No podemos caer en la trampa del relajamiento

La desaceleración de la propagación del virus muestra el camino a seguir

Después de muchas semanas de mensajes alarmantes y pesimistas, este lunes las autoridades sanitarias catalanas han querido dar argumentos para la esperanza. El indicador que marca la velocidad de transmisión del virus, la tasa de contagio, ha pasado de 1,62 a 1,12 en los últimos días. El primer objetivo es bajarla por debajo del 1, porque esto querrá decir que cada infectado solo contagia una persona o menos de una. Si la tendencia se mantiene, en los próximos días esta rebaja se tendría que trasladar al resto de indicadores, como por ejemplo la incidencia acumulada.

Pero hay que tener claro que esto todavía no ha pasado. La incidencia acumulada continúa subiendo y se sitúa en los 780 infectados por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días, y la presión sobre la primaria, los hospitales y las UCI no para de aumentar. Los próximos días y semanas serán muy difíciles y el sistema sanitario será puesto a prueba una vez más, por lo que no se puede aflojar y hay que ser responsables y actuar con sentido de la colectividad.

El mensaje que hay que transmitir es que las medidas que se han tomado en las últimas semanas, especialmente traumáticas para el sector de la restauración, empiezan a tener efecto. Pero tan solo estamos iniciando la carrera por doblegar la curva. Los sacrificios, como por ejemplo el autoconfinamiento y la reducción forzada de la interacción social, sirven para reducir la circulación del virus. Ya lo vimos en la primera oleada y lo veremos en esta, a pesar de que algunos estudios apuntan que el covid-19 es ahora más contagioso que en el mes de marzo. 

Es evidente que hay motivos para el descontento y el malestar con la gestión política de la pandemia, pero la primera prioridad ahora mismo tiene que ser evitar el colapso sanitario y salvar el máximo de vidas. Y la mayoría de epidemiólogos coinciden que, hasta que llegue la vacuna, las medidas más efectivas son, además de la mascarilla y la higiene, las que reducen la movilidad porque somos nosotros mismos los que actuamos como transmisores del virus.

El objetivo declarado de las autoridades es evitar, tanto como sea posible, una medida como la del confinamiento domiciliario, que tiene unas consecuencias catastróficas para la economía, tal como se ha visto, y también para el estado emocional general de la población. Pero no está claro que se pueda conseguir este objetivo, sobre todo después de ver lo que está pasando en Gran Bretaña, Francia, Italia o incluso Alemania, donde la segunda oleada está empujando los gobiernos a tomar medidas drásticas a gran velocidad.

Con este panorama será mejor estar preparados para todos los escenarios y no caer en la trampa del relajamiento. Hay que tener claro que si el confinamiento total se evita, será a expensas de grandes sacrificios y después de haber tensionado mucho el sistema sanitario. Pero a nadie se le escapa que si llega habrá sido un fracaso colectivo, de gestión de la pandemia, pero también de la sociedad, porque no se podrá decir que no estábamos avisados.

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