas”. Habla de “cínicos” porque Jordi del Rio, director general de difusión, ha mencionado la famosa premisa periodística de Kapuscinski para resumir el espíritu de la muestra y del periodismo por el que apuesta el diario desde su fundación.

Las portadas del ARA no existirían sin la labor de todos los trabajadores del diario, sin las informaciones, reportajes y fotografías que sacien al lector día detrás día. De estos trabajadores, hay dos que tienen un papel singularmente relevante. Son el jefe de Fotografía, Xavier Bertral, y la directora de Arte, Cristina Córdoba. Las portadas les hacen rememorar instantes. Para la portada que conmemoraba los cincuenta años del asesinato de Kennedy, a Bertral le gustaba la idea de una foto en color del mítico presidente de los EE.UU., pero no encontraban ninguna. ¿Solución? Pintó sutilmente una. La foto del toro ensangrentado que ilustra la portada del final de las corridas de toros en Catalunya es una de la última corrida de José Tomàs, y la portada del día de la segunda victoria de Obama estuvo seleccionada por el prestigioso Newseum de Nueva York. Y es bonito recordar que la foto de Samuel Aranda que ilustra la historia de una madre y un hijo que luchan por sobrevivir en la costa de Lesbos ganó el premio Ortega y Gasset de periodismo.

Setenta portadas para explicar el país y el mundo

Pasear por las casi setenta portadas es un choque constante entre tragedia y motivos de alegría, entre noticias terribles y motivos para la esperanza, la inspiración y el goce del arte y la cultura. Pocas tan sobrecogedoras como la de los atentados de Barcelona y Cambrils, ideada con la intención de huir del detalle explícito sobre el suelo ensangrentado de la Rambla. Jordi Duró supo captar el dolor y resumirlo con una composición sencilla y respetuosa. Suyas son también las portadas de los atentados en Bruselas y París, la celda oscura el día de la sentencia del Procés y el “Todos somos Charlie”. También el trazo y el color de Manel Fontdevila y de Mari Fouz han dejado huella.

No falla nunca. Cada 20 de noviembre, el Día Internacional de la Infancia, los dibujos de niños que llenan las páginas del diario y también la primera, claro. Está bien recordar el día de julio del 2012 en el que el plan de recortes de Mariano Rajoy fue explicado con El grito de Edvard Munch en portada. Y el ”Adiós a las armas” del final de ETA con la vegetación que se va comiendo una pared con la pintada “Gora ETA”.

Los monográficos sobre movimientos sociales, las grandes fechas de la política catalana, siempre el “Leer, amar” cada día de Sant Jordi, el homenaje a los sanitarios en plena era del covid-19, los reportajes sobre el ébola y la pervivencia del franquismo, la realidad del imprescindible latido feminista, Los Simpson ante la tele decidiendo si votan a Trump o Hillary, el adiós de Benedicto XVI con su foto de espaldas y un contundente “Adiós, Papa”. Y el adiós a Carles Capdevila, una portada muy recordada y emocionante. Imposible olvidarse de los diarios dedicados a grandes artistas. Bien porque se cumple la efeméride del nacimiento o de su adiós –Miquel Martí y Pol, Joan Brossa–, porque abandonan este mundo –Antoni Tàpies– o porque llenan las páginas con su creatividad desatada: Perejaume, Mariscal, Ferran Adrià, Miquel Barceló y, el más reciente, Jaume Plensa.

Es esta la historia sin fin de las historias buscadas y encuentros que contiene la portada de un diario. La historia que cada día recomienza.

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