Después del Procés

La hoja de ruta del libro de Jordi Muñoz es probablemente la más clara que he leído

Vistas desde el interior de un edificio de la Gran Vía barcelonesa durante la manifestación del Once de Septiembre de 2019 / CRISTINA CALDERER

En estos momentos, entre las imágenes de la plaza barcelonesa de Urquinaona en llamas tras la sentencia del Tribunal Supremo y las de un país atrapado entre la fase 0 y 1 del desconfinamiento no hay ocho meses de diferencia, sino dos mundos que parecen insalvables. Sin embargo, el Procés tal como lo habíamos conocido es probable que acabara antes de todo esto. Al menos eso es lo que se deriva del importante libro que acaba de publicar, cuando las librerías aún continúan cerradas en una parte del país, Jordi Muñoz bajo el título Principi de realitat. Una proposta per a l’endemà del Procés.

Este ensayo político de parte, tal y como define honestamente su autor, pero también apasionadamente sobrio, intenta definir qué ha sido el Procés y al mismo tiempo establecer las posibles estrategias presentes y futuras del soberanismo y el independentismo. En este sentido, el esfuerzo que hace para explicar cuáles son las estrategias de fondo que estaban en juego antes del 1 de Octubre y las que lo están actualmente, rehuyendo la dialéctica de hiperventilados contra traidores, es probablemente el mejor relato que he leído para entender un movimiento que, conformado por demasiado sobreentendidos, se explica realmente poco a sí mismo. Asimismo, su voluntad de salir del relato periodístico del día a día del Procés para superar las explicaciones inmediatistas y tácticas de las acciones, permite entrar en las lógicas profundas de este movimiento. No es que el autor no tenga tesis propias, algunas indudablemente fuertes y polémicas en el seno del movimiento independentista (como la afirmación de que la declaración de independencia del 27-O fue un gran error no sólo por la su ineficacia, sino por su ilegitimidad), es que hace un notable esfuerzo clarificador de la diversidad de posiciones enfrentadas en el seno del movimiento.

En el campo de las tesis fuertes, en un libro de escritura fresca y suave, podemos encontrar la ubicación del Procés en el marco de la historia del catalanismo. Podría parecer una obviedad, pero no lo es cuando una parte del independentismo postuló que su propia irrupción era la "muerte" del catalanismo (confundiendo catalanismo con pujolismo, probablemente porque en realidad se habían creído el relato del propio pujolismo), mientras que fuera del independentismo otros sectores han proclamado exactamente lo mismo, en este caso, sin embargo, como crítica. Un camino en el que el autor también sitúa el Govern de la Entesa Nacional de Progrés dirigido por Pasqual Maragall como un momento clave para entender el nacimiento del Procés, lo que no deja de ser también una herejía según a quién se pregunte tanto dentro como fuera del independentismo. Pero es en la interesante análisis del carácter de clase y de la economía política subyacente al Procés donde el libro se revela claramente clave para caracterizar un movimiento "poliédrico, diverso y a menudo contradictorio". Un movimiento social que tiene su principal fortaleza en la densidad del tejido civil que lo sustenta; y su principal debilidad en la incapacidad de extenderse más allá de dicho tejido. Y es que es posible que en realidad el Procés no sea un movimiento social -de hecho, como reconoce el propio autor, no responde a los ciclos clásicos de este tipo de fenómeno social, sino que es más bien un movimiento sociopolítico en el que se lo institucional con lo social con fronteras a veces difusas, fuertemente articulado por una cultura político-simbólica. Una realidad desde la que intenta relacionarse con los catalanes y catalanas que no comparten esta codificación a partir de un pacto político instrumental, y de ahí la reivindicación constante de la "nación política" frente al "nacionalismo", sin abrir, con todo, en este intento, el software de la construcción cultural de la nación catalana. Ya sea porque se considera que este código fuente es mejor no ponerlo en primera línea política, o bien porque desde algunos núcleos, cada vez más esencialistas, se considera que es innegociable. Sin embargo, no se puede pretender que lo que para algunos es esencial, la construcción nacional, para otros sea instrumental. El problema no es "ensanchar la base" del movimiento, ni siquiera ofrecer sólo la nación como un pacto de derechos y libertades, sino transformar y discutir cuál es la realidad nacional catalana en toda su extensión.

Porque, en realidad, el libro, desde la constatación de que si el Procés actuó coordinado de 2015 a 2017 y ahora ya no actúa así, intenta salir del callejón sin salida actual. La falta de estrategias conjuntas del independentismo, que lo deja en manos de batallas incomprensibles, lo pone en peligro de quedar atrapado en un debate del pasado, lleno de reproches, y no del futuro. Muñoz intenta liberar al independentismo de la jaula melancólica de los acontecimientos de octubre de 2017, analiza fría y claramente por qué Cataluña no fue independiente y a partir de ahí marca una hoja de ruta. Probablemente la hoja de ruta más clara -mucho más, sin duda, que la famosa hoja de ruta de los 18 meses- que he leído. Sin embargo, sin desvelar aquí su propuesta, me surge una duda. Para él es clave la relación que se establezca entre las dinámicas políticas del Estado y las catalanas. Para mí, sin embargo, estas dinámicas deberían ir mucho más allá de la mera lectura de las correlaciones de fuerzas y las alianzas coyunturales. Como apunta muy bien él, si algo quedó verdaderamente desacreditado en octubre de 2017 fue la estrategia de la desconexión, y en este marco el catalanismo no puede quedar fuera del debate y las propuestas del conjunto de tierras de habla catalana y de la diversidad nacional y territorial del conjunto de España. El debate sobre la España vaciada debería ser en este sentido clave, porque es el que está poniendo contra las cuerdas ahora mismo todo un modelo dominante de construcción territorial y nacional español. El peligro para el independentismo en esto, es que si participa en la transformación del conjunto de España el proyecto de la independencia pueda resultar menos atractivo. El peligro de no hacerlo para el conjunto del soberanismo es que no se alcance el reconocimiento de Cataluña como nación soberana.

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