L’EDITORIAL

Donald Trump o el enemigo de la democracia norteamericana

El mal que ha hecho Donald Trump a la democracia norteamericana, y de rebote a la propia democracia liberal en el mundo, es todavía difícil de calcular, pero el asalto al Capitolio que ayer se retransmitió en directo por televisión avergonzará durante años a millones de ciudadanos norteamericanos orgullosos del que hasta ahora era un sistema democrático sólido y con influencia en el mundo. El legado de la legislatura de Donald Trump es un país enfermo, dividido, airado y con las reglas del juego democrático pisadas, subvertidas, desde la más alta magistratura. Ayer, el todavía presidente de los Estados Unidos animó a los miles de seguidores que había convocado en Washington para apoyarlo a ir al Capitolio para hacer presión e impedir que los representantes de los ciudadanos confirmaran la victoria electoral de Joe Biden. El debate estaba previsto que pudiera durar hasta la madrugada, a pesar de que no había dudas de que se acabaría dando por buena la elección de Joe Biden como nuevo presidente de los Estados Unidos, pero decenas de miles de partidarios de Trump sembraron el caos en el Capitolio, en el que, de manera sorpresiva, consiguieron entrar superando una protección claramente insuficiente y poco habitual cuando hay manifestaciones convocadas. Una turba que gritaba consignas a favor de la presidencia de Trump entró en el edificio del Capitolio de los Estados Unidos, símbolo institucional por excelencia de la representación popular, paró la sesión del Senado, obligó a evacuar al vicepresidente Pence, provocó enfrentamientos con la policía y ocupó la Cámara de Representantes y el despacho de la presidenta, Nancy Pelosi.

El asalto al Capitolio tuvo lugar poco después de un discurso incendiario del presidente todavía en funciones en el que afirmó que no concederá nunca la victoria al presidente electo y en el que cargó una vez más contra la prensa que no publica al dictado. Trump volvió a mentir al hablar de un fraude que solo existe en su estrategia de violentar las reglas del juego y la esencia del sistema democrático. A 14 días de la ceremonia de juramento del cargo por parte del presidente demócrata en la escalinata del Capitolio, Trump envió a las hordas de sus partidarios más radicales a perpetrar un intento más de subvertir los resultados democráticos. Uno más de los muchos que han marcado un mandato monstruoso contra la más mínima decencia de las reglas democráticas, en el que se han confundido el abuso de poder, la vulgaridad, el insulto y el desprecio con una pretendida fortaleza.

Cuando todavía continuaban los disturbios, Joe Biden aprovechó una comparecencia ya prevista para prometer la restauración de los valores democráticos y recordar su fragilidad. Poco después, Trump grabó un mensaje diciendo a sus partidarios, que todavía campaban por el Capitolio, con la sesión suspendida, que se fueran a casa. Ni una palabra de censura, ni una palabra sobre el gobierno de la ley. ¿Por qué? Trump había alentado el caos.

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