PANDÈMIA

Una nueva transición evolutiva para gestionar la pandemia

Para controlar el virus es necesaria una coordinación global a partir de nuevas estructuras

DAVID BUENO
DAVID BUENO Professor i investigador de la UB, especialista en genètica i neurociència i divulgador científic

La pandemia provocada por el SARS-CoV-2 nos ha cambiado la vida. Palabras como cuarentena o confinamiento han pasado a formar parte de la más absoluta cotidianidad. En el mundo ha habido cerca de 90 millones de afectados y casi 2 millones de muertos. En Catalunya se han contado más de 400.000 casos y se han superado los 17.000 muertos. Esta comparación yuxtapuesta forma parte de la idiosincrasia humana, del grupalismo inherente en nuestra especie. Somos seres sociales. En este sentido, la organización social más antigua, la tribu, se ha ido sofisticando hasta llegar a las naciones y a los estados actuales. Y más recientemente, a los intentos de coordinación interestatal como las Naciones Unidas, a menudo bastante inefectivos dado que predominan los intereses estatales.

Este último punto es el inicio de un ensayo publicado por el biólogo W. Ford Doolittle, de la Dalhousie University de Halifax, en Canadá, en la revista Current Biology. A partir de las teorías de la evolución actualmente aceptadas, el autor propone la necesaria inminencia de una nueva transición evolutiva. “ Biologizing to avoid political polarization”, escribe. Es decir: utilizar la perspectiva biológica para evitar la polarización política que está acentuando los extremismos.

Transiciones evolutivas

Doolittle parte de lo que en evolución se denominan “grandes transiciones evolutivas”, un concepto propuesto por los biólogos John Maynard Smith y Eörs Szathmáry hace un cuarto de siglo. Estos científicos argumentaron que, además de las mutaciones por azar que alteran el mensaje genético y de los efectos de la selección natural, que favorece la permanencia de determinados cambios en función de las transformaciones y las situaciones de estrés ambiental, ha habido también grandes transiciones evolutivas que han compartido un denominador común: el agrupamiento de unidades biológicas más simples para formar agregados más complejos.

Una de estas grandes transiciones evolutivas es la génesis de las células eucariotas a partir de las procariotas. Las células eucariotas como las nuestras se caracterizan por tener orgánulos en el interior y un núcleo celular que contiene el material genético. Las células procariotas, en cambio, como las bacterias, no tienen nada de esto. Se ha demostrado que las células eucariotas provienen de la agrupación y coordinación de varias procariotas que perdieron la individualidad para constituir una estructura nueva más compleja. Lo mismo sucedió cuando se originaron los organismos pluricelulares como los hongos, las plantas y los animales: células individuales se agruparon para constituir un individuo más complejo. En este caso, cada una mantuvo en parte su individualidad, a pesar de estar sujeta a una coordinación global.

Una nueva organización social

¿De qué manera utiliza Doolittle estos hechos biológicos en su ensayo? Argumenta que la pandemia de covid-19 está suponiendo un factor de estrés ecológico a escala global similar a los que por selección natural favorecieron estas y otras grandes transiciones evolutivas. Dicho de otro modo, si en unas condiciones concretas de estrés ambiental los organismos unicelulares hubieran sobrevivido tan bien como los pluricelulares, esta transición evolutiva probablemente no se habría perpetuado. Ahora este nuevo factor de estrés ambiental pone de relieve que los estados, como forma más compleja de organización social funcional, no pueden combatir la pandemia de manera aislada. Por lo tanto, hace falta una nueva transición empujada, como todas, por factores ecológicos de estrés, pero que en este caso tiene que ser de organización social. De hecho, según Doolittle, las agrupaciones sociales humanas de tipo tribal, nacional y estatal también han ido surgiendo empujadas para responder a cambios ambientales de todo tipo, que han favorecido la coordinación de grupos de individuos cada vez más numerosos.

Este hecho se ha manifestado ya en el campo de la investigación. Nunca antes tantos investigadores de todo el mundo se habían centrado en un solo problema, compartiendo información de manera colaborativa con perspectiva transnacional. La investigación atraviesa las fronteras que todavía no cruzan los estados. En esta tesitura, Doolittle se centra en dos puntos concretos. Por un lado, la preservación del bienestar económico y de la vida en su conjunto, no solo la humana sino la de todos los seres vivos. Y del otro, en el tipo de respuesta transnacional que podemos dar, que puede ser centralizada, lo que implica más pérdida de individualidad, o más distribuida, lo que comporta más dificultad de coordinación.

Y es justo aquí donde sitúa la necesidad de una nueva gran transición evolutiva en aspectos sociales que permita preservar tanto el bienestar económico como la vida en su conjunto, sin perder la individualidad. Del mismo modo que en los organismos pluricelulares las células no perdieron la individualidad, esta nueva transición tendría que incluir una coordinación global no subyugante para preservar el bienestar y la vida a escala global. Como dice textualmente el final del ensayo, “quizás la única manera de sobrevivir a esta crisis, y quizás al cambio climático y a la disparidad socioeconómica, es empezar a actuar como especie única que somos, en lugar de como tribus o naciones individuales”. O, como también dice el autor, utilizar las lecciones de la biología para evitar la polarización política.

David Bueno es director de la Cátedra de Neuroeducación UB-Edu1st

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