Peligrosas contradicciones

Atajos, en la complejidad política, no hay

Gaziel concluía que los catalanes no sabemos hacer política y también en eso tenía razón. Cuando Cataluña necesita el liderazgo más fuerte, más inteligente y más valiente, nuestros políticos se enredan en sus propias contradicciones, incapaces de resolverlas. El peor enemigo del soberanismo es la violencia, que no sólo puede desactivar la mayoría ciudadana y electoral, sino que también eliminaría la transversalidad y pondría en riesgo la economía, la imagen del país y cualquier simpatía internacional. Cuando los acontecimientos se aceleran no es momento de dudas y en Cataluña hay que lamentar y denunciar un desbordamiento que si lleva el terreno de juego a la violencia está claro que la partida la ganará el Estado a través de los Mossos y de quien haga falta. La violencia no sólo es un instrumento equivocado sino perdedor y que traiciona el espíritu de los líderes civiles y políticos condenados a largas penas de prisión esta misma semana. ¿A quién le sirve la violencia? A los que desean una simple chispa para aplicar el 155 y arrasar las instituciones y a aquellos que consideran que el caos es un atajo. Atajos, en la complejidad política, no hay. Quizás cuando se den cuenta ya será demasiado tarde para el soberanismo y para el conjunto de la sociedad catalana. Pasan las horas y los silencios son tan interesantes como las palabras.

Més continguts de