Desde la libertad (5)

El escrito del Tribunal Supremo erosiona de lleno los fundamentos del pluralismo político

El invierno en Soto del Real es duro, especialmente para los que hemos crecido reconfortados por los inviernos maridados con Mediterráneo. El alivio del frío que dentro de esta prisión no puede ofrecer nuestro Mediterráneo lo consiguen los miles de palabras que diariamente me llegan de toda Cataluña y también de fuera, que perfilan una geografía del amor y de unos valores que no tienen ni buscan fronteras, que se expresan desde la propia e irrenunciable voluntad de ser, sin que nadie imponga identidades, lengua o leyes. Lo que rompe la frialdad de los días y el hielo de las noches en la celda 205 es la geografía de la fraternidad, la igualdad y la libertad que rezuman todas y cada una de las cartas que ininterrumpidamente recibo desde hace 4 meses.

Sí, ya hace 4 meses de mi encarcelamiento y del de Cuixart. Y nadie sabe a ciencia cierta cuándo acabará. Hay que ser pacientes y no perder el norte, pero también hay que ser conscientes del despropósito. No estoy secuestrado, estoy preso, pero siento como propia la indefensión de un secuestrado. Percibo que las reglas del juego que nos obligan a jugar cambian para evitar nuestra salida de la cárcel. No me sé explicar el motivo por el que los criterios que sirvieron a otros investigados de la misma causa para salir de la cárcel e incluso para evitarla no sirven para Forn, Junqueras, Cuixart y para mí mismo. Es difícil encontrar respuesta en el derecho.

Si hacemos caso de los escritos y los autos judiciales de la causa que se instruye contra los hechos del 1 de octubre, encontraremos una revisión a fondo de aspectos doctrinales del mismo Tribunal Constitucional, de la misma jurisprudencia de la Audiencia Nacional y del propio Tribunal Supremo.

Convertir una idea política en el factor determinante para atribuir posibles acciones delictivas en el futuro es el inicio del fin de un estado democrático y de derecho

Nos encontramos atrapados en una dinámica regresiva de gran alcance que afecta principios y derechos fundamentales que hasta ahora nadie había cuestionado del mismo ordenamiento constitucional. Una dinámica regresiva que me sitúa, a mí y al resto de encarcelados, en la mayor de las impotencias, en una indefensión no formal pero sí de hecho.

Un ejemplo –de momento, el último– ilustra perfectamente lo que denuncio. Cito literalmente del juez instructor sus palabras y argumentos para negar mi salida de la cárcel: "El Solicitante [en referencia a mí] mantiene su ideario soberanista, lo que resulta constitucionalmente válido, pero imposibilita el convencimiento de imposible reiteración delictiva que se tendría respecto de quien profese la ideología contraria".

En resumen, lo que me hace sospechoso de reiteración delictiva son mi pensamiento y mis convicciones soberanistas.

Queriendo argumentar contra la petición de mi excarcelación, el escrito del Tribunal Supremo erosiona de lleno los fundamentos del pluralismo político sobre el que se sustenta necesariamente cualquier sistema democrático –hasta ahora también el español. Convertir una idea política en el factor determinante para atribuir posibles acciones delictivas en el futuro es la criminalización de dicha idea. Es el inicio del fin de un estado democrático y de derecho. La negación de la esencia del liberalismo político. Una puerta abierta a la persecución de las ideas políticas contrarias a las del grupo dominante. Una peligrosa aproximación a los orígenes del autoritarismo. No es ninguna broma.

Y por favor, que nadie ridiculice ni saque de contexto mis palabras. En ningún momento he dicho que España sea hoy un sistema autoritario. Si lo creyera, lo diría. Más allá de la afectación y el perjuicio evidente que ahora a mí me provoca (manteniendo la prisión preventiva), advierto de un giro regresivo –que se suma a otros que Josep Ramoneda, con la lucidez que le caracteriza, ha denunciado reiteradas veces en estas mismas páginas– cuya sola formulación en un auto judicial del Tribunal Supremo se convierte en una advertencia acerca de las consecuencias devastadoras que puede tener contra los derechos fundamentales, pilares de cualquier sistema democrático y que hasta ahora también lo han sido del estado español.

Da miedo pensar que para impedir la expresión democrática y pacífica del soberanismo en Cataluña haya quien esté dispuesto a herir de muerte incluso los fundamentos liberales de la democracia. Estemos atentos. Esto va de democracia. Y por cierto... ¡gracias por no olvidarnos!

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