Los muertos y la fraternidad

Reconozcamos que nos hemos equivocado todos

Reunión telemática de Pedro Sánchez con los presidentes autonómicos / LA MONCLOA / EFE

Hoy pretendía escribir sobre el plan de recuperación económica que se está discutiendo en Bruselas. Puede ser importante. Tanto por su dimensión como, sobre todo, porque podría introducir una innovación trascendente: la emisión de deuda desde la Comisión Europea, que es desde donde se debe hacer en una perspectiva federal. Pero a estas alturas todavía no se ha llegado a un acuerdo. Habrá que esperar para comentarlo.

Hoy volveré a los muertos. No sólo porque el anuncio diario sacude el alma. También porque me revuelta que sean munición en el debate político. Que Vox o el PP intenten ponerlos en el pasivo del gobierno Sánchez es una indignidad esperable. Que lo hagan representantes del gobierno de Cataluña o de instituciones de su sociedad civil es decepcionante. Y que, en algún caso, la culpa se atribuya a una entidad abstracta llamada España es hiriente. Son días de sufrimiento para todos los que habitamos la Península Ibérica. Tanto si el futuro de Cataluña está en España como si no, seguiremos viviendo juntos en esta península y, muy probablemente, seguiremos todos siendo parte de la misma entidad supranacional: la UE. En tiempos de plaga toca solidaridad y fraternidad. Lo imploro: no atribuyamos al concepto España los males que nos aquejan, y ciertamente no este.

Cuando se llegue a un punto de calma en el desarrollo de la pandemia, que ojalá signifique que la hemos vencido, podremos clasificar los países del mundo según la efectividad de su gestión colectiva. Si, como parece, España acaba siendo uno de los países más golpeados y los hay similares que han podido contener mejor la pandemia, querrá decir que aquí se podría haber hecho mejor. Si es así, el gobierno de Sánchez tendrá responsabilidad, pero ¿quién podrá tirar la primera piedra? Os invito a buscar en Google alguna expresión de reticencia, por razón de la pandemia, en torno a las manifestaciones del 8 de marzo. No encuentro ninguna diferencia entre el entusiasmo de Madrid y el de Barcelona. El día 9 las discrepancias en nuestra prensa eran sobre si habían asistido 50.000 o 300.000 personas. Confesión personal: el 8 y el 9 de marzo asistí a cenas en las que nos sentábamos como se hacía antes. Y el 11 de marzo a un acto, donde ya éramos más cuidadosos. Me tengo por persona informada y responsable. Realmente, ¿puedo echarle la culpa a alguien por este comportamiento objetivamente imprudente? En mayo de 1940 el parlamento británico sustituyó a Chamberlain por Churchill: con la invasión de Bélgica era evidente que había que confiar en quien había avisado con fuerza que Hitler era peligroso. Por lo menos en España por el coronavirus no hemos tenido ningún Churchill ni el centro ni en las autonomías. Nos hemos equivocado todos. Reconozcamos esto. Y respetemos a los muertos.

El gobierno de Sánchez es, en cambio, bien criticable por una característica reveladora de un talante preocupante a la hora de encarar la resolución de grandes crisis. Hoy la del coronavirus, mañana vete a saber qué. Para ser claro: su opción por un tratamiento autoritario, de "coordinación" y no de cooperación y consenso con las autonomías, ha sido una oportunidad perdida de liquidar las dinámicas involucionistas respecto al modelo territorial del Estado. Es como si, cuando las cosas se ponen serias, la primera reacción fuera borrar del mapa el añadido anómalo -las autonomías- y volver a lo de siempre: el estado central, las provincias y los municipios. Todo debidamente "coordinado" desde el centro. Por cierto, la expresión "coordinar" en el contexto de las políticas públicas en España es una que evito desde que, hace años, en el marco de un grupo de trabajo en Madrid, escuché de un alto funcionario que "coordinar no es cooperar, es mandar". En fin, cuando teníamos la oportunidad de proceder en una crisis como Alemania -incluso Le Monde recomienda mirar hacia allí- se ha preferido recuperar el pasado. Sorprendente en un partido, el PSOE, que ha flirteado con el federalismo. Si le añadimos la escenificación con tricornios la perplejidad aumenta. Por qué lo habrán hecho? ¿Es que no se dan cuenta de que menospreciar el modelo autonómico y alejarse del espíritu federal acabará favoreciendo una derecha insaciable?

Esperemos que cuando llegue la calma el PSOE reflexione y procure aprender de la experiencia. Ojalá su conclusión sea que el camino alemán es el que tiene alguna probabilidad de estabilizar políticamente España. Desde Cataluña, y por el bien de todos, deberíamos ayudar en este aprendizaje. Y por eso es mejor reconocer, con humildad, que somos muchos los que no hemos estado a la altura en esta crisis, honrar a los muertos y fraternizar con el sufrido pueblo español.

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