Lágrimas falsas para minar la moral de un preso político

Jordi Turull y familiares de los encarcelados piden que el apoyo "no se apague como una vela"

SÍLVIA BARROSO
SÍLVIA BARROSO

"En la cárcel todo el mundo engaña a todo el mundo". Jordi Turull habla de mentiras piadosas. Quiere decir que cuando estás en la cárcel y te visita la familia simulas que estás bien para que no sufran. Y ellos hacen de tripas corazón para que no sufra el preso. Es un juego de engaños para mantenerse justo en el umbral de dolor. "En realidad no sabes qué piensan ellos y ellos no saben qué se te pasa por la cabeza a ti", sintetiza el diputado y conseller destituido por el 155. Describe una estrategia que se desmonta cuando un elemento externo interviene. Y esto ocurrió en Estremera. Como si tuviera el perfecto manual para minar la moral de un preso político, un funcionario del centro penitenciario puso el dedo en la llaga. El primer fin de semana que la mujer y la hija de Turull pudieron visitar al conseller que se estrenaba como recluso, los tres hicieron un esfuerzo para poner buena cara. Pasaron los 40 minutos y él volvía a la celda con cierta tranquilidad. Hasta que lo interceptó el funcionario. ¿Cómo las has visto?", le preguntó con aparente calidez. "Bastante bien", respondió él. "Pues tú las has visto bien, pero antes lloraban", replicó el carcelero. Y todo se derrumbó. "Pasé 24 horas, hasta que pude llamar a casa, pensando que había pasado algo grave en la familia y que me lo escondían. Y luego supe que era mentira, que no habían llorado", recuerda Turull.

El diputado explica este episodio en un acto de apoyo a los presos políticos organizado por la Federació Nacional d’Estudiants de Catalunya (FNEC) en el auditorio del campus de la UPF en Poblenou. A su lado, su hija Laura diciendo, escandalizada: "¡Era mentira, era mentira!".

La fuerza de ACDC para "hacer ruido"

Los Turull están en una mesa con otros hijos, parejas y sobrinos de los presos, exiliados e imputados (en libertad provisional) del Procés. Modera la mesa Empar Moliner, que ha pasado muchas horas hablando con las familias y acompañando a algunas a la cárcel. A pesar de sus horas de vuelo, no tiene suficiente piel muerta para encajar estas historias.

Los Turull, la pareja y la hermana de Toni Comín, el hijo de Meritxell Borràs, el sobrino de Jordi Cuixart, el hijo de Jordi Sànchez y una hija y la mujer de Joaquim Forn están en la sala con un único objetivo: que el apoyo a los presos "no se apague como una vela". Laura Masvidal, mujer del conseller de Interior destituido y aún en prisión, y Betona Comín han presentado l’Associació Catalana de Defensa dels Drets Civils (ACDC). "Ei-ci-di-ci", pronuncia Masvidal. Y añade con media sonrisa: "Queremos hacer mucho ruido".

Pol Leiva, sobrino de Cuixart, lleva una camiseta con la inscripción "Llibertat presos polítics", a pesar de que el 20 de septiembre funesto que llevó a su tío a la cárcel su padre le llamó y le dijo: "Pol, no te metas en follones". Independentista de padre castellanohablante, reivindica a Paco Candel y pide que se combata el discurso que habla de fractura social por culpa del Procés: "Dividen más el Barça y el Madrid", dice. Y Moliner asiente con la cabeza.

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