MÁS DE CUATRO DÉCADAS DEL RÉGIMEN DE LOS AYATOLÁS

El precio de la carne se multiplica por tres en Irán por las sanciones de Estados Unidos

Falta insulina y otros medicamentos y no se sabe si hay suficientes fármacos para el coronavirus

Una mujer pasa por delante de uno de los murales contra EEUU pintados en las paredes exteriores de la antigua embajada norteamericana en Teherán. GETTY

El tique que te dan para entrar al museo ya dice mucho de lo que te vas a encontrar dentro. Tiene un dibujo de la estatua de la libertad con una señal de prohibido el paso y la siguiente frase impresa: “Museo jardín de la anti arrogancia”. El museo es en realidad la antigua embajada de Estados Unidos en Teherán, aquella que fue asaltada por centenares de estudiantes en noviembre de 1979, y cuyas imágenes dieron entonces la vuelta al mundo. Los estudiantes tomaron como rehenes a 66 diplomáticos y ciudadanos norteamericanos, y los sacaron del edificio a empujones, esposados y con los ojos vendados. Los rehenes estuvieron cautivos durante 444 días, más de un año. Aquello envenenó para siempre las relaciones entre Irán y Estados Unidos.

En la actualidad, los iraníes pasan indiferentes por delante de la antigua embajada. El edificio se conserva como antes. Mantiene las antiguas torretas de vigilancia y la misma puerta de hierro por la que los estudiantes se encaramaron para ocupar el recinto, aunque sus muros exteriores se han pintado con motivos anti americanos: una bandera de Estados Unidos donde las estrellas han sido sustituidas por calaveras, o un Micky Mouse desafiante desenfundando un revólver.

 “¡Muerte a América, muerte a América!”, gritaba el imán de Teherán durante la oración del viernes el día que el país celebró elecciones legislativas, el pasado 21 de febrero, y los fieles repetían la misma letanía al unísono. En cambio, cuando se pregunta a los iraníes en la calle qué piensan de los estadounidenses y si los odian tanto como parece, la mayoría responde: “No, para nada, son seres humanos como nosotros”. Otra cuestión, en cambio, son las sanciones que Estados Unidos ha impuesto a Irán desde que Washington se retiró del acuerdo nuclear en 2018. Todo el mundo en Teherán coincide en que las sanciones les están matando.

Sectores afectados

Afectan sobre todo al transporte marítimo, y a los sectores financiero y energético (gas y petróleo). Y en concreto, prohíben a las empresas estadounidenses comerciar con Irán, pero también con compañías extranjeras que mantengan algún tipo de relación mercantil con el país persa.

En definitiva los bancos y las empresas se han visto obligados a escoger entre mantener relaciones mercantiles con Estados Unidos o con Irán, y la mayoría, lógicamente, se han decantado por Washington. En consecuencia, Teherán ha visto disminuir drásticamente sus importaciones y exportaciones –sobre todo de petróleo-, cosa que a su vez ha reducido los ingresos del gobierno, devaluado la moneda y disparado la inflación. Es una bola que cada vez se hace más grande.

“Todo está por las nubes: la comida, la ropa, los zapatos”, se queja Fereshteh, una jubilada que hace la compra en un supermercado de la cadena Jamshid Abad, en el oeste de Teherán, donde los precios son más económicos que en otros comercios. Aún así, dice, la carne es ahora un lujo. Un quilo de cordero costaba 350.000 riales hace un año (unos 2,2 euros), y ahora ya supera el millón (7,6). ¿Qué bolsillo puede comprar eso? El sueldo medio en Irán es de unos 415 euros.

"Cada día suben los precios, esto no hay quien lo aguante"

Mohsen Profesor universitario en Teherán

 

En el supermercado en seguida se arremolinan otros clientes. “Todos los días suben los precios, esto no hay quien lo aguante”, exclama uno, Mohsen, que es profesor universitario. “Mi hijo se quiere casar, pero ya me dirá usted cómo con estos precios”, comenta Masuma, una mujer de unos 60 años. Hasta los dependientes se unen a la conversación: “Yo soy licenciado en Informática y él de Matemáticas”, dice uno de ellos, Wuriaa, señalando a su compañero. “Muchas fábricas han tenido que cerrar porque no pueden importar materias primas. Y si no hay fábricas, no hay trabajo. Y aquí estamos nosotros, trabajando en un supermercado a pesar de ser licenciados”, lamenta.

Falta de medicamentos

La falta de materias primas está afectando incluso al sector farmacéutico. El 97% de los medicamentos que se consumen en Irán se fabrican en el país, pero su producción depende a menudo de la importación de componentes del extranjero. Las sanciones norteamericanas no prohíben dicha importación, pero sí las transacciones con bancos iraníes. Y si no se pueden hacer transacciones bancarias, es imposible realizar ningún pago en el exterior. Asimismo, en la actualidad tampoco es factible transferir dinero desde el extranjero a Irán, y las tarjetas de crédito de otros países tampoco funcionan en el país persa.

“No tenemos insulina desde hace un mes. También nos faltan medicamentos para el cáncer, y para pacientes que se han sometido a un trasplante o que sufren una enfermedad rara”, enumera Ezat Dehghan, que trabaja en una farmacia en el norte de Teherán. Human Rights Watch publicó un informe en octubre que corroboraba la falta de existencias de determinados fármacos.

"No tenemos insulina desde hace un mes y también nos faltan medicamentos para el cáncer"

Ezat Dehghan Farmacéutica en Teherán

 

Ahora, además, con el coronavirus, todo el mundo teme lo peor: es una incertidumbre saber si el gobierno realmente dispone de los medicamentos necesarios para combatir la enfermedad, y qué va a pasar con la economía. La mayoría de países limítrofes con Irán han cerrado sus fronteras terrestres con el país, y han suspendido sus vuelos de enlace.

Inicialmente el gobierno minimizó la epidemia, pero este viernes ha amenazado con recurrir a la fuerza para impedir los desplazamientos entre ciudades y evitar de esta manera la expansión del brote. Además, se ha suspendido de forma excepcional la oración en todas las mezquitas. Irán es el tercer país con más muertos por el coronavirus, después de China e Italia: ya suma 124 defunciones y 4.747 contagiados, según datos oficiales de las autoridades. Pero después de lo ocurrido con el avión ucraniano –las autoridades aseguraron al principio que había sido un accidente y después reconocieron que la Guardia Revolucionaria lo había abatido por error-, ya nadie se cree lo que dice el gobierno. Los afectados por la epidemia pueden ser muchos más.

“Estoy más enfadada con nuestro gobierno que con Estados Unidos. Los norteamericanos tienen culpa de todo lo que nos está pasando, pero aún tiene más culpa nuestro gobierno porque no piensa en su gente”, afirma Azad, una de las clientas del supermercado. Lo más sorprendente es que su opinión la comparten muchos otros.

Restricciones en internet

Las sanciones también afectan a temas tan livianos como bajarse aplicaciones de internet: Snaap –que es una especie de Uber iraní- ya no está disponible ni en el App Store ni en Google Play. A eso hay que añadir las restricciones impuestas por el propio régimen: en Irán está bloqueado Twitter, Facebook, YouTube y Telegram, y páginas webs de medios extranjeros como la BBC y The Guardian. Eso sí, la mayoría de iraníes disponen de una VPN en sus móviles, es decir una especie de filtro para saltarse la censura.

En la antigua embajada de Estados Unidos, ahora reconvertida en museo, un joven, Ali, hace de guía: “En ese cuarto los norteamericanos mantenían reuniones secretas”, explica mostrando una peculiar sala insonorizada con paredes y techo de plástico. “Estas máquinas servían para encriptar documentos”, sigue relatando ante unos armatostes metálicos que parecen casi armarios. “Y aquellas otras para destruir impresos”. Por lo que explica, la embajada era más un nido de espías que una legación diplomática. El museo tiene muy buenas referencias en Tripadvisor pero, como reconoce el propio Ali, básicamente van extranjeros. Los iraníes apenas lo visitan, bastante tienen con intentar llegar a final de mes.