Querida Ana Pastor

¿Los hechos? ¿Los hechos sagrados, lo que usted ha visto o no ha visto, tiene que decirlo un juez?

EMPAR MOLINER
EMPAR MOLINER Escriptora

Querida Ana Pastor, le escribo desde un rincón de esta web porque me parece alguien que ama el oficio con una locura que he visto en algunas mujeres, entre ellas Mònica Terribas. Alguien que en la universidad ya quería saberlo todo, ya sabía a quién tenía que escuchar, ya soñaba con cambiar el mundo. Ir un lugar y explicar las cosas: el oficio más antiguo y el más moderno del mundo. En las cavernas ya había periodistas. Gráficos y orales. Si se inventaban los hechos en lugar de explicarlos, pasaban a mi categoría: escritores.

El otro día -y se ha hablado mucho de ello- entrevistó a Roger Torrent. Él le preguntó: "Usted estaba aquí el 3 de octubre. Vio violencia?" La pregunta es en sí misma una constatación. No se la haría si la hubiera habido. Y usted, que seguramente no quería contestar nada que "favoreciera" a los independentistas, dijo: "Eso tendrá que decirlo un juez".

¿Los hechos? ¿Los hechos sagrados, lo que usted ha visto o no ha visto, tiene que decirlo un juez? Entonces ¿para qué están los periodistas? También puede hacerlas un juez, las preguntas. ¿Tiene que decirlo un juez porque así la verdad se reinterpreta? Precisamente los periodistas -los que ironizan con "no dejes que la verdad te estropee un buen titular"- están aquí para cuestionar el poder: y el poder son los jueces. ¿Por qué, si no, hacer caso a Kapuscinski, cuando decía "Sé el primero en llegar y el último en irte", si quien dirá lo que ha pasado es un juez y no un periodista?

Ahora imagine el cuento de Andersen 'El traje nuevo del emperador'. Es en realidad, como todos los cuentos de Andersen, un cuento para adultos. El niño, claro, es el periodista. El niño, a pesar de la presión del régimen, destapa la verdad: "El emperador va desnudo". Y ahora imagínese, imagínese que el niño no dice lo que dijo y hace como usted: "No, no. Si el emperador va desnudo deberá decirlo un juez". Entonces, sus ojos, querida Ana Pastor, ¿de quién son?

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