Piketty y la Cataluña rica

Para Piketty, resumiendo su argumento, el "separatismo catalán" es la opción de los ricos

No lo podemos negar. Ha dolido la forma como Piketty ha tratado el independentismo catalán en su último libro. Capital e ideología, con sus más de mil doscientas páginas, es un nuevo tour de force del autor de El capital en el siglo XXI. Ya está traducido al catalán, en Edicions 62, y será de los libros de ensayo más vendidos de estas fiestas. Piketty es admirado y criticado, leído y estudiado. No deja indiferente. Ha puesto el problema de la desigualdad en el corazón de la economía, y la lucha contra la desigualdad, en el corazón de la política. En Capital e ideología su tesis es que la desigualdad es hija de la ideología dominante. Hay ideologías que justifican las desigualdades y otras que no. Depende de nosotros priorizar la igualdad, o no. Esto depende del "régimen de frontera" y del "régimen de propiedad". Para luchar contra la desigualdad él propugna el "socialfederalismo" -empezando por una Unión Europea con plenas capacidades fiscales y redistributivas- y lo contrapone al "socialnativismo" y al "mercantilnativismo". Cataluña aparece en dos apartados de esta discusión: cinco páginas dedicadas a lo que llama "la trampa separatista y el síndrome catalana" y unas pocas más dedicadas a "la trampa social-localista y la construcción del estado transnacional". Incomodan por lo que dice y por venir de quien vienen. Creo que está mal informado.

Las páginas de Piketty sobre Cataluña incomodan por lo que dice y por venir de quien vienen. Creo que está mal informado

Para Piketty, resumiendo su argumento en pocas palabras, el "separatismo catalán" es la opción de los ricos, que no quieren pagar impuestos y sueñan con tener un estado propio, dentro de Europa, que sea un paraíso fiscal (serían "mercantilnativistas"). Contra esto él defiende que haya centralización estatal de las políticas de fiscalización de la renta, y políticas europeas que fiscalicen la renta y las sucesiones (él es partidario de impuestos muy altos sobre patrimonio y sobre sucesiones) para redistribuir los ingresos -solidaridad fiscal- y reducir las desigualdades.

Quizás alguien con mala información puede hacer esta afirmación sobre el independentismo catalán. Pero no hace falta más que mejor información para corregir las afirmaciones y juicios de Piketty. Daré algunos ejemplos, ampliando las oportunas consideraciones de Eduard Garcia y Josep Reyner en el ARA del viernes pasado.

Primero. El sistema fiscal español a escala central y autonómica es tal que las tres comunidades autónomas (CA) más ricas -Madrid, País Vasco y Navarra- siguen siendo las que gozan de mayor bienestar (en el sentido amplio de progreso social) tras la redistribución fiscal. En cambio, Cataluña sale muy perjudicada y pasa de ser la cuarta más rica a ser de las más maltratadas en bienestar (docena de diecisiete). Ahí está, ciertamente, una explicación del independentismo en Cataluña. Pero este sistema no impacta en los ricos sino en las clases bajas y medias, que son las que sufren más por el hecho de disponer de menos servicios públicos gratuitos o a precios subvencionados.

Segundo. Que la mitad de la población catalana con rentas más bajas sea la menos orientada al independentismo sólo se explica por factores identitarios. Son las más perjudicadas por el mal trato fiscal español en Cataluña. Por eso algunos partidos independentistas hablan tanto de "ampliar la base". Hay razones objetivas para que la mitad menos rica de Cataluña se queje. Obtener un tratamiento equivalente al de los ciudadanos españoles de la misma capacidad adquisitiva en otras comunidades obligaría a revisar profundamente el mal trato fiscal catalán. Los ricos pueden desplazar su residencia a comunidades sin impuesto de patrimonio y sin impuesto de sucesiones, y muchos lo hacen. Muchos titulares de ingresos muy elevados escapan de la tributación por renta gracias a las facilidades estatales para desarrollar ingeniería financiera y jurídica que les permite disfrutar de fiscalidad baja. Los asalariados de rentas muy altas buscan y encuentran la manera de fijar la residencia en la comunidad de Madrid, donde la fiscalidad sobre la renta es la más baja. En cambio, los ciudadanos que no son del uno por ciento más rico no tienen ninguna oportunidad de disfrutar de ventajas fiscales.

Tercero. Piketty sugiere constantemente que los ricos catalanes hacen -y quieren hacer aún más- dumping fiscal. No sabe que es Madrid quien hace más dumping fiscal en España, siguiendo el ejemplo de otra comunidad rica, Navarra. Ahora son varias comunidades gobernadas por el PP y Ciutadans las que han emprendido políticas agresivas de reducción o anulación de los impuestos de patrimonio y de sucesiones, combinadas con rebajas de los tipos del IRPF para las rentas más altas. Calculan que recuperarán las rebajas por otros mecanismos (capitalidad o modelo de financiación).

Cuarto. La ignorancia más grave de Piketty es quizá la que tiene sobre el modelo de financiación autonómica y sobre el papel del Estado en su regulación. Cree que la cesión del 50 por ciento del IRPF en las comunidades implica una ruptura de la solidaridad interterritorial. No sabe que el grueso de la solidaridad se hace con la bolsa común del 50 por ciento autonómico. Ni sabe que se aplican varias redistribuciones en el modelo de financiación autonómica para garantizar esta solidaridad. De hecho, llevan a un exceso de redistribución que hace que algunas comunidades produzcan mucho pero disfruten de un bienestar muy inferior al de otras inicialmente menos productivas. Los PIB per cápita miden muy mal la calidad de vida de las diferentes comunidades autónomas.

Quinto. Piketty parece ignorar que Cataluña es una contribuyente neta al presupuesto de la Unión Europea, y que previsiblemente lo sería igual o más si fuera independiente y parte de la UE, pero que este saldo fiscal negativo no ha sido nunca criticado por ningún independentista. El independentismo catalán es muy europeísta. Ha visto siempre la construcción europea como una protección contra la dureza centralizadora y uniformizadora del nacionalismo español. El socialfederalismo es, sin haberle dado este nombre, ampliamente compartido en estos ambientes y no constan ni planes ni sueños de convertirse en un paraíso fiscal. Como ya he dicho, los más ricos ya disfrutan de paraísos fiscales en el estado español.

Si el señor Piketty conociera mejor Cataluña, cambiaría su opinión sobre el independentismo catalán como un asunto de ricos que quieren pagar menos impuestos.