Ignorancia estratégica en tiempo de pandemia

¿Por qué la gente actúa como si no supiera las consecuencias de su comportamiento?

Paseantes en las Ramblas de Barcelona / MANOLO GARCÍA

Desde el final del estado de alarma y el inicio de la llamada nueva normalidad, el mes de junio pasado, el SARS-CoV-2 ha vuelto a ganar terreno en España. Cuando escribo esto, el número total de casos diagnosticados roza el doble del número de casos con el que comenzó la nueva normalidad. Entonces los casos eran poco más de 246.000. Esto indica una incapacidad aparente de los gobiernos y de algunos segmentos de la población para adoptar las mejores prácticas, a pesar de las recomendaciones médicas que se facilitan actualmente.

A pesar de la preocupante cantidad de nuevos casos, a mediados de agosto unas 2.500 personas se reunieron en la plaza Colón de Madrid para proclamar que la crisis del covid-19 es una "farsa" y una excusa que las administraciones públicas intentan utilizar para "eliminar derechos y libertades". ¿Eran la encarnación de una teoría de la conspiración? ¿Por qué desconfían de las pruebas científicas y médicas y sospechan de la credibilidad de las instituciones estatales? Protestaron enérgicamente y renunciaron a seguir las recomendaciones oficiales de salud y seguridad: no llevaban mascarilla ni mantuvieron la distancia de seguridad.

Pero el preocupante número de casos nuevos, esta vez sobre todo entre los más jóvenes, indica que hay un gran segmento de la población que se resiste activamente a actuar de acuerdo con lo que es de dominio público. Es difícil entender la propagación del virus sin suponer que, en muchas interacciones diarias, muchas personas no toman las precauciones necesarias y ponen en riesgo su salud y la de sus conciudadanos. ¿Por qué la gente actúa como si no supiera las consecuencias de su comportamiento?

Los historiadores y los sociólogos señalan que la ignorancia estratégica sirve para "obtener poder o mantenerlo"

Este fenómeno -comportarnos como si no supiéramos cuál es el efecto de nuestras acciones- no es exclusivo de la pandemia. Cada año viajamos, vamos en coche y consumimos como si nuestros hábitos no formaran parte de las causas del calentamiento global y de la destrucción del medio ambiente. Construimos casas en zonas costeras que pronto quedarán inundadas por el mar. Cada estación, renovamos innecesariamente nuestro vestuario con ropa proveniente de fábricas donde se explota a la mano de obra, ropa hecha por personas que trabajan demasiado a cambio de un salario demasiado bajo. Comemos chocolate elaborado gracias al trabajo infantil. Comemos animales criados y sacrificados de manera inhumana. Pescamos abusivamente, contaminamos y agotamos los recursos vitales de los océanos. En todos estos casos, ignoramos estratégicamente conocimientos de dominio público para poder seguir haciendo lo que estamos acostumbrados a hacer, como nos apetezca y durante tanto tiempo como podamos, sean cuales sean las consecuencias.

Hay una frase hecha portuguesa que dice más o menos: "No sé, no me interesa y me da rabia el que lo sabe" (" Não sei, não me interessa, e tenho raiva de quem sabe"). Esta expresión refleja lo que se ha llamado ignorancia estratégica. Los economistas y los psicólogos suelen referirse a ella como una conducta con que se soslayan hechos inconvenientes o incómodos. Los historiadores y los sociólogos suelen definirla en la línea de Linsey McGoey: "La capacidad de aprovechar las incógnitas en cualquier entorno para obtener poder o mantenerlo". McGoey, profesora de sociología de la Universidad de Essex, argumenta que la ignorancia estratégica sirve "al poder institucional y los actores institucionales para evitar que los hechos inconvenientes sean conocidos o aceptados más ampliamente", y pone como ejemplo las tácticas empresariales de Monsanto y ExxonMobil para negar pruebas de daños ambientales. Y la industria del tabaco negó durante décadas que fumar provocara cáncer. Merchants of doubt, libro de Naomi Oreskes y Erik Conway, cuenta la historia de campañas efectivas para negar conocimientos científicos sólidamente establecidos.

La trampa que estas empresas ponen al público es muy eficaz: cuanto dudamos de la evidencia de que nuestro comportamiento tiene consecuencias nocivas, tenemos una excusa para no revisar lo que pensamos o cambiar nuestras acciones. Y todos ignoramos estratégicamente algo, como la muerte, hasta cierto punto.

Pero hay gente que va más allá. No sólo continúan actuando sin tener en cuenta conocimientos de dominio público. Algunas personas hacen campañas activas contra pruebas y recomendaciones sólidamente establecidas. No todos los que ignoramos estratégicamente las verdades incómodas nos atreveríamos a negar públicamente la ciencia, las instituciones y las autoridades. Quizás esto nos indica que aquí no se trata de conocimientos científicos o médicos. Quizás estos manifestantes quieren aprovechar las dudas "para obtener poder o mantenerlo".