La revuelta de las 'kellys'

Las coacciones no las han parado a las 'kellys': se han organizado, han hecho huelga, han protestado

Ha habido, sobre todo en los últimos diez años, un trabajo tenaz y meticuloso de anulación de dichas clases trabajadoras, o populares, como tales clases. Es un proyecto que tiene la autoría intelectual de los poderes económicos y empresariales, y la ejecución a cargo de varios brazos políticos, aunque destacan con luz propia los gobiernos de España presididos por Mariano Rajoy. La reforma laboral de 2012, la Lomce o 'ley Wert' del 2013, la reforma fiscal de 2014 o la ley de seguridad ciudadana, más conocida como 'ley mordaza', de 2015 configuran un entramado legislativo que persigue, como es obvio, varios objetivos, pero uno de los principales es el que estamos comentando. Unas clases trabajadoras sometidas a unas condiciones laborales de extrema precariedad (según la receta tradicional de 'Lentejas: el tomas o el dejas'), con pocas o nulas expectativas de mejora, poco y mal educadas en la escuela y con escasas posibilidades (ni siquiera aspiraciones) de acceder a estudios superiores, recientemente deseducadas e intensamente desinformadas a través de las redes sociales y de unas televisiones deliberadamente infames,  políticamente desactivadas y desmovilizadas, ya sea por el miedo o por la falta total de interés (y de capacidad de comprensión) de los asuntos de la vida pública. Todo esto se ha hecho expresamente, y hay que decir que han tenido suficiente éxito. La gente, si les das palos en sobre las costillas y pequeñas zanahorias (pero no muchas ni muy sabrosas) para ir tirando, se vuelve mayoritariamente dócil y fácil de llevar hacia donde convenga.

Las 'kellys' han puesto en evidencia los abusos de la industria turística. Que no es poco

Por eso son tan importantes movimientos como los de las 'kellys', el apodo o nombre de guerra que se han puesto a sí mismas las camareras de hotel, representativas como pocas de los excesos del sistema propiciados por leyes como las mencionadas. Las huelgas y las concentraciones que las 'kellys' han protagonizado este fin de semana pueden parecer pequeñas según se mire, pero son muy valiosas, y más teniendo en cuenta las amenazas de quedarse en la calle que habían recibido en caso de que se les ocurriera movilizarse (las amenazas, quede claro, no proceden nunca directamente del amo, sino de otro empleado que encuentra un placer especialmente gratificante en el hecho de mandar un poco, también a cambio de cuatro duros: es la condición humana). Las coacciones no las han parado y se han organizado, han buscado cobertura sindical, han hecho huelga, han protestado y han puesto en evidencia los abusos de la industria turística. Que no es poco, moleste a quien moleste. Idealizarlas y hacer discursos cargados de citas de los pensadores de cabecera, como hace buena parte de la izquierda, es tan inútil o contraproducente como reírse de ellas, como hace buena parte de la derecha. Y bueno, merece la pena recordar que el maestro Josep M. Benet i Jornet tiene una obra de teatro, 'Revuelta de brujas', con una historia que hace pensar mucho en la de las 'kellys' y que volvió a representarse hace sólo un par de temporadas en el teatro Lliure de Barcelona, porque el tema es tan vigente como cuando fue escrita.

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