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El nómada ciego

De cuantos he leído, si tuviera que quedarme con una obra que absorba la condición humana me quedaría con Edipo Rey y si tuviera que escoger el pasaje fundamental de esta obra me quedaría con el que enfrenta verbalmente a Edipo con Tiresias, el adivino ciego que también está presente en otros textos literarios griegos. Sófocles pone el dedo en la llaga pues Edipo, quien conoce lo inmediato pero desconoce su auténtica identidad abismal —aunque involuntario, es un parricida y un incestuoso— se enfurece con Tiresias, quien, pese a su carencia, ve a lo lejos tanto en el pasado, en la memoria, como en el futuro. La escena tiene lugar en el claroscuro y chocan visión y ceguera, inmediatez y perspectiva. Edipo, al final de la obra, se arrancará los ojos como trágica condición para empezar a ver.

Pocas veces se representa la otra gran obra que Sófocles dedicó al tema, Edipo en Colonos. El dramaturgo la escribió a los 80 años, la misma edad más o menos que otorga a su héroe. Edipo va a morir a Colonos, el pueblo —hoy ruidoso suburbio de Atenas— donde Sófocles había nacido. Ha pasado mucho tiempo desde los acontecimientos dramáticos que desembocaron en la automutilación de Edipo. Este es presentado en su vejez como un hombre sabio que no solo ha purgado sus errores juveniles sino que está rodeado de un aura de santidad. En un momento determinado el Coro de Ancianos canta alguno de los versos más prodigiosos sobre la grandeza del hombre que jamás se han escrito.

Muchas veces he pensado en la tercera obra sobre Edipo que Sófocles no escribió. Trataría del peregrinaje del héroe ciego a lo largo de cincuenta años. Solo, o acompañado de su hija, la leal Antígona, de estepa en estepa, de exilio en exilio. Expiando delitos que cometió involuntariamente, ejercitándose en lo esencial, prescindiendo de lo superfluo, buscando una meta continuamente aplazada. Es decir, el camino del ser humano. Tal vez por eso, como se aventura, el enigma de la Esfinge que en su juventud el héroe descifró era escuetamente la palabra "hombre". Y es este Edipo nómada el que nos convoca.

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