¿Homosexual y ‘pijo’? Imposible!

Si hay algun pijo mariquita está camuflado a través de una boda con alguna chica más bien bobilona

Homosexuales pijos, simplemente, no encontraréis. Ser homosexual y pijo es un oxímoron. Y, si hay algun pijo mariquita, está debidamente camuflado a través de una boda con alguna chica más bien bobilona, de buena y admirada familia, a la que habrá fecundado mientras piensa, como ella -la bobilona-, en Beto, el monitor de tenis musculado y superbronceado del club. De esta unión, y para que quede clara la hombría del pijo, nacerán, como mínimo, seis cachorros a quien la 'nanny' vestirá perfectamente iguales, ellos con calcetines azul marino hasta la rodilla y jersey de punto austríaco, ellas con lazadas en la cabeza que dejan en ridículo a las de la Shirley Temple, y jersey de punto, también austríaco.

Los padres y madres 'exhipsters', que ahora son multitud, es decir, los que hacen 'running' juntos mientras empujan un cochecito de bebé (con el bebé dentro la mayoría de las veces) de diseño nórdico -funda llamativa y suspensión en las cuatro ruedas- , que llevan a los niños al Sónar, a comer a restaurantes japoneses de 150 euros el menú degustación para que así "los chicos vayan conociendo nuevos sabores" y a las manifestaciones independentistas cada vez que sea necesario (por cierto, ¿todavía se hacen?) ... los padres exhipsters, decía, no pueden entender por qué las niñas pijas van con lazadas monumentales y los niños ataviados como si fueran pastorcillos en Innsbruck. Hija, pues muy fácil: cuando tienes seis hijos, no como tú, que tienes dos, y menos mal porque te pusiste a tenerlos a los cuarenta, tienes que vestirles a todos iguales y con algún distintivo que los identifique, para que en Font romeu, en el Reial Club Náutico o en el Turó Parc sólo de un vistazo ya se sepa dónde está cada uno. A los hermanitos pijos se les viste a todos igual.

Muchos años después, en uno de los bancos del final de la iglesia de Sant Ramon de Penyafort (ellos dicen "San Raimundo de Peñafort"), en la rambla de Catalunya ( "rambla de Cataluña"), donde se celebra el funeral de este esposo ejemplar, padre entregado de seis hijos y abogado de éxito, un hombre moreno, de mediana edad y atractivo, que nadie había visto antes, baja la cabeza cuando el sarcófago le pasa a tocar, aprieta los puños y tararea muy bajito, entre leves sollozos, 'I will survive' de Gloria Gaynor: "Es lo que Borja hubiera querido".

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