Qué fracaso el suyo, Majestad

Una gran parte de Cataluña dejó de respetar al sucesor de la Corona tras el 3 de octubre

Barcelona nunca fue una ciudad de cortesanos, ni de súbditos a la Corona borbónica. La corte que se mueve en Madrid entre ministerios, cuarteles y recepciones reales tiene pocos representantes catalanes, y tampoco han conseguido muchos éxitos. En el fondo siempre son empresarios dudosos por su catalanidad. Sospechosos de no hacer lo suficiente en su adhesión a la Corona o ridiculizados por su vasallaje.

Una gran parte de Cataluña, que en algún momento fue juancarlista, dejó de respetar al sucesor de la Corona borbónica después del 3 de octubre. Felipe VI entró el domingo en el Palau de la Música entre gritos, caceroladas y el Himno de Riego. El himno del Trienio Liberal y las dos Repúblicas, escrito contra el absolutismo de Fernando VII. La situación creada era paradójica, con la inauguración del congreso tecnológico más importante del mundo entre palabras a favor de la colaboración entre administraciones, a favor de la flexibilidad y la capacidad de adaptación empresarial, los emprendedores y de la libertad mental para hacer frente al futuro. Palabras del siglo XXI con primitivismo político del siglo XIX. Afuera, peticiones de libertad para los presos políticos y de retorno de las instituciones, rechazo de una monarquía castrense y cargas policiales de unos Mossos en manos del ministerio del Interior. Felipe VI podía haber sido el rey de la España confederal y lo será del retroceso de la democracia española y la humillación de la mayoría política catalana. Qué fracaso vital y político. Pero no sufra, que nadie de los que le rodean se lo dirá. Todo en orden, Su Majestad.

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