Las elecciones que vendrán

Imaginemos que antes del 11 de agosto y después de la asamblea fundacional del nuevo movimiento de Puigdemont se convocan elecciones en Catalunya. El 17 de septiembre el presidente Torra recibiría del Tribunal Supremo la resolución final de su recurso contra la inhabilitación y, en el discurso final de su presidencia, denunciaría la inquina del Estado y subrayaría la necesidad de dar un paso más hacia la independencia. El 18 de septiembre, justo el día siguiente, empezaría la campaña electoral en Catalunya. Siguiendo esta lógica, el 4 de octubre sería, por ejemplo, una buena fecha para convocar la votación, en medio de los aniversarios del 1 y el 3 de octubre. Entonces los catalanes, otra vez llamados a las urnas, decidirían...

Esto es tan solo imaginación, no sabemos si las elecciones serán en octubre, en enero o en cualquier otro momento. Puede ser que el covid tenga más cosas que decir que el mismo presidente y que el aplazamiento de unas elecciones que se podían haber hecho en julio acabe teniendo costes muy altos para los partidos independentistas. Aun así, sí que parece claro cuáles serán los grandes debates que plantearán estas futuras elecciones. El de fondo estará marcado por una sociedad en la que el impacto de la crisis económica tendrá un dramático correlato social que hará que los reagrupamientos de clase se conviertan en centrales para darle respuesta. Pero habrá otros debates. Probablemente habrá la voluntad de volver a presentar estas elecciones como plebiscitarias, para ver si esta vez se supera el 50% de votos independentistas (cosa que dudo que pase en estas elecciones, pero que no es nada descartable en un futuro, cuando se deje de utilizar una lógica plebiscitaria). Las fuerzas del campo independentista que se esfuercen en atribuir efectos plebiscitarios decisivos a estas elecciones no estarán solas. Una parte de los partidos no independentistas comprarán también este marco para movilizar una parte del electorado. A un servidor, cada vez que imagina estas elecciones, le viene a la cabeza la película Los inmortales, con la música de las tierras altas de Escocia de fondo y la frase de Connor MacLeod del clan de los MacLeod: “Solo puede quedar uno”. Y es que en estas elecciones en realidad se dilucidará el combate final de una lucha más o menos sepultada que parece no tener fin -y a veces tampoco finalidad- en el campo del independentismo político para saber quién lo lidera definitivamente. Una lucha en la cual, aun así, para los electores solo hay una pregunta relevante, viniendo, además, de donde venimos: ¿qué gobierno quieren los catalanes y las catalanas para el futuro? Una pregunta que parece que solo pueda tener dos respuestas.

La primera es un gobierno en que el combate de los inmortales siga (ciertamente, aunque la primera película de los Immortals parecía haber resuelto la cuestión después vinieron tres más y una serie de televisión de inferior calidad): un nuevo gobierno de JxCat y ERC. Lo que el conjunto de los catalanes y las catalanas se tienen que preguntar es si este es el mejor gobierno posible. Se lo tienen que preguntar incluso los independentistas. ¿Quieren seguir con este gobierno? ¿Qué aporta? Es evidente que en esta legislatura este gobierno ha tenido profundas divisiones internas que lo han bloqueado y que el agotamiento de los dos actores, cuando no la animosidad más lacerante entre ellos, a la hora de compartir barco ha llegado a límites insostenibles con acusaciones mutuas durísimas. No ha sido un gobierno que haya sacado Catalunya del bloqueo -ciertamente, no era fácil-, pero tampoco ha sido un gobierno que haya conseguido hacer avanzar el independentismo (sea por la vía que sea). ¿La mejor propuesta es continuar juntos? Para JxCat (o como se acabe denominando) parece que no hay alternativa a seguir el camino ya transitado, difícilmente pueden establecer otras posibles alianzas (aunque en la Diputació de Barcelona sí que han conseguido hacerlo con el PSC). Pero si la respuesta a si vale la pena seguir con este tipo de gobierno es negativa, es decir, si ERC y JxCat no suman, ¿cuál es la alternativa?

No puede ser el tripartito clásico, aunque probablemente los comunes lo defenderán y JxCat lo alimentará afirmando que es lo que en realidad quiere ERC para erosionarlos. Difícilmente habrá, por ahora, un gobierno de la Generalitat compartido entre ERC y el PSC. Ante esta realidad probablemente pueden emerger otras fórmulas. Es posible, por ejemplo, que Esquerra proponga un tripartito con comunes y JxCat, una propuesta que será descartada por los mismos actores. Y a partir de allí, quemada esta carta, se abriría un baile de combinaciones.

Entramos de nuevo en el campo de la imaginación (im)posible. El Procés, tal como lo hemos conocido y también con las mil nuevas propuestas que se harán en las elecciones, se ha agotado. El anhelo de soberanía e independencia no, pero el Procés sí. Ahora mismo no hay hoja de ruta, aunque la presunción de que la habrá se pueda usar para legitimar una forma específica de poder político. ¿Hay algún otro proyecto político posible que integre a la vez los anhelos que dieron forma al Procés y suponga mirar adelante y construir nuevas esperanzas y realidades en medio de una crisis social, económica y sistémica? En el campo de la imaginación sí. Un gobierno republicano que reúna a Esquerra, los comunes y los cupaires. Sería el gobierno claramente más escorado a la izquierda de todo Europa, en un momento clave de los reagrupamientos de clase. Sería, a la vez, el gobierno con mejor disposición no solo para resistir en términos sociales a la crisis sino también para explorar cambios profundos e ir más allá de la afirmación de las soberanías. Sería también finalmente el que reuniría más influencia política también en el Estado y permitiría nuevas mayorías sólidas en Catalunya. ¿Alguien lo defenderá en este combate electoral que se acerca? Muy probablemente no. Es más, los actores implicados a buen seguro tienen buenos motivos para no hacerlo. En realidad todo esto es imaginación. Hará falta, aun así, pensar si nos hace falta poder imaginar futuros diferentes o seguir por el camino ya conocido hasta el agotamiento.

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