RADIOGRAFÍA ECONÓMICA AL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS (2)

La falacia de la redistribución ricos-pobres

Hoy 10 comunidades autónomas están por debajo de la media; ¡en 1980 eran 7!

En el primer artículo de esta serie desmontábamos el argumento de la supuesta descentralización del estado de las autonomías. En este segundo artículo veremos que, además de ser muy relativa, esta descentralización es altamente asimétrica, dado el diferente volumen de recursos que gestionan las comunidades en relación a su PIB. Estas diferencias son el resultado de ignorar la generación de riqueza a la hora de definir la financiación autonómica, que se establece básicamente fijando unos niveles de servicios públicos similares en todas las autonomías. Por lo tanto, cuanto menos PIB, más recursos, y viceversa. Así se ve en el primer gráfico que ilustra este artículo, con datos del ministerio de Economía de 2015.

El primer resultado de esta asimetría es que, incluso distribuyendo el presupuesto de idéntica manera, el nivel de gasto (en porcentaje del PIB) será más pequeño en las comunidades que tienen menos ingresos/PIB. En el caso de Cataluña, esto explica que lidere por debajo los ‘rankings’ de gasto público en sanidad, educación, protección social, vivienda... El segundo resultado es que estas comunidades se ven obligadas a endeudarse más o a que haya más contribución privada de sus ciudadanos en la financiación de los servicios públicos. Si tomamos de ejemplo la educación, mientras que en las comunidades receptoras de transferencias fiscales es 100% pública, en Cataluña tenemos que añadir un 25% de financiación privada a través de los conciertos.

Transferencias entre pobres

De hecho, las transferencias fiscales entre comunidades no lo son nunca entre ricos y pobres, como se arguye para justificarlas, sino entre los beneficiarios del gasto público de una región hacia los de otra. Por tanto, no es dinero que va de los ricos a los pobres, sino entre las clases trabajadoras de las diferentes comunidades.

¿De cuánto dinero estamos hablando? Cataluña tiene un déficit fiscal equivalente al 8% de su PIB. De este dinero, menos de la mitad (alrededor del 3% del PIB) se envía a otras comunidades autónomas. El resto, un 5%, es el déficit fiscal con el Estado y se destina a financiar el modelo centralizado que describíamos en el primer artículo; por tanto, para financiar los sueldos de altos funcionarios del Estado y los contratistas de obras. En este segundo caso, por tanto, no es en absoluto una redistribución de ricos a pobres sino más bien al contrario.

No parece, por tanto, que las transferencias interregionales se puedan defender por criterios de equidad. Y lo que seguramente es peor: tampoco por criterios de eficiencia entendida como capacidad para reducir las disparidades.

Para comprobarlo basta ver la evolución del PIB per cápita entre 1980, cuando arrancaba el actual modelo autonómico, y el 2016, el último con datos disponibles. De las 17 comunidades, hay seis que apenas han visto modificada su posición relativa, independientemente de que sean donantes o receptoras de transferencias fiscales. Se trata de Andalucía (que en este periodo ha pasado de tener una renta per cápita equivalente al 74% de la media al 73,6%), Asturias (del 90% al 87%), Castilla y León (del 92% al 94,5%), Cataluña (del 120% al 119%), Navarra (que no se ha movido del 124%) y Euskadi (que ha pasado del 130% al 133%). Como se ve, están casi igual que en 1980.

En cuanto a las 11 comunidades que sí han vivido cambios significativos, Madrid destaca por su colosal mejora, en coherencia con lo que vimos en el artículo anterior, y ha pasado de tener un PIB per cápita equivalente al 113% de la media a un 136,5%, con lo cual se ha puesto muy por delante de todas las comunidades. Con ganancias mucho más modestas encontramos a Aragón (103% -109%), Galicia (83% -89%) y Extremadura (59%-68%), en los tres casos con pérdida de peso demográfico. Por el contrario, han empeorado La Rioja (112% -107%), Cantabria (103% -90%), Baleares (114%-104%), País Valenciano (101%-90%), Canarias (98%-83%), Castilla-la Mancha (83%-77%) y Murcia (100%-81%); las cuatro últimas con ganancia de peso demográfico.

La disparidad aumenta

Así como vemos una alta correlación inversa entre la evolución del PIB per cápita y la demografía, no hay ninguna correlación con el hecho de que una comunidad sea receptora o donante de transferencias interregionales. De hecho, la disparidad entre comunidades ha aumentado, en lugar de reducirse, a pesar de los cerca de 40 años de transferencias fiscales entre comunidades. Hoy 10 autonomías están por debajo de la media, ¡mientras que en 1980 eran 7!

En los siguientes dos artículos analizaremos por qué Cataluña ha podido mantener su peso económico, a pesar de sufrir un déficit fiscal recurrente, y por qué no lo han mejorado aquellas comunidades con superávit fiscal permanente. Dos fenómenos que certifican el más absoluto fracaso de la política española de redistribución y convergencia económica regional.

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