Es Cataluña, estúpidos

Sánchez pretende equiparar la extrema derecha con el independentismo: se equivoca

De entre todas las trampas, la negación de la realidad es una de las más comunes en política. Lo que durante años se calificó de asunto interno y de soufflé, el dinosaurio en la sala que el PP y el PSOE intentaban tapar, ha acabado con la legislatura y desestabilizado a los partidos españoles. Ocho meses después de facilitar la llegada de Pedro Sánchez en la Moncloa, los independentistas le han abandonado tumbándole la tramitación de los presupuestos generales del Estado. ERC y el PDECat renunciaban así a cualquier capacidad de influencia efectiva en la política española después de que Sánchez decidiera distanciarse de ellos por miedo a negociar entre la furia de la derecha. Sánchez ha comenzado una operación de equidistancia que pretende equiparar la extrema derecha con el independentismo como si fueran populismos con rasgos comunes dispuestos a acabar con el régimen del 78. Se equivoca, y sólo hay que escuchar a la Fiscalía en el juicio a los independentistas. El régimen del 78 se ha hecho el harakiri él solito. España tiene por delante decisiones políticas que marcarán décadas. Básicamente, en las elecciones España tendrá que elegir entre la involución democrática y territorial o el cambio, el progreso y una nueva forma de relación territorial basada en el respeto a la diversidad. El soufflé se ha convertido en lava volcánica. La gran pregunta es si la mayoría de españoles estarán a favor de admitir la realidad -aunque no les guste- o intentarán ahogarla una vez más en la historia.