El ingenio y la elegancia deben ser siempre nuestros

Es mejor convocar elecciones que entrar en la vía de la desobediencia institucional

El día de hoy lo viviremos de vigilia expectante. Mañana será un día triste: conoceremos la sentencia. Previsiblemente seremos muchos los que, soberanistas o no, la consideraremos injusta, y singularmente alarmante con respecto a Cuixart y Sànchez. Querremos, por supuesto, expresar alto y claro nuestro rechazo, tenemos todo el derecho a hacerlo y lo haremos.

¿Cómo lo haremos? Sobre los objetivos diría que nuestra reacción no puede pretender forzar una negociación sobre la convocatoria de un referéndum. Lo que los viejos marxistas llamaban la correlación de fuerzas no nos es nada favorable y la UE ya nos ha dicho que no hará de intermediaria. La contienda es a largo plazo y la reacción de ahora es sobre todo un mensaje. ¿A quién? No tengo ninguna duda: a la opinión pública europea, incluida la española, y mundial. Hace años que esta opinión sigue un movimiento soberanista que se despliega en manifestaciones masivas pacíficas y en victorias electorales. Es así como hemos enviado mensajes potentes al mundo. Debemos persistir en esta línea. Es la más provechosa. Y tengamos muy presente que los esfuerzos sistemáticos para ensuciar la imagen de nuestras movilizaciones sólo pueden salir bien si desde Cataluña caemos en las trampas que nos ponen. Una estrategia de provocación permanente pretende expulsar al independentismo de la legitimidad política. No se le debe seguir el juego. Manifestémonos, pues, de forma pacífica y ordenada. El lema, el objetivo, de las movilizaciones es menos importante, pero precisamente por eso conviene que sean las que propicien la máxima participación. Para unos será amnistía, para otros indulto. Cabemos todos.

Añado que tanto desde el criterio del impacto externo como de la dignidad propia, son también muy recomendables las que podríamos denominar acciones testimoniales, como, por ejemplo y entre muchas otras, los miércoles en la plaça del Rei de Barcelona. A mí, particularmente, me pareció admirable la acción de las luces en Montserrat. Debemos hacer que el ingenio y la elegancia sean siempre nuestros.

Se ha hablado también, como posibilidades, de desobediencia civil y de desobediencia institucional. Analicémoslo.

Si no se convocan elecciones siempre quedará la sospecha, desmoralizadora, de que como en octubre de 2017 han dominado los intereses tácticos partidistas

Desobediencia civil es Rosa Parks. Sentarse en las primeras filas del bus cuando lo tienes prohibido por el color de tu piel. Y dejarse detener y encarcelar sin resistencia. Es decir, minimizando los perjuicios a los demás, romper abiertamente una ley injusta que restringe tu comportamiento. No tengo objeción de principio a este tipo de acción, ni tampoco imaginación suficiente para visualizar alguna en nuestra circunstancia. Pero en esto, la creatividad no es mi fuerte. Lo que sí sé es que las imágenes de Hong Kong no son las que nos convienen. Rosa Parks no es cortar carreteras o vías de tren, u ocupar bancos, o taparse la cara. Aquí y hoy las imágenes de estas acciones no viajan bien. Las tendríamos que evitar. Nos harían daño.

Respecto a la desobediencia institucional no puedo anticipar qué es exactamente lo que se puede estar preparando. Pero creo que es mejor convocar elecciones antes que entrar en esta vía. Por la sencilla razón de que, si se entra, en el mejor de los casos acabaremos otra vez con elecciones, pero por la vía de un nuevo 155 “proporcionado”, y puede ser peor. No ganamos nada. Voy más lejos: ir a elecciones es mejor que la desobediencia pero también es posible, lo veremos pronto, que sea mejor que la no desobediencia. Canalizar la indignación por la sentencia hacia una expresión democrática de rechazo envía un mensaje contundente. Me temo que si no se convocan elecciones siempre quedará la sospecha, desmoralizadora, que, como en los días previos al 27 de octubre del 2017, han dominado los intereses tácticos partidistas, entonces los de ERC y ahora los de JxCat. El mundo de JxCat debería entender que la alternancia en el liderazgo político es parte de la normalidad democrática, y que si unas nuevas elecciones llevaran a un gobierno presidido por ERC quizás esto le daría el tiempo y la tranquilidad para encontrar su camino y volver un día con fuerza. Asimismo, diría a mis amigos de JxCat que la experiencia nos indica que, en un gobierno de coalición, no tener la presidencia de la Generalitat pero sí la conselleria de Economía no es precisamente estar en la oposición.

Finalmente, expreso un sentimiento que me lleva también a recomendar un camino prudente tanto por lo que respecta a la desobediencia civil como a la institucional: me horrorizaría ver a los Mossos cargando contra manifestantes y deteniéndolos, o deteniendo a miembros del Govern. La derecha dura sueña con verlo y lo está propiciando. No les tendríamos que dar esta satisfacción.

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