Cada noche es el Día Mundial de la Enfermería

Traducción al castellano del artículo galardonado con el premio Investén

Desde hace meses para mí cada día es el Día Mundial de la Enfermería, no sólo el 12 de mayo. Desde que soy fan de este colectivo –de la forma más interesada, porque las necesito, y de la forma más agradecida, porque hacen mucho más que curarme, cuidan de mí– me doy cuenta del trabajo impresionante que llevan a cabo y de cómo llegan a ser de invisibles. Lo eran para mí mismo hasta que descubrí que cuando la medicina me trataba a trozos eran ellas -y algún él– las que más y mejor entendían que somos personas enteras. A pesar de ser su fan incondicional, será bienvenida la autocrítica y que el 5% de personal autoritario con alma militar y el otro 5% que se confunde y trata de forma infantilizada no estropeen la imagen ni la profesionalidad comunicativa del 90% de personal de enfermería que honra a Florence Nightingale cada día y cada noche.

Tenemos un sistema sanitario mejorable y al límite, pero de calidad y que funciona. Debemos agredecerlo y defenderlo. Ahora bien, la medicina tiene el reto de humanizarse, de comunicar mejor con el paciente, de ser más empática, ser integral y poner al enfermo en el centro. De entender que el estado de ánimo y las emociones a veces tienen como mejor medicamento una mirada cómplice, una sonrisa, un gesto cariñoso o una información bien dada. Y que no se trata sólo de salvar o alargar vidas, sino de acompañar y garantizar la calidad de estas vidas. Que cuidar es mucho más que curar. Para hacer este cambio la medicina necesitará empoderar más a la enfermería. Los profesionales a pie de cama son los que controlan más información sobre lo que tiene el hospital entre manos, porque todo pasa –literalmente– por sus manos. Y el colectivo tendrá que encontrar la manera de generar discurso, luchar por el protagonismo que los medios le negamos, tener referentes reconocidos y reivindicarse no sólo laboralmente –que también– sino diciendo en voz alta que como personas que cuidan de las personas pueden y deben ser la fuerza y el motor del cambio.

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