Del 25-N, las violencias y las democracias

En el intervalo que va de ahora a la próxima fiesta feminista, quizá podríamos avanzar

ANNA GABRIEL
ANNA GABRIEL

Habremos pasado otro 25 de noviembre con actos de denuncia, acciones y declaraciones solemnes. Seguramente, todo lo que se haya hecho habrá servido para crear un poco más de conciencia; habremos actualizado las cifras de mujeres asesinadas, agredidas o violadas, y tendremos dedicada una parte de nuestro tiempo a reflexionar sobre cómo puede ser que tengamos que gritar que no queremos ni una más. Habremos pasado, en definitiva, otro 25-N. Y habremos sumado un día más de prisión, un día más de malos tratos, un día más de hambre o un día más de miedo. Sea en los Países Catalanes o en Ginebra, hay días que pasan para todas igual.

Y en el intervalo de tiempo que va de ahora a la próxima fiesta feminista, la próxima cita para denuncias, acciones y declaraciones solemnes, quizás podríamos avanzar. Para no encontrarnos que nos acostumbramos a contarnos como víctimas, de día internacional en día internacional. Para no encontrarnos que el sistema también digiere nuestras denuncias, nuestras acciones y las declaraciones solemnes. Para no encontrarnos, si es que no lo ha hecho ya, que las metaboliza y las utiliza para presentarse como un sistema democrático, como un sistema que garantiza la libertad y la igualdad y que, aunque no es perfecto, es el más perfecto que puede existir. En definitiva, ante la posibilidad de que nos hagan creer que vivimos en una democracia completa o que hay que huir del feminismo como hay que huir del machismo, debemos plantearnos avanzar para evitar seguir retrocediendo.

Y necesitamos avanzar para ir más allá de la fachada, más allá de las capas oficiales y de las cifras; para ir a los pliegues del alma, en el corazón de los barrios y las vidas. Y sentir que no hay democracia si hay hambre, que no hay democracia si hay impunidad ante el fascismo y que no hay vida si hay machismo y patriarcado.

No hay democracia si hay hambre o si hay gente que salta al vacío antes de ser desahuciada

La democracia no es un corpus legal o un entramado de instituciones. Democracia no es ni siquiera votar. Porque no puede haber democracia si encarcela por querer escuchar el mandato popular, del mismo modo que no hay democracia si hay hambre o si hay gente que salta al vacío antes de ser desahuciada. Porque la democracia no es el respeto por la ley, ni tampoco por el estado de derecho.

No puede haber democracia si la amenaza de la extrema derecha, de sus agresiones, de su racismo y de su voluntad de volver a las mujeres a la 'sección femenina' no sólo queda impune, sino que tiene la complicidad de demasiados silencios. Porque no puede haber democracia si la seguridad de las mujeres depende de si no vamos con tanga o de si hemos gritado suficientemente cuando nos han intentado agredir.

La democracia sólo puede surgir de aquellas formas de gobernanza que quieran poner la vida de las personas en el centro. Y esto excluye muchas de las leyes, las instituciones y las políticas públicas que en la actualidad se entienden como democráticas. Porque la ley responde, siempre, a un momento histórico, a unos intereses de grupo o de clase y a una correlación de fuerzas. Y siempre, siempre, es necesario que nos preguntemos si aquella ley, en aquel contexto o con aquella correlación de fuerzas, permitía poner la vida en el centro. Y ni la Ley de amnistía de 1977 ―que amnistió a torturadores y no dejó de condenar a luchadoras por la libertad―, ni la Constitución española ―que impide que los pueblos puedan decidir, pero no impide que los bancos puedan desahuciar vidas― ni los recortes austericidas en educación o en sanidad ponen la vida en el centro.

Proponemos avanzar para no encontrarnos que encadenamos conmemoraciones sin haber modificado un ápice las conciencias ni las realidades materiales. Avanzar para desnudar esta democracia, que no lo es. Avanzar para construir la alternativa al sistema capitalista patriarcal, que es el feminismo.

Avanzar sería crear instituciones propias, generar espacios de soberanía, superadores de la lógica del beneficio y el capital.

Avanzar sería que no tengamos que sumar ningún día más de prisión ni ningún día más de malos tratos, de hambre o de miedo. Que nos guíe la voluntad de no conformarnos con menos. Asumiendo que en el mientras tanto, leyes, intereses o extrema derecha seguirán golpeando a la vida. Pero alzándonos cotidianamente para que algún día los pueblos podamos decidir, las presas y las exiliadas puedan volver a casa y las mujeres y la humanidad entera podamos, simplemente, disfrutar de la vida.

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