Inteligencia presupuestaria

El Estado vive con presupuestos que se aprobaron en otoño de 2017 con Rajoy y Montoro en el gobierno

XAVIER BERTRAL

Estamos en pleno debate, en el Congreso de los Diputados, sobre si se admite a trámite o se devuelve al gobierno de Pedro Sánchez el proyecto de presupuestos generales del Estado (PGE) para el año 2021. Recordemos que no hubo PGE para el 2020, y que el proyecto para el 2019 fue tumbado en el Congreso el 13 de febrero de 2019. Esto significa que el Estado vive con presupuestos prorrogados desde el 2018, unos presupuestos que se aprobaron en otoño de 2017 con el gobierno de Rajoy y Montoro en el ministerio de Hacienda. Dicho de otro modo, esos últimos PGE de Montoro han sobrevivido tres años. Fue sorprendente que la mayoría que desplazó a Rajoy de la presidencia del gobierno del Estado no fuera capaz de acordar unos PGE, que son la herramienta de gestión más importante al alcance de una mayoría parlamentaria.

Los PGE se pueden ver de dos maneras contrapuestas: como un pacto de principios políticos o como un pacto de intereses. Desde Catalunya, especialmente desde los partidos de obediencia exclusivamente catalana, se tienden a ver como un pacto de principios políticos en lugar de como un pacto de intereses. Es lo contrario de lo que hacen los partidos vascos, que distinguen escrupulosamente principios e intereses. En Catalunya, anteponer los intereses está mal visto. Esto significa que hace tiempo que muchos ciudadanos no votan a quienes caen en el pecado del “ peix al cove” o algo que se le parezca. Es así desde el otoño de 2010, cuando CiU se negó a negociar los PGE con Rodríguez Zapatero para poder llegar limpia de este estigma (“intereses en lugar de principios”) a las elecciones en el Parlament de Catalunya de noviembre de 2010. La cosecha de resultados que obtuvo el PNB en aquella negociación fue memorable. El PNB sabe hacer esto incluso estando en la oposición en el País Vasco. 

En cuanto a los presupuestos del Estado, los catalanes hacen lo contrario que los partidos vascos, que distinguen escrupulosamente principios e intereses

¿Por qué tenemos que considerar que unos PGE son un asunto de principios? Me lo han explicado muchas veces pero todavía no lo he entendido. Puede ser pánico a la opinión del electorado. Miedo a parecer traidor. Miedo a un tuit como el aciago de las cien cincuenta y cinco monedas de plata. Nos tenemos que deshacer de la visión siempre esencialista de los presupuestos. Los presupuestos son previsión y priorización de asignación de recursos públicos. Se puede apoyar unos presupuestos independientemente de si hay coincidencia en los principios, o no.  

En febrero de 2019 ERC y el PDECat votaron en contra de la tramitación de los PGE. No quisieron ni verlos, ni condicionarlos. Estábamos en pleno proceso judicial a los líderes políticos que garantizaron la celebración del referéndum del 1 de octubre de 2017 y se creyó que no se podían votar los PGE por principios. Aunque el proceso judicial correspondiera a un poder del Estado diferente, no se quiso dar una oportunidad a unos PGE que deben de haber sido los más influidos por Podemos y los comunes que jamás podremos ver. Eran unos buenos presupuestos, todavía más después de muchos años de PGE del PP. Preveían inversiones abundantes y muy necesarias para Catalunya e incrementaban bastante todo el gasto social. Había motivos poderosos para aprobarlos. El activismo de Pablo Iglesias, que lo llevó a negociar directamente con el president Puigdemont, en el exilio, y con el vicepresidente Junqueras, en la prisión, demostraba hasta qué punto Podemos y los comunes estaban implicados. La falta de gestos de Pedro Sánchez demostraba hasta qué punto no le importaba que le tumbaran los PGE y las ganas que tenía de encontrar una buena excusa para ir a elecciones anticipadas. El voto negativo de ERC y el PDECat fue de una miopía clamorosa e hizo daño al propio país y al propio electorado.  

El resultado de las elecciones anticipadas de abril de 2019 fue un desastre para los partidos independentistas catalanes. Dejaron de ser decisivos en el Congreso de los Diputados mientras que Ciudadanos pasó a serlo. Albert Rivera desaprovechó su oportunidad, y Pedro Sánchez también. La suerte quiso que en las nuevas elecciones anticipadas, las de noviembre de 2019, Ciudadanos dejara de ser decisivo, Podemos- comunes siguiera siendo indispensable y ERC y Junts per Catalunya volvieran a ser necesarios. Pero no hemos podido disfrutar de algunas de las mejoras que representaban aquellos PGE de febrero de 2019.  

¿Tenemos que caer ahora en el mismo error? La negociación de unos PGE es idónea para conseguir recursos. Ahora nos faltan por todos lados. No hace falta ni poner ejemplos porque los tenemos muy presentes: autónomos, pymes, turismo, cultura, restauración, etc. Si las fuerzas que apoyan el actual gobierno de la Generalitat fracasan en la gestión ordinaria en Catalunya y fracasan en la gestión de los intereses materiales de los catalanes ahí donde pueden influir, como es en los PGE, ¿qué discurso les quedará que pueda ser electoralmente convincente? ¿Solo el de los principios? ¿Convencerán a alguien que no lo esté previamente? ¿Movilizarán a los convencidos que necesitan urgentemente apoyo económico? ¿Cómo se presentarán ante sus posibles electores?

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